06 ago 2020

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UNA DE LAS GRANDES PIONERAS

Blanca Fernández Ochoa, la 'liebre' que anticipó los éxitos de las 'guerreras'

"Mis amigos me llaman heroína porque mito, lo que se dice mito, solo fue mi hermano Paquito", reconocía la medallista de Albertville-92

Blanca defendía que todo lo que logró en la vida fue a base de mucho esfuerzo y sacrificio "pues a las mujeres todo nos cuesta mucho más"

Emilio Pérez de Rozas

Blanca Fernández Ochoa contempla, en el 2014, una imagen suya de joven esquiando con el equipo olímpico español.

Blanca Fernández Ochoa contempla, en el 2014, una imagen suya de joven esquiando con el equipo olímpico español. / ARCHIVO EFE / BALLESTEROS

“Simplemente, esta chica, esta gran mujer, esta enorme madre, no ha tenido suerte. Y punto. No ha tenido suerte y eso que se lo merecía todo por lo enorme que fue, partiendo desde muy abajo, por lo maravillosa que fue con toda su gente y, sobre todo, por lo mucho que luchó, siendo mujer, como decía ella, para sobrevivir, para ser campeona, para ser la mejor madre del mundo y para hacer feliz a todos los que le rodeaban, pues ella ha sido muy, muy, querida. Pero, insisto, sin suerte”.

Quien así habla prefiere mantenerse en el anonimato, pero es una de las personas que más y mejor conocía a Blanca Fernández Ochoa, entre otras razones porque fue uno de los mejores amigos, personales, de su hermano Paquito. “Es verdad que, en los últimos tiempos, ha vivido una fuerte depresión e, incluso, llegó a estar internada, pero todos creíamos que saldría adelante porque era fuerte y porque estábamos convencidos de que notaría el cariño y apoyo de todos los suyos, pero…”

Su vida después de la gloria 

La sensación de que Blanca se había convertido en una desaparecida la tenían, al parecer, todos los suyos, pero en ningún momento pensaron que ocurría “nada más”. Es decir, eran muchos los que pensaban que se trataba de un episodio más de su depresión, desencanto o tristeza y que había cogido el coche y se había ido. Pero que volvería, que solo era algo temporal. Doloroso, preocupantes, ¡claro que sí!, porque no sabían de ella. Tal vez por ello, su hija Olivia tardó algunos días en comentar su desaparición. Tal vez.

Blanca disfrutaba ahora de sus hijos y trataba de salir adelante con diversos trabajos esporádicos que le permitían llevar una vida modesta, después de superar dos divorcios e intentar mentalizarse de que los tiempos de gloria hacia ya mucho que habían pasado. “A lo que realmente me dedico”, explicó, el pasado año, en ‘Marca’, “y, además, me divierto muchísimo, es a la micro- estimulación. Soy entrenadora personal, yo y mis cuatro hermanos. Nos lo pasamos genial, porque conocemos a gente maravillosa. Gente que tiene objetivos. Sus retos son los míos. De alguna forma, esto me engancha. Después de una medalla, qué otro objetivo puedo tener... ninguno. ¡Es fantástico!”

La mítica Blanca Fernández Ochoa con su no menos mítica medalla de Albertville. / ARCHIVO ANTONIO CAMPAÑA

Blanca se negaba a ser considerada un mito (“mito, si acaso, fue mi hermano Paquito, ¡ése sí fue un mito!”), pero le encantaba que sus amigos más íntimos siguiesen llamándola "heroína". Ella, contó hace un par de años en una entrevista en publico.es, se consideraba, eso sí, la "liebre” del deporte femenino español. “Es decir, ese bronce mío en eslalon, en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1992, en Albertville (Francia), abrió la parrilla de salida de la medallas femeninas en nuestro país”. En ese sentido sí creía haber puesto la primera piedra, del mismo modo que el oro en eslalon especial, 20 años antes (1972, en Sapporo, Japón) de su hermano Paquito provocó un boom impresionante de autoestima en el deporte español.

Galardones y más galardones

Nacida en Madrid el 22 de abril de 1963, Blanca era madre de dos hijos, Olivia Fresneda (la que presentó la denuncia de su desaparición), que es jugadora de rugby e intenta ser olímpica en los próximos JJOO de Tokio, y de David Fresneda, otro gran deportista y también jugador de rugby. Durante su carrera deportiva, junto a la medalla de Albertville, ganó cuatro pruebas de la Copa del Mundo. Ni que decir tiene que Blanca era poseedora de múltiples galardones del Consejo Superior de Deportes: en 1983 y 1988 recibió el premio Reina Sofía a la mejor deportista nacional y, en 1981, ya había sido premiada con el Joaquín Blume para deportistas menores de 22 años. En diciembre de 1994, le fue concedida la Medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo. En 1991 se casó con su entrenador, el italiano Daniele Fioretto, divorciándose tres años después. De su posterior unión con David Fresneda, dueño de una escuela de buceo en Murcia, nacieron sus hijos Olivia y David, ambos enamorados y practicantes de élite de rugby.

Blanca, además de defender por encima de todo a la mujer y recordar, con cariño, con mucho cariño, que su hermano Paquito lo había tenido, en ese sentido, mucho más fácil, siempre se mostró orgullosa (punto que destacan todos sus conocidos y amigos) de su perseverancia, de ahí que no cesase de reconocer que todo lo suyo era fruto del trabajo, casi excesivo.

Blanca Fernández Ochoa, junto a su hermano Paquito. / ARCHIVO EL PERIÓDICO de catalunya

En ese sentido, la campeona de esquí solía reconocer que ella nunca tuvo el talento de su hermano Paquito “pero llegué hasta donde me lo propuse. ¿Por qué? Porque me machacaba mucho e insistía hasta donde hiciese falta. Tuvo que ser eso, sin duda”. Y era entonces cuando contaba que, a los 11 años, ella apenas sabía esquiar. Tras la medalla conquistada por Paquito, decidieron hacer unas pruebas físicas para saber si tenía o no su genética. “Y resultó que sí, que los tenía”.

Fue entonces cuando la enviaron a estudiar y entrenarse al Vall d’Aran, donde permaneció interna.“Estudiaba y esquiaba al mismo tiempo, pero lo que no olvidaré nunca son los comentarios que tuve que escuchar, 'esta es la enchufada', 'la hermana de Paquito'...., mil cosas que me espolearon para siempre y que me obligaron a ir a por todas. Luego, demostré que yo no era la enchufada de nadie”.

Las mujeres siempre luchan

Enchufada y mujer, debía pensar entonces Blanca, que últimamente no desaprovechaba la ocasión para reivindicar las dificultades que tienen las chicas de hoy en día para compatibilizar trabajo, estudios, deporte, familia…”Llevamos toda la vida demostrando que valemos tanto para un roto que para un descosido y no se nos caen los anillos por reconocerlo y por demostrar que, en algunos casos, tenemos valores superiores a los de los hombres. Nuestro rendimiento en el deporte nunca se aproximará al de los hombres porque no puede ser. Somos animales diferentes. Pero en muchos otros ámbitos podemos ser tan buenas o mejores que ellos. Hay mujeres que lo demuestran cada día”, insistía en la entrevista enpublico.es

Blanca hablaba, poco, eso sí, de su época de esquiadora porque todo, todo, había cambiado una barbaridad. Pero recordaba, aún con cierta admiración y, tal vez, envidia, el día que llegó a los JJOO de Calgari-1988 (“donde merecí ganar ya una medalla”) y, dos días antes de que empezase la competición, vio llegar un inmenso tráiler del equipo canadiense. “Era tremendo, empezaron a sacar toneladas de material, redes, balones medicinales, pesas, esquís por un tubo, hasta 60 pares y todos diferentes. Y ahí estaba yo con mis dos juegos para esquiar, uno de entrenamiento y otro para la carrera. Entonces me di cuenta de que la heroicidad era estar allí sin apenas medios....”

Arrebatos de escapismo

Es por ello que Blanca se sentía ahora tan y tan orgullosa de ver como su hija Olivia se desenvolvía en el mundo de la alta competición al más alto nivel y con todos los medios necesarios para intentar alcanzar sus metas y las de sus compañeras. “Olivia ahora, en su equipo y en la selección española de rugby, tiene fisioterapeuta, preparador físico, nutricionista....como debe ser ¿no? Porque si tú no lo tienes es una ventaja que le das a los demás. Y, si quieres ganar, no se puede dar ventaja a nadie”.

Son muchos los que ahora recuerdan los comentarios protagonizados, en una conexión en directo con el programa de Telecinco ‘Sábado Deluxe’, de una buena amiga suya, Coral Bistuer, medallista olímpica de taekwondo, que aseguró que Blanca no estaba pasando por su mejor momento y que tenía ciertos arrebatos de escapismo, pero que siempre regresaba. Bistuer reconoció que desde la muerte de su hermano Paquito, en noviembre del 2006, Blanca no volvió a ser la misma. Bistuer añadió ayer en el programa 'Fin de semana', de la COPE, que Blanca le había comentado, en marco,que "estaba pasando el eslalon más duro de su vida, pero que lo iba a ganar. Es muy extraño porque Blanca no es una irresponsable, tiene una familia que es una piña, y es evidente que para ella la responsabilidad de su familia e hijos estaba por encima de todo".