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LA COPA LIBERTADORES

River Plate se lleva la final más interminable de la historia del fútbol

Madrid responde al reto de organizar un partido marcado por la violencia y que apenas produjo incidentes

El encuentro, según fuentes empresariales, deja en la capital de España casi 100 millones de beneficio

Sergi López-Egea

River se lleva la Copa Libertadores en el Bernabéu. / JUANJO MARTÍN (EFE / VÍDEO: EFE)

La final más larga y más extraña de la historia del fútbol no podía tener otro epílogo que una prórroga para coronar a 10.000 kilómetros de distancia a River Plate como campeón de una Copa Libertadores que parecía que ninguno de los dos grandes equipos de Buenos Aires quería ganar. La derrota, para cualquiera de los dos, era un martirio demasiado duro de asumir. Más que ganar lo más importante era no perder. Y eso lo sabía Boca Juniors (3-1).

Por eso, anoche, en el estadio Santiago Bernabéu no solo hubo un vencedor, River, sino la ciudad de Madrid que supo responder al tremendo reto que suponía organizar, y además hacerlo bien, un partido de semejante talante, un encuentro que la violencia enmarcada en el uniforme de las Barras Bravas, ni se les vieron por fortuna en la capital de España, imposibilitó que se pudiera disputar en el lugar que tocaba hacerlo, el Monumental de Buenos Aires, y no el campo del Real Madrid.

Sin brotes de violencia

Nada hubo en la noche que enturbiara lo que más temían el Gobierno español y el Ayuntamiento de Madrid, que un brote de violencia destrozara la final y ensuciase de forma fea y atroz la marca España. Solo se exhibieron la pasión, desbordada, los cánticos, nadie quería quedarse afónico, el sufrimiento, los nervios y dos aficionados entregadas en cuerpo y alma a sus equipos.

Quintero marca el 2-1 que adelantaba a River en la final. / ÓSCAR DEL POZO (afp)

No se llenó el Bernabéu, que dejó hasta 20.000 sillas vacías, algunas, también hay que decirlo, por cuestiones de seguridad. Pero fue todo un espectáculo y un hecho sin precedentes que más de 50.000 seguidores argentinos, llegados de todos los puntos de la geografía ibérica y de países europeos como Francia, Alemania o Italia, y por supuesto de Buenos Aires, se decidieran a vivir en vivo y en directo la final interminable, la que ni River ni Boca querían perder. Pero como los míticos 'Inmortales' cinematográficos solo podía quedar uno y ese uno fue River.

Impresionante dispositivo

Madrid organizó el dispositivo de seguridad nunca jamás visto antes en España. En boca de un alto mando de la Policía Nacional consultado por este diario, el más importante desde los Juegos Olímpicos de Barcelona. Ni visitas de altos mandatarios o reyes, ni eventos lúdicos, ni siquiera los clásicos vividos en ese mismo estadio o las finales de la Liga de Campeones habían movilizado a tantos y tantos policías. Más de 4.000 personas controlaron los accesos al estadio y cerraron prácticamente el Paseo de la Castellana separando minuciosamente –hubo hasta colocación de tanquetas- a las dos hinchadas.

Hasta tres controles de paso debía pasar cualquier persona que quisiera entrar al Bernabéu. En el primero debían dejar las botellas de agua que la mayoría de seguidores de Boca y River habían adquirido en sus respectivas fan zones y que llevaban todos curiosamente en bolsas amarillas que quedaron en la papelera por cuestiones de seguridad. Por nada más.

Sin Barras Bravas

A los mandos policiales les preocupaban los hinchas que llegaron la madrugada del domingo a Barajas. Tenían localizados a barras bravas, pero lejos de su escenario de violencia, como si fueran pulpos en un garaje, supieron comportarse ante la atenta mirada policial.

Incluso en lo que se denominaba 'zona neutra' del Bernabéu, donde hubo aficionados españoles, los hinchas de River y Boca se sentaron juntos, sin dirigirse la palabra, eso sí, pero sin cruzarse ni siquiera un reproche en cualquier jugada conflictiva o en los cuatro goles.

La final interminable desató pasiones, obligó a Florentino Pérez, el gran anfitrión, a ver por la tele la victoria previa del Madrid en Huesca y fue, además, proclive para que negocios y proyectos viajaran también 10.000 kilómetros, como los seguidores de ambos equipos. La final del nunca acabar no se la quisieron perder ni el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ni dos de sus ministros; ni siquiera Messi, que alquiló un palco privado para viajar desde Barcelona con Sergio Busquets y Jordi Alba.

Los beneficios

Fue la final para vender y "mejorar" la marca España, según palabras de Fernando Grande-Marlaska, presente en el Bernbéu, y como ministro de Interior, máximo responsable del impresionante dispositivo de seguridad. Un partido, según el ministro, que proporcionó además "grandes ingresos económicos". "Los ingresos de esta final se calculan entorno a los 92 millones de euros”, confirmó Juan Pablo Lázaro, presidente de la Confederación Empresarial de Madrid (CEIM). Una razón con suficiente peso económico para que la final más larga de la historia cruzara el gran charco atlántico y pasase por la capital de España con gloria y sin pena, a pesar de que llegase marcada por la violencia y la tantas veces sinrazón del fútbol y sus dirigentes.