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BAR MUNDIAL

Fiesta en Ikea

El ambiente en la coctelería Mr Robinson durante el partido oscila entre la biblioteca y el karaoke

Miqui Otero

Ambiente en el restaurante coctelería Mr Robinson, durante el Suecia-Suiza.

Ambiente en el restaurante coctelería Mr Robinson, durante el Suecia-Suiza. / MIQUI OTERO

Esto podría ser un chiste: un argentino, un uruguayo y una sueca montan un bar en Barcelona. Y entonces llega el Mundial de Rusia.

"Supongo que somos diferentes. Hoy cada uno está en su mesa y si te olvidas de cobrar una cerveza, vienen a insistirte para pagar", explica Kristina, socia del Mr Robinson, un coqueto restaurante-coctelería con vocación mundial (banderines de todos los países cruzan este local en Pla de Palau) que lleva todo el torneo alternando aficiones con los otros dos dueños.

Hoy está lleno hasta todos estos banderines porque Suecia se juega el pase a cuartos frente a Suiza, en un ambiente que oscilará entre la biblioteca a la hora del desayuno y la 'rave' en Ikea. Desde fuera, escenas neolandistas de aborígenes embelesados tras las ventanas: ¿quién mira a los y las que miran el fútbol?

La discusión sueca

El escritor noruego Karl Ove Knausgard, la 'rock star' literaria mundial de la última década, odiador confeso de montar muebles de Ikea, escribió en 'Un hombre enamorado' sobre todo lo que le chocaba cuando se mudó al país vecino. En una escena, asiste a una cena de compañeros de trabajo de su mujer, altamente majos, que empiezan a discutir sobre Israel y Palestina: "Bueno, llamarlo discusión…, era más bien como si estuvieran charlando sorbe la comida o el tiempo". Al día siguiente se entera de que una de ellas se había despedido airadísima del despacho compartido. "¡Y no me di cuenta de nada! Ninguna agresión, ninguna bronca, nada. Así eran los suecos". Algo así sucede hoy, mientras avanza el partido. "Por supuesto que estoy apoyando a tope a mis vecinos", dice Stan, noruego como Knausgard.

Pero hay un tipo irreductible que cuando se arranca gritando Suecia, logra que al menos cinco personas repitan el nombre de la nación entre tres y seis veces. La leyenda de su camiseta es una joya: "Nuestro equipo es una mierda, pero tenemos a Zlatan". Alguien ha tachado la segunda parte de la frase, para poner, con rotulador: "Pero nos divertimos". "La tengo desde la anterior Eurocopa", explica Sander, después de enseñarme que en su pecho lleva tatuado el escudo de Göteborg, justo antes de unirse al cántico eufórico y total del descanso. Kristina, amabilísima, me escribe en un papel el título de la canción: 'Närvi Gräver'. Sí, su tema del Mundial de EEUU 94. Y uno comprueba por qué, por ordenados que sean los suecos, ABBA encabezan los 'tops' de los karaokes.

Vuelan las cervezas

Recuerdo cuando dormí en un barquito rojo en Estocolmo y el camarero de la cantina alucinaba cuando le explicaba que, en Barcelona, se podían comprar latas de cerveza en la calle. Fue como decirle que los policías cabalgaban en unicornios. En esas ando cuando anota Forsberg en el 66. Y entonces las cervezas vuelan a dos metros de altura y lamen los banderines del techo. El sueco de pelo afro con dos peines (azul y amarillo) ensartados celebra sobre la barra, aunque es cierto que cinco minutos después declina de un compatriota una invitación a un chupito.

Tras el pitido final esto es más un karaoke que una biblioteca. Pienso en Zlatan Ibrahimovic, que reclamó jugar este Mundial en el último momento. Que, tras ser rechazado, afirmó que apoyaría a otras selecciones. Que llamaba a Guardiola "el filósofo". Y vuelvo a leer en la camiseta de Sander, ya empapada de cerveza, "nosotros tenemos la diversión". Y veo a suecos abrazándose en la puerta con colombianos. Y sé que esto es un bar mundial y que no hay casi nada que este mundial del VAR no logre.

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