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UN ACONTECIMIENTO DEL ESQUÍ

Andorra da en el blanco

El éxito de las finales de la Copa del Mundo en Grandvalira sitúa a los Pirineos en el mapa invernal olímpico

Joan Carles Armengol

Seguidores de Estados Unidos animan a un esquiador desde la grada de El Tarter. / JOAN CORTADELLAS

Seguidores de Estados Unidos animan a un esquiador desde la grada de El Tarter.
Mikaela Shiffrin (EEUU) celebra su globo de cristal en supergigante.
Un grupo de pistards pintan la pista LÀliga de supergigante.
Técnicos de equipos participantes siguen desde unos árboles la evolucion de sus esquiadores.
Una esquiadora realiza estiramientos en la zona de llegada.
Uno de los sets de televisión ubicados en la zona de llegada.
El suizo Beat Feuz y la austriaca Nicole Schmidhofer bromean tras ganar la general de descenso.
La sala de prensa de Grandvalira durante la comparecencia de uno de los ganadores.

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No es que Andorra pretenda repetir exactamente la jugada que representó para Barcelona la organización de los Juegos Olímpicos del 92. La insistencia en llevar a su dominio esquiable más amplio, Grandvalira,  las finales de la Copa del Mundo de esquí alpino -que por primera vez desde su instauración con este formato, en 1993, recalan en una estación de los Pirineos- responde al deseo de consolidar un turismo de nieve que cuenta ya con mucha tradición y, en la medida de lo posible, incrementarlo con el aval que la más alta competición suele dar a quien se atreve a asumirla.

"Nunca los Pirineos, ni los catalanes, ni los aragoneses, ni los franceses, o la propia Andorra, había acogido una prueba de esquí de esta magnitud. Es un hecho muy importante porque permite tener presencia en el mapa internacional. Es un paso más que ayuda a reforzar una imagen que Andorra se ha trabajado todos estos años y, además, es importante para el futuro de una candidatura olímpica", explica Conrad Blanch, el director general del comité organizador. Blanch piensa en Andorra, pero también en Catalunya y Barcelona, que deben decidir en los próximos meses si intensifican su apuesta por los Juegos Olímpicos de Invierno del 2030, que llevarían en su enunciado precisamente la palabra Pirineu.

El público animando desde la tribuna de la pista L'Áliga de El Tarter. / JOAN CORTADELLAS

Más pistas que carreteras

"Este es un país con más kilómetros de pistas de esquí, unos 330, que de carreteras así que esta posibilidad que tenemos de poder mostrar lo que tenemos aquí nos ayudará, más allá del componente deportivo. Debemos continuar vendiendo nieve y este proyecto nos ayuda", asegura Alfonso Torreño, director general de Grandvalira-Nevasa, la empresa que comercializa el dominio esquiable más  grande de los Pirineos (unos 210 kilómetros de pistas marcadas) y que en la temporada 2017-18 recibió a 1,8 millones de visitantes.

Por eso, entre otras cosas, se metió Grandvalira y el país de los Pirineos entero en una organización de esta magnitud, que en Andorra consideran el acontecimiento deportivo de mayor envergadura que ha acogido nunca. "Con estas finales de la Copa del Mundo nos quitamos la etiqueta que algunos creían de que las nuestras son estaciones para debutantes. Ahora se ha demostrado, incluso con el primer descenso masculino de la historia en la cordillera, que tenemos pistas de todo tipo", abunda Torreño.

En octubre del 2015, la Federación Internacional de Esquí (FIS) otorgó la confianza a Grandvalira por encima de candidatas como Lenzerheide (Suiza) y Méribel (Francia), añadiéndose a sedes de finales recientes como Are (Suecia), Aspen (EEUU) y Saint Moritz (Suiza). Es la semana más importante de la Copa del Mundo porque otorga definitivamente los famosos globos de cristal a los ganadores de todas las especialidades (eslalon, gigante, supergigante, descenso y combinada) y el gran globo a los ganadores (hombre y mujer) de la clasificación general.

Máxima exigencia

Pero ese ceremonial comporta también un nivel de exigencia máximo. La FIS aprieta, y Andorra ha replicado con una gran respuesta a esa reválida. "Las exigencia son muy altas –confirma Conrad Blanch-. Nosotros habíamos organizado ya pruebas femeninas de la Copa del Mundo en el 2012 y 2016, y las finales de la Copa de Europa del 2018, pero en esta ocasión el protocolo que firmamos era mucho mayor. Todos debe estar controlado y el rigor y la eficacia debe ser absoluta. No puede haber fallos, como el que hace unas semanas se produjo en el cronometraje en Crans Montana (Suiza). No nos podemos permitir fallar".

Y el país de los Pirineos no está fallando, pese a una climatología desconcertante que no respeta ningún pronóstico. La preparación de las dos pistas, la de L’Àliga, en el sector de El Tarter, y la de L’Avet, en Soldeu, está respondiendo a las expectativas y a las altísimas exigencias de esquiadores y de los delegados de la FIS, el italiano Markus Waldner para las pruebas masculinas y el noruego Atle Skaardal para las femeninas. El pasado 28 de febrero, las dos pistas pasaron con éxito el último 'snow control', que analiza a fondo la granulometría y la densidad de la nieve.  "El buen resultado es fruto de un gran esfuerzo de todo el equipo para mantener las pistas como están ahora, perfectas", asegura el director de las carreras Jordi Pujol, exesquiador olímpico.

Una compañera felicita a la alemana Rebensburg por su victoria. / JOAN CORTADELLAS

Dos escenarios cercanos

La existencia de dos llegadas distintas en los dos sectores ha doblado la complejidad del operativo. "Aunque la FIS ha valorado también que todo está en dos kilómetros y la facilidad para llegar a las dos sedes", aclara Conrad Blanch.

Dos escenarios y el estreno en uno de ellos, Soldeu, de la plataforma artificial que une el final de la pista con el pueblo (una obra de 30 millones de euros que sufraga Grandvalira) son las señas de identidad de unas finales de la Copa del Mundo que suponen una inversión (plataforma aparte) de 4 millones de euros, de los que 1,6 proceden del Gobierno de un país que el jueves celebró el Dia de la Constitució y que el 7 de abril celebrará elecciones. "Un acontecimiento así permite asociar la marca Andorra a la élite deportiva mundial", asegura el presidente en funciones Antoni Martí, que dejará su cargo en favor probablemente del continuista Xavi Espot.

Dos 'skiman' preparan los esquís de los campeones en un párking habilitado. / JOAN CORTADELLAS

De momento, la asistencia de público, que se incrementará el fin de semana, el entusiasmo de los seguidores y la respuesta unánimemente positiva de los participantes (los 25 mejores de cada modalidad) avala el esfuerzo realizado en una evento que mueve cifras importantes. Son unos 150 esquiadores de 18 países, más de 2.000 acreditados (de ellos, 400 periodistas) y una audiencia potencial de 700 millones de espectadores a través de 60 cadenas de televisión. La organización se eleva a 130 personas, además de 350 voluntarios.

"Teníamos miedo del tiempo, por su inestabilidad, pero la energía de la gente, de los andorranos, nos ha implicado a todos y nos ha dado la convicción de que saldremos adelante con éxito", afirma Conrad Blanch. Falta el esprint final, dos días más para acabar de instalar a los Pirineos en el mapa del esquí mundial y para acabar de consagrar a la estadounidense Mikaela Shiffrin como estrella rutilante de este universo, una vez retirada su compatriota Lindsey Vonn.

Temas: Andorra