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MÁS QUE UNA GRAN FINAL

La trama política del River-Boca

Las conexiones de Macri, el presidente de Argentina, contra River y a favor de Boca quedan ocultas bajo la polémica decisión de jugar el partido en el Bernabéu

Abel Gilbert

El presidente Macri estrenando los nuevos campos de Boca en abril del 2017.

El presidente Macri estrenando los nuevos campos de Boca en abril del 2017.

Las piedras lanzadas por hinchas de River Plate contra el autobús que llevaba a los jugadores de Boca Juniors, y la posterior lluvia de gases lacrimógenos de la policía, terminaron, otra vez, por convertirse en la cortina tóxica que impide ver los lazos entre el fútbol con la política en Argentina.

El coro de enérgicas condenas ante la violencia, con la voz cantante del presidente Mauricio Macri, no ha hecho más que sobreactuar una indignación. "Es triste viajar 12.000 kilómetros para jugar un partido", se lamentó el presidente boquense, Daniel Angelici, quien intentó en vano que la Conmebol le diera por ganada la final de la Copa Libertadores por la agresión que sufrió el plantel azul y oro.

Hinchas de Boca, uno de ellos imitando a Maradona, en el hotel del equipo en Madrid / kiko huesca (Efe)

El fútbol está lejos de ser apenas una pasión popular. Hay algo que viene más atrás. En 1978, una dictadura militar buscó convertir al Mundial en la contracara de las denuncias internacionales por las violaciones a los derechos humanos. Los gritos de los goles del campeonato ganado ante Holanda (3-1) llegaban hasta las mazmorras de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), ubicada a pocas calles del estadio. Allí, tan cerca del estadio de River Plate, murieron miles de personas.

Los antecedentes

En 1995, Macri, hijo de una de las grandes fortunas argentinas, fue electo presidente de Boca. A medida que se acumulaban títulos locales e internacionales, crecían sus ambiciones extradeportivas. Boca fue la plataforma para ganar en el 2007 la alcaldía de Buenos Aires y luego gobernar Argentina. El club sigue siendo un eslabón esencial de su proyecto político. Desde el 2011 lo custodia Daniel Angelici, un magnate del juego que se jacta de ser amigo personal del mandatario.

'El Tano', como lo llaman, tiene buenas relaciones con la justicia y los servicios de inteligencia. No parece ser una casualidad que su vicepresidente sea Dario Richarte, quien estuvo en la Secretaría de Inteligencia del Estado a finales de los años 90. Angelici desistió en el 2015 de hacerse cargo de los espías argentinos. Macri nombró entonces al abogado Gustavo Arribas, nada menos que el hombre encargado de controvertidas ventas de jugadores de Boca al exterior durante su gestión.

Los jugadores de River, en el aeropuerto de Barajas / javier barbancho (REUTERS)

Martín Ocampo, que dimitió a consecuencia de los incidentes cerca del estadio Monumental, se considera a sí mismo un ahijado de Angelici. Gracias a 'El Tano' llegó a ser ministro de Justicia de la ciudad de Buenos Aires. Luego pasó a la secretaría de Seguridad. Sin embargo, la trama es más amplia. El fiscal Carlos Stornelli, a estas alturas el principal acusador de la expresidenta Cristina Kirchner en una resonante causa por el manejo irregular de la obra pública, manejó años atrás la seguridad de Boca. Nunca escondió su amistad con Rafael Di Zeo, el jefe de la barra brava azul y oro.

Más datos de peso

Norberto Brotto es el fiscal que allanó la casa de uno de los 'barra brava' de River en la que encontraron 300 entradas para ir a ver la final de la Libertadores y miles de euros. Había iniciado su investigación en abril. Llamó la atención que su último operativo tuviera lugar en vísperas del partido, entre otras razones, porque se dice activó la violenta respuesta de un sector de la hinchada de River. Ahí se recordó su antigua relación con el actual ministro de Justicia, Germán Garavano.

Pero falta otro dato de peso. Una encuesta señala que en la actualidad Boca tiene 16.500.000 simpatizantes y River 16.000.000. Una victoria de estos últimos tendría varios efectos indeseados para su rival. De un lado, ser posiblemente superado en la cantidad de hinchas. Por el otro, convertir a Marcelo Gallardo en el entrenador más ganador del fútbol argentino, por encima de los éxitos que Carlos Bianchi consiguió en Boca.

Mauricio Macri, presidente de Argentina y expresidente de Boca / pablo ramón (EFE)

River tiene mejor equipo y había empatado el primer partido. Una consagración en el Monumental habría sido indigerible. Alejandro Dominguez, el presidente de la Conmebol y amigo de Macri ha contribuido para que el partido se juegue en Madrid. Existe, además, otra razón de peso que aflora en esta final. El actual presidente de River, Rodolfo D'Onofrio, quiere lanzarse a la política justo cuando Macri cae en picado en popularidad como consecuencia del ajuste y la pauperización económica. "¿Usted quiere ser presidente?", le preguntó estos días el periodista televisivo Luis Novaresio. "Estoy dispuesto a ayudar y a trabajar", respondió D'Onofrio con una finta retórica.