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BARRACA Y TANGANA

Así no se puede

Vivimos como juegan los equipos directos. A menudo directos a ninguna parte

Enrique Ballester

Patada a seguir en el Real Sociedad-Leganés.

Patada a seguir en el Real Sociedad-Leganés. / JUAN HERRERO (EFE)

Envejecer es vivir con la sensación continua de tener algo que hacer, algo pendiente. Prefiero otra sensación: cuando llegas tarde a un sitio pero vas totalmente tranquilo porque sabes que tus amigos llegarán todavía más tarde. Cuando quedas a las siete y te metes en la ducha a las siete y aún así sabes que llegarás el primero siempre. Agradezco la impuntualidad ajena, la agradezco cada vez más porque ya casi no tengo tiempo para aburrirme, y el aburrimiento era un pilar básico de mi vida: aburrirme, ir en pijama y jugar al Football Manager. Pero ahora me ha atrapado eso que llaman vida adulta y necesito que mis amigos lleguen tarde para olvidar que tengo cosas que hacer, cosas pendientes, y poder aburrirme, porque es en esos momentos de esperar a los impuntuales cuando surgen las ideas y las ocurrencias, cuando uno tiene tiempo para detenerse.

Vivimos como juegan los equipos directos. A menudo directos a ninguna parte.

La Liga, en ese sentido, este año no colabora. Tanto pedir igualdad y ahora no la veo clara. Antes el Barça iba a jugar a Granada, por ejemplo, y a la media hora había marcado tres goles y al descanso cinco o seis, y podías organizarte con calma entonces. Desconectabas la mente y repasabas la agenda, ordenabas la vida y las tareas, solventabas cuentas pendientes. Podías aburrirte, podías pensar en tus movidas. Pero ahora todos compiten contra todos, ahora cualquiera puede ganarle a cualquiera, ahora la Liga es máxima emoción y así no se puede.

El fútbol contemporáneo no deja respirar. Como hincha irremediable, como yonqui de partidos y competiciones, a veces fantaseo con una vida aparte, como Cecilio G cuando salió de la cárcel. "Me gustaría vivir algo normal", confesó el rapero en este periódico durante una entrevista fascinante. "No sé, un viaje a Andorra, ir a... ir a Berlín ¿no?, ir a comer a una brasería los domingos ¿sabes?, hacer estas cosas que yo no puedo hacer porque, joder, es que ahora te meten preso, es que ahora te estás peleando con este por internet... pues hasta los cojones, tío, la verdad", dijo. Ahora si no hay Liga hay Copa, y si no Champions, selecciones o lo que sea que toca. Como Cecilio, tío, al menos a ratos, hasta los cojones.

Ingenuidad a salvo

Pero solo a ratos porque, sin embargo y temporada tras temporada, no salimos del bucle. Hace un siglo y en su dietario madrileño, Josep Pla escribió que la tradición, y cualquier movimiento que no tuviera constantemente la ingenuidad activa de ilusionarse, tendría muy poco porvenir. Justo por eso el fútbol, que ya es tradición, es de presente fértil y futuro inagotable. Primero porque te espera por mucho que renuncies a veces, porque sabe que al final siempre vuelves. Y sobre todo porque crecer mancha, pero la ingenuidad y la ilusión las dejamos a salvo en el fútbol, protegidas y al margen, nos las guarda nuestro equipo sea pequeño o grande. Y aunque uno se sienta sucio sin saber por qué, aunque uno se vaya ensuciando por el tiempo sin culpa alguna, sin hacer nada, cada jornada es aún demasiado tentadora, y cada partido es una ventana abierta a la posibilidad de lo memorable.  

Temas: Fútbol