ECLOSIÓN TARDÍA

Morales, el 'Comandante' que se nombró a sí mismo

El capitán del Levante estaba en Tercera con 24 años, debutó en Primera con 27 y ha explotado en la treintena

El sábado lideró el asaltó de su equipo al Bernabeu, el estadio al que iba de niño y al que aún se escapa para ver la Champions

Morales celebra su gol ante el Real Madrid.

Morales celebra su gol ante el Real Madrid. / EFE / RODROGO JIMÉNEZ

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Nacho Herrero
Nacho Herrero

Periodista

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“Nadie le ha regalado nada”, sentencia su descubridor, el exportero Juan Luis Mora, para ilustrar la carrera de José Morales (Madrid, 1987). Este sábado abrió el camino de la victoria del Levante en el campo del Real Madrid y colgó así una medalla más en la hoja de servicios de 'El Comandante', un futbolista de barrio cuya carrera siempre ha ido con años de retraso y que ha explotado en la treintena.

De hecho, hasta su apodo se lo puso él mismo hace apenas un par de años. Tras marcar el gol de la victoria ante el Rayo Vallecano y celebrarlo con un saludo militar, dijo a los medios que estaba dispuesto a ser "el comandante" que tirara del equipo para evitar el descenso. No lo logró, pero el mote se le quedó, el Levante regresó a la máxima categoría un año después y desde entonces Morales está abriéndose paseo a golazos en la élite del fútbol español.

"Feíllo y con barba"

El primero que advirtió públicamente que el extremo zurdo iba para estrella en Primera fue Lucas Alcaraz unos meses antes de aquel choque ante el Rayo, pero tampoco su elogio fue precisamente un regalo. “Para mí es el jugador revelación de Primera, lo que pasa es que es feíllo y con barba; si fuera 'pelao' y con tatuajes todo el mundo lo querría", apuntó. Le faltó decir que era un 'abuelo', pues se acababa de estrenar en la categoría con 27 años.

Alcaraz sabía de lo que hablaba porque él mismo lo sentó nada más hacerse cargo del equipo en la 2014-15 y Morales tuvo que rescatarse del ostracismo marcando el gol del triunfo en el derbi ante el Valencia. Pese a haber logrado goles de bellísima factura, como esta misma temporada ante el Betis, él siempre dice que aquel fue el que marcó su carrera.

La verdad es que era el segundo que conseguía en la máxima categoría. El primero no hubiera querido marcarlo, pues lo logró en el campo del Eibar, equipo al que el Levante lo mandó cedido desde su filial la temporada anterior y en el que demostró que podía ser válido para empresas mayores. Ahora ya es el máximo goleador del Levante en Primera.

Niño de fútbol sala

El de Ipurúa no lo celebró; nada que ver con el del Santiago Bernabeu, y eso que era el estadio que frecuentaba de niño y al que aún se escapa cuando puede para ver los partidos de la Champions del Real Madrid. Uno nunca deja de ser de su primer equipo. La cantera blanca pudo ser su atajo a la élite, pero lo rechazaron cuando tenía 11 años y jugaba a fútbol sala. De ese deporte de salón le quedan los secos recortes con los que aliña sus ya míticas cabalgadas.

Acabó en el Brunete, aunque siempre dice que aprendió a jugar en el Parque de San Isidro de Getafe, enfrente de su colegio. Su padre era electricista y su madre, tras encauzar a los cuatro hijos, entró en una empresa de limpieza. Ella fue quien le regaló una sudadera de Mijatovic que se empeñaba en llevar un día sí y otro también y que le valió su primer apodo, 'Pedja'. Después pasó por el Parla y fichó por el Fuenlabrada.

Allí se lo encontró Mora aunque, como contó a la revista del club valenciano hace unos meses, no iba a verle a él sino a un central para el filial. Era la temporada 2010-11 y Morales, con 24 años, en Tercera División y sin pasado en ninguno de los muchos equipos madrileños de Primera o Segunda, no entraba en el perfil para un segundo equipo, pero sus acometidas por la banda cautivaron al ojeador.

Un boli para firmar

Unos días después, en un hotel de Aranjuez, el miembro de la secretaría técnica le explicaba el proyecto y le preguntó si quería algo ."Un boli para firmar", contestó en vez de pedir una bebida.

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El último contrato que selló le une al Levante hasta el 2021 y le convirtió en el jugador mejor pagado de la plantilla. El enganche es mutuo y por eso en el brazo derecho, en el que va dibujando su carrera desde que Alcaraz le animó, tiene tatuada una imagen suya de espaldas con la camiseta 'granota'.

El reconocimiento del club ha ahuyentado los cantos de sirena que le llegaron este verano y que se sumaron a los cánticos de "Morales, selección" que entona ya habitualmente el Ciutat de València. Parece tarde para recibir una llamada de Luis Enrique, pero con alguien que ha descubierto 'Juego de Tronos' hace unos meses nunca se sabe.