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dureza extrema

Patrick Bauer: "En el desierto no hay máscaras, todos son iguales"

Entrevista al creador del Maratón de Sables, que comienza este domingo en Marruecos

Sergi López-Egea

Patrick Bauer, en una imagen tomada en Barcelona durante la entrevista.

Patrick Bauer, en una imagen tomada en Barcelona durante la entrevista. / JORDI COTRINA

Patrick Bauer (Troyes, Francia, 1957) le dio por allá 1984 cruzar el desierto del Sáhara a pie. Y lo hizo, además, con el reto de ser autosuficiente; es decir, llevar encima todo lo necesario para subsistir. Mientras luchaba contra las adversidades en Marruecos, cerca de Ouazarzate, tuvo la inspiración. Iba a crear el maratón de los maratones, la prueba atlética más dura del mundo.

En 1986 nació el Maratón de Sables, que el año próximo cumple 35 años. Desde entonces, la prueba reúne a un sinfín de atletas, que cargan encima su comida liofilizada; la que van a consumir durante seis etapas y 250 kilómetros. La organización solo les da el agua y les proporciona una jaima (una piel de cabra como techo y una alfombra sobre la tierra o arena).

Allí comen y allí. Hacen sus necesidades en los 'caca-bag' (unas bolsas higiénicas especiales). Un millar de intrépidos, muchos de los cuales han ahorrado durante meses para la inscripción, inicia este domingo la aventura.

-¿Cuál es el éxito del Maratón de Sables, pese a su extraordinaria dureza?

-Hay varias razones. De un lado está el reto deportivo y el hecho de que se trate de una competición con carácter internacional y de otro el amor que se coge al desierto, que es un lugar mágico y al que enseguida se le toma cariño. La gente acude, y mucha repite, porque el maratón les sirve para romper con lo cotidiano. En el desierto no hay máscaras y todos son iguales.

-¿De qué máscaras está hablando?

-Pues de las máscaras de la ciudad, las que llevas para esconderte, las que diferencias a las personas, a los cargos y a las clases sociales. En el Maratón de Sables todos son iguales. No sabes con quién corres o quién es tu compañero de jaima. En la ciudad hay chóferes, porteros y jefes. En el desierto todos están al mismo nivel, al margen del oficio que tengan o de la máscara que lleven en la ciudad.

Los participantes del Maratón de Sables, en una imagen del año pasado / MARTA BACARDIT (MDS)

-Pero, ¿también deben surgir problemas? Por ejemplo, la competencia por el propio reto deportivo.

-Qué va. En el desierto todos tienen el mismo nivel social y la arena los iguala a todos y todos luchan por igual para superarla. En el maratón solo eres el nombre que figura en tu dorsal, por ejemplo, Paul. No hay diferencias. No se entregan tarjetas de visita y todos tienen el mismo problema a la hora de comer, a la hora de superar las adversidades del desierto o mientras van contando los kilómetros que faltan para terminar la etapa.

-O sea que la experiencia sirve para mejorar cuando se regresa a la vida cotidiana.

-Le pondré un ejemplo real. Me lo contó el dueño de una empresa que se apuntó hace unos años al Maratón de Sables. Cuando volvió los empleados lo miraban de otra manera. Entendieron que si se enfrentaba a un reto no podía ser tan mal jefe y, desde entonces, cuando daba una orden o cuando tenía una idea, que podía ser discutida antes por sus colaboradores, la asumían de mejor grado. Desde entonces creyeron más en él… y la empresa mejoró. Hasta les oyó comentar: 'el jefe es más humano'.

-Supongo que para afrontar la prueba es tan importante la preparación física como la mental.

-En efecto, la mente juega un papel muy importante en esta carrera. ¿Sabe una cosa? El Maratón de Sables ha servido para comprobar que las mujeres tienen una mayor capacidad mental para resistir que los hombres y me remito al hecho de que siempre hay menos abandonos de mujeres que de hombres.

La prueba se adentra en el desierto del Sáhara, en Marruecos / marta bacardit (MDS)

-¿Es la prueba deportiva más dura del mundo?

-Yo prefiero decir que es una de las más duras del mundo. La dureza, la diferencia, está precisamente en la peculiaridad de la autosuficiencia.

-Aquí no hay ni hoteles para descansar, ni masajistas, ni restaurantes donde reponer fuerzas.

-Como digo es nuestra diferencia con otras pruebas. Pero tampoco me atrevo a decir que es la más dura del mundo porque, a su nivel, la puede acabar igual una persona jubilada que un joven de 16 años. Se puede ir andando, sin ningún tipo de problema.

-¿Y qué ocurre si hay una deshidratación y los médicos deciden  intervenir.

-Los participantes saben que no pueden superar los 12 litros de agua en la carrera, que se les administra diariamente. Si, por ejemplo, un día, por un problema físico los médicos indican que necesitan más agua, se les administra más agua, o alimento si lo precisan. La primera vez se les penaliza con una hora en la clasificación. La segunda ocasión son descalificados.

-¿Cuánta gente se ha apuntado este año?

-Somos un millar. He de admitir que ha habido un descenso de participación debido a las bajas producidas entre atletas británicos que yo atribuyo a la problemática del Brexit. Cuando cumplimos 30 años superamos los 1.300. El año que viene, por el 35 aniversario, quiero que seamos 1.200.

-Se le ve enamorado de esta carrera.

-Es algo así como mi bebé. Es una bendición poder estar al frente del maratón. Para mí no es un trabajo. Es una bendición.

Temas: Marruecos