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el toque inglés

Caballero de la orden del Imperio británico

El duelo por el título en la Premier y las dos finales europeas monopolizadas por sus equipos certifican el excelente momento del futbol inglés

Josep Martí Blanch

Pep Guardiola, en el banquillo del Manchester City.

Pep Guardiola, en el banquillo del Manchester City. / AFP / LINSEY PARNABY

Lo sabíamos. Teníamos la certeza que esta sería la temporada del futbol inglés. ¿O acaso creen que esta es una sección caprichosa que surgió de la nada? No se hacen así las cosas en EL PERIÓDICO. Detrás de 'El toque inglés' había anticipación, intuición y, por supuesto, un mucho y un poco más de cuñadismo futbolístico. Estábamos convencidos que este era el año en el que los títulos europeos volverían a la casa donde nació este deporte.

En 1996, el grupo musical The Lightning Seeds compuso, con motivo de la Eurocopa que se celebró en Inglaterra, la canción 'Tree Lions' ('Tres Leones'), más conocida como 'Football coming home' ('El futbol viene a casa').  Veintitrés años después, las finales de Champions -Tottenham vs Liverpool- y UEFA -Arsenal vs Chelsea- certifican el excelente momento del futbol inglés, coronado además con un espectacular duelo en la Premier que ha durado hasta el último minuto entre los equipos de Kloop y Guardiola. Sí, el futbol ha vuelto a casa.

Ahora que todo puede medirse, debería determinarse cuál ha sido la aportación de esta crónica dominical en primera persona a los éxitos deportivos de los equipos ingleses. A fin de cuentas, de todos es sabido que la mirada del observador altera la realidad. ¿Y si fueran estas líneas el aleteo de la mariposa que ha provocado un tsunami futbolístico? Es pretencioso, lo sé. Pero es la costumbre.

A veces sueño que caliento en la banda del Camp Nou y que Guardiola me llama cuando ha decidido por fin el cambio. “Martí, ¿cómo estás?” me pregunta. Mi respuesta es la misma cada vez que el sueño se repite, y lo hace a menudo: “No muy bien, Míster, pero si me necesitas lo daré todo”. Luego salto al campo, remato un córner ya sin aliento por culpa del tabaco, los años y los kilos y salvo al equipo.

Ahora, con el subidón, estoy dando forma a un nuevo sueño que dé variedad a mis fantasías nocturnas. Recibo una llamada de Buckingham Palace y me anuncian que Su Majestad quiere hablar conmigo. “Señor, Martí, vamos a distinguirle nombrándole Caballero del Orden del Imperio Británico”, dice la reina muy educada y con un acento inmejorable. Y yo, sin alterarme, contesto de esta guisa: “Muchas gracias, acepto encantado. Creo que es merecido”.

Luego, en una reunión con otros caballeros de tan distinguido club, Mick Jagger y yo, cogidos por los hombros y envalentonados por unas pintas de Ale, hacemos burla de Ringo Starr Paul McCartney que lloran en un rincón. No porque sean de Liverpool (¡cómo vamos a odiar a los rojos -no se confundan con la política- durante una larga temporada!), sino por toda la melaza infantiloide que compusieron en su día.

Con la música a otra parte

Con el punto final a la temporada se acabaron las anécdotas londinenses, los equívocos con la lengua y los paseos a ninguna y a todas partes. Mudamos de las pintas a las cañas y del Sainsbury’s al Bonpreu.

Nos vamos con la música del futbol a otra parte. 'Well, we’re all football crazy and it’s plain to see That were all so happy, like one big family" ('Somos todos unos fanáticos del fútbol y se ve fácilmente. Somos tan felices como una gran familia'). Es de la canción World Cup Willie de Lonnie Donegan que acompañó a los ingleses en su mundial de 1966. Queda muy lejos, pero es un inmejorable pitido final. El fútbol ha vuelto a casa, yo también.