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El rival del Barça

El milagro austero del Huesca

El conjunto aragonés ha conseguido asaltar la élite del fútbol tras culminar un proyecto de 12 años basado en la serenidad económica

Luis Fando

Los jugadores del Huesca celebran el segundo gol del equipo en el partido que les enfrentó el pasado lunes al Athletic de Bilbao.

Los jugadores del Huesca celebran el segundo gol del equipo en el partido que les enfrentó el pasado lunes al Athletic de Bilbao. / EFE / MIGUEL TONA

El fútbol jamás había brillado de tal forma en Huesca. Quizás el mayor indicativo para apreciar cómo ha cambiado todo en esta ciudad de cerca de 52.000 habitantes sea la cantidad de niños  que lucen la camiseta adornada por la Cruz de San Jorge. Porque la SD Huesca está dejando de ser el segundo equipo de mucha gente para ser considerada como la primera opción. Este fervor en permanente crecimiento ejemplifica el trabajo que hay tras los pasos de este club. Un éxito que no brota fruto de la casualidad. Detrás del Huesca hay un largo proyecto que comenzó hace 12e años, cuando el club aragonés dio el primer paso hacia un ascenso meteórico.

Allá por el 2006 el Huesca caminaba sobre el alambre cual funambulista. Se había salvado de descender a Tercera en La Romareda tras vencer al Zaragoza B. En la grada estaban Agustín Lasaosa y José Antonio Martín 'Petón', dos personalidades de la sociedad oscense que, junto a otros empresarios, estaban a punto de entrar en la SD Huesca para emprender un proyecto desde la nada. Ambos fueron exjugadores azulgranas que compartían una visión casi utópica: llevar a un club que ha jugado 30 campañas en Tercera y 18 en Segunda B a lo más alto. Así comenzó un proceso de profesionalización que tenía como necesidad ascender a Segunda.

El Huesca buscó ser la bandera de la provincia. Se abrió más allá de la propia ciudad, trató de conseguir el apoyo de las instituciones regionales y fijó en su hoja de ruta una política económica basada en la premisa de no gastar más de lo que se tiene. Un crecimiento paulatino que se disparó tras el ascenso a la Liga de Plata en Écija —en el 2008— de la mano de Onésimo. Para muchos fue el episodio en el que nació la fantasía del Huesca.

Un "nido idílico"

El salto al fútbol profesional abría un horizonte desconocido. La entidad oscense pasó de tener un presupuesto aproximado de 1.060.000 euros a casi cuadruplicar la cifra con cerca de cuatro millones. Al Huesca le bastaron cinco años consecutivos en Segunda para dejar su huella en el fútbol español. El club lucía unas cuentas ejemplares, pagaban mensualmente y se habían convertido en un lugar idóneo para catapultar futbolistas, como sucedió con Rubén Castro, Mikel Rico o Borja Bastón. Un entorno tranquilo, sin presión mediática, de trato familiar, donde se crea el caldo de cultivo idóneo para alcanzar el éxito. «Somos un nido idílico para que los jugadores crezcan o reconduzcan sus carreras», reconoce Petón.

La figura de José Antonio Martín 'Petón' ha sido esencial para la actual situación del club

La figura de José Antonio Martín ha sido esencial en el Huesca. El consejero delegado, ligado desde siempre al fútbol a través de la agencia de representación Bahía Internacional, no solo ayudó en el asesoramiento deportivo, sino que fue el artífice de la complicada conversión del Huesca a SAD. El paso definitivo para asentar los planes de futuro de la junta directiva. «El objetivo tiene que ser llegar un día a Primera», recordó Petón, aunque la actual situación del conjunto oscense no se podría llegar a entender sin su capacidad de reacción tras descender a Segunda B, en la temporada 2012-13.

El Huesca gastaba lo que podía sin volverse loco en un fútbol que estaba inundado de equipos en concurso de acreedores. «El secreto es ingresar 6 y gastar 5. Luego inviertes y guardas para el futuro», relató el exgerente del club Raúl Ojeda. Pese a su loable gestión, el conjunto azulgrana descendió a Segunda B. Un suceso negro que fue amortizado gracias al dinero que habían acumulado en sus arcas. Esta zancadilla hizo que, por primera vez en los años de este proyecto, el Huesca reflejase pérdidas en sus ejercicios. Sin embargo, a los dos años logró ascender de nuevo para establecer un nuevo modelo deportivo que le permitiría romper con la lógica.

Futbolistas con hambre

El Huesca estableció las bases de su política de fichajes: firmar futbolistas con hambre, independientemente de su edad, con el objetivo de armar un bloque unido y haciendo del grupo la mejor individualidad. Un planteamiento similar al del Eibar, Leganés o Girona.  Tras una holgada permanencia en la temporada 2015-16, llegó el despegue. El año donde empezó a perfilarse la plantilla que pasaría a la historia. Jugadores como Akapo, Ferreiro, Melero, Vadillo o Samu Sáiz firmaron el primer gran capítulo, clasificándose por primera vez para la promoción de ascenso a Primera. Los eliminó el Getafe, pero aquella derrota les permitió poner la semilla para su asalto al cielo.

Bajo la dirección deportiva de Emilio Vega llegaron jugadores como Cucho Hernández, Chimy Ávila, Pulido o Álex Gallar, que había brillado en Segunda B con la Cultural y que se presentó en la Liga con un doblete en Eibar. Bajo el mando de Joan Francesc Ferrer 'Rubi', el Huesca alcanzó la Primera División. Fue la culminación de un proyecto que nació con ese objetivo. Buscaban la élite y la alcanzaron. Un club con muchos límites económicos, habitual en las entrañas del fútbol nacional, pero con un plan de futuro que recogió sus frutos. Como dijo Petón: «Donde no llega el dinero, llega la imaginación».

Temas: SD Huesca

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