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PREVIA DE EUROPA LEAGUE

Jugar por Europa para dar visibilidad a tu guerra

El Sheriff Tiraspol moldavo y el Qarabag FC azerí se disputan este jueves una plaza para la Europa League en busca de internacionalizar sus respectivos conflictos bélicos

Alejandro García

Los jugadores del Qarabag celebran un gol en la última edición de la Champions League.

Los jugadores del Qarabag celebran un gol en la última edición de la Champions League. / ALEXANDER NEMENOV (AFP)

Entre 1991 y 1992 estallaron dos conflictos bélicos todavía irresueltos en Europa del Este: la Guerra del Alto Karabaj y la Guerra Civil de Transnistria. Casi 30 años después, dos equipos de fútbol impulsados con fines propagandísticos buscan dar visibilidad a los conflictos jugando competiciones internacionales ante grandes equipos europeos.

En los últimos años del siglo XX, el Sheriff Tiraspol era un club recién fundado (1996) que nunca había jugado en Primera. El Qarabag, un histórico del fútbol azerí fundado en los años 50 en la ciudad de Agdam, pasaba los peores momentos de su historia tras exiliarse por la guerra. Este jueves, apenas dos décadas después, se disputan una plaza en la próxima fase de grupos de la Europa League. En la ida, el Sheriff ganó en casa por 1-0.

El conflicto de Karabaj

El Alto Karabaj es un territorio reconocido internacionalmente como parte de Azerbaiyán, aunque desde inicios de los 90 vive bajo control armenio. A finales de 1991 se registran las primeras operaciones militares entre ambos países. Hoy se siguen produciendo escaramuzas que siguen sumando víctimas a las decenas de miles de muertos y más de un millón de desplazados que ya ha dejado el conflicto.

En 1993, la localidad fronteriza azerí de Agdam fue tomada por tropas armenias, la población fue expulsada y los continuos saqueos dejaron la ciudad destruida. El club de fútbol local, que había ganado la segunda Liga de Azerbaiyán de la historia (en 1993, tras la desintegración de la URSS) tuvo que abandonar la ciudad junto a sus habitantes. El entrenador del equipo, Allahverdi Bagirov, que también era el comandante en jefe del ejército azerbaiyano en la defensa de Karabaj, murió en la defensa de Agdam.

Ya asentado en Bakú, la capital del país, el club fue adquirido en el 2001 por el conglomerado de empresas alimentarias Azersun, que concentra la mayor parte de la producción y la distribución de alimentos agrícolas y lácteos del país. El fundador y presidente del club es Tahir Gozal, una víctima del conflicto que lucha por visibilizarlo.

A partir de 2013, cuatro Ligas seguidas y tres títulos de Copa contemplan al club más laureado del país. Salpicado con tres participaciones en la fase de grupos de la Europa League y, la temporada pasada, el sueño de la Champions, en fase de grupos, ante Roma, Chelsea y Atlético de Madrid.

La independencia de Transnistria

Camino a su desembocadura en el Mar Muerto, el río Dniéster separa, a su paso por Moldavia, una franja de terreno en el este. En 1992, tras las políticas de apertura y el posterior colapso de la Unión Soviética, en esa zona de la Moldavia recién independizada, de población mayoritariamente eslava (rusos y ucranianos), surgió un movimiento antinacionalista, pro-soviético, que, apoyado por fuerzas militares rusas, mantiene la zona como una república independiente de facto de Chisinau (capital moldava) desde hace 25 años.

Es un conflicto estancado, sin enfrentamientos violentos desde el 92, en el que sobrevive una entidad en un limbo institucional. La República de Transnistria tiene sus propios órganos gubernamentales, su moneda, ejército o puestos fronterizos con Moldavia, pero ningún país del mundo la ha reconocido como tal, tampoco Rusia.

El FC Sheriff, fundado en 1996 como Tiras Tiraspol, ganó su primera Liga con los albores del siglo XXI, en la temporada 2000-2001. A partir de ahí, 16 de los últimos 18 títulos nacionales de Moldavia han ido al equipo presidido por Viktor Gushan, un antiguo agente del KGB, excombatiente en el conflicto, que es el dueño de la compañía Sheriff.

El conglomerado Sheriff monopoliza desde gasolineras hasta la televisión de pago transnistria (que retransmite el fútbol y programas rusos, no moldavos, ni ucranianos desde que estalló el conflicto en Ucrania), pasando por supermercados, editoriales de libros, hornos de pan o telefonía móvil.

Sheriff, a través del equipo de fútbol, se ha erigido como el estandarte de la lucha por la supervivencia de la República de Transnistria. Compite en la Liga de Moldavia, al igual que sus ciudadanos tienen pasaporte moldavo, además de, según el caso, ruso, ucraniano o rumano. Es una manera de demostrar superioridad frente a la Moldavia que mira a Rumanía, y es la manera de llegar a competiciones internacionales y atraer la atención hacia su situación política.

Chechenia y Famagusta

El caso comparable más mediático que ha conocido Europa es el del Terek Grozni, renombrado el año pasado como​ Ajmat Grozni en honor a Ajmat Kadyrov, líder de la República de Chechenia entre el 2000 y su asesinato en 2004. Antiguo separatista checheno, Kadyrov se alineó con Moscú al llegar al poder para devolver el control de Chechenia a Rusia, la gran promesa electoral del presidente ruso Putin cuando llegó al poder en el mismo año 2000.

Como símbolo de la recuperación del control de Moscú sobre Chechenia, la región más conflictiva del país (las dos Guerras de Chechenia dejaron más de 100.000 muertos en los 90 y el terrorismo vinculados a los grupos islamistas de la región provocó miles de víctimas), el Terek consiguió los mayores logros desde su fundación en 1958. El club es propiedad de la República de Chechenia y volvió a competir en 2001. Cuatro años después, ganó la Copa y ascendió a Primera. En 2011 inauguraron, con un partido de exhibición al que acudieron, entre otros, Maradona, Figo o Baresi, un estadio con capacidad para 30.000 espectadores, el Ajmat Arena.

El Αnorthosis Famagusta, uno de los históricos del fútbol chipriota, juega exiliado en Larnaca desde la invasión turca de parte de Chipre y la creación de la República Turca del Norte de Chipre, en 1974, que controla el territorio de Famagusta. En ningún momento ha renunciado a su nombre latino, con la lejana esperanza de que el proceso de reunificación fructifique y pueda retornar a su ciudad.

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