Ir a contenido

EL TOQUE INGLÉS

Ser gay en el fútbol es aún una mariconez

Durante dos jornadas la Premier abrazará la bandera del arco iris, pero la verdad es que los armarios de los futbolistas siguen sellados a cal y canto

Josep Martí Blanch

Mensaje de integración en un partido de la Premier.

Mensaje de integración en un partido de la Premier.

Esta semana ha visitado Londres Cristiano Ronaldo. Lo más noticiable de su estadía es que se ha gastado 30.000 libras bebiendo vino en un restaurante de Mayfair en apenas 15 minutos. Calderilla. El barrio da para muchísimo más y el bolsillo del luso también. ¿Estará ya pensando en la jubilación y por eso anda mesurado en los gastos? Tienen razón. Me corroe la envidia. Pasemos página.

Centrémonos en cosas que merecen la pena. Todo preparado en la Premier League para decirle al mundo que el fútbol es también un deporte de y para gays, lesbianas, transexuales, transgénero, bisexuales e intersexuales. Perdonen los colectivos olvidados de la lista. Es cada vez más difícil tener memoria o conocimientos para enumerarlos todos.

Cuando los futbolistas recuperen la libertad, tras el nuevo secuestro legal de sus selecciones nacionales, la Premier League se teñirá durante dos jornadas de los colores de la bandera del arco iris. El fútbol inglés se suma nuevamente, como hizo el año pasado, a la campaña Rainbow Laces. Vamos a ver banderines de córner, brazaletes de capitán, cordones de botas y un largo etcétera de imaginería futbolística de los estadios con los colores del arco iris que identifica al movimiento LGTBI. Todo con el objetivo de normalizar la diversidad y la libertad sexual en el fútbol y en cualquier ámbito de la sociedad.

Cordones de una bota de fútbol con los colores del arco iris. 

Pero tanto colorido y tanta buena voluntad también van a poner de manifiesto que, o bien en los armarios del fútbol no hay nadie esperando a salir; o en el mundo de la pelota estos muebles son de 12 cerraduras y las llaves están en el fondo del mar, matarile, rile, rile. Porque sólo así puede explicarse que pasen los años y nadie asome tan siquiera la cabeza.

El valor de la prescripción

Fue en 1990 cuando el inglés Justin Fashanu, entonces jugador profesional en activo, se declaró abiertamente homosexual. Fue el primero en hacerlo y sus últimos años en los campos de futbol se convirtieron en un imán para los improperios de los aficionados homófobos. Acabó suicidándose en Londres tras ser acusado en EEUU de acoso sexual por un menor de edad. Dejó una nota en la que reivindicaba su inocencia explicando que la relación fue consentida.

Ha llovido mucho desde la portada del 'The Sun' con las palabras de Fashanu: “Soy Gay”. Pero por mucha agua que haya caído en el fútbol sólo sigue habiendo machotes y quien no lo es, lo disimula. A ver, cada cual vive su sexualidad como le da la gana, incluyendo la opción de compartir o no sus gustos, faltaría más. Pero el valor de prescripción de los futbolistas, como se ha visto por ejemplo en algo tan banal como la normalización de los tatuajes, es enorme. Así que es una lástima que no se atrevan o simplemente no puedan vivir con normalidad su orientación sexual. De hacerlo, la suya, sería una enorme aportación en favor de la tolerancia y el respeto.

Mientras los armarios siguen cerrados, en la Premier veremos otra vez los colores del arco iris. Menos da una piedra. Pero que tanto colorido no esconda que la situación está lejos de normalizarse. Como ha dicho esta semana el delantero francés del Chelsea, Olivier Giroud, “es imposible ser abiertamente gay en el futbol”. Lo que traducido quiere decir que desgraciadamente aún hay demasiada gente para la que ser gay en el futbol es todavía una mariconez.