Ir a contenido

NOMBRES DE LA DEBACLE

Autopsia del harakiri español

Los 20 días que dinamitaron a la selección en el Mundial, que busca ahora entrenador y modelo tras un 'triplete' de decepciones

Marcos López

Hierro abandona la academia de Krasnovar, donde se ha alojado España durante el Mundial de Rusia.

Hierro abandona la academia de Krasnovar, donde se ha alojado España durante el Mundial de Rusia. / EFE / JAVIER ETXEZARRETA

Voló España este lunes a Madrid. De vuelta a casa, aturdida y desconcertada por haberse hecho el haraquiri en pleno Mundial. Vino a Rusia como una de las grandes candidatas tras dos años sin perder ni un solo partido con Julen Lopetegui en el banquillo. Cuando empezó el torneo, Julen no estaba, Hierro era su sucesor interino y la selección, sin alma ni fútbol, fue de mal en peor firmando una decadente trayectoria, como reconoció Sergio Ramos en sus redes sociales afirmando que "la inestabilidad nunca es buena compañera".

No es algo nuevo esa inestabilidad porque desde la Eurocopa del 2012, su último título, el camino de España ha sido frustrante y decepcionante. Llegó a Madrid una Roja sin rumbo ni identidad, que busca ahora piloto para la reconstrucción: Quique Sánchez Flores, Michel, Luis Enrique, Paco Jémez, Quique Setién… Pero lo que necesita reconstruir urgentemente es el modelo del que se ha alejado hasta pervertirlo como se vio con los 1.137 pases que dio ante Rusia. Tuvo un 90% de acierto, pero hasta el balón se aburrió de ser pasado sin sentido ni veneno alguno.

1.- Florentino desató el tsunami

Zidane le había dado con la puerta en las narices a Florentino. Una vez conquistada la tercera Champions consecutiva, el francés se marchó y dejó al Madrid sin entrenador. Tal cual. Y a su presidente ante una situación desconocida. Entonces, tras varias negativas (Allegri y Löw fueron las más llamativas), descolgó Florentino el teléfono y habló con Lopetegui, el seleccionador español, que encaraba los días finales de la preparación para el Mundial. A espaldas de la federación tramó el Madrid todo. Cuando Florentino llamó a Luis Rubiales, el nuevo presidente de la federación, no sabía nada. Éste, que se encontraba en Moscú, le pidió no hacerlo público.

"Déjame volver a Moscú y lo hablamos todo". A los cinco minutos, el Madrid emitía un comunicado oficial anunciando el fichaje de Lopetegui. Rubiales no se lo podía creer. Subió al avión, camino del sur de Rusia, dispuesto a echar al técnico, a pesar de que se encontraba a 48 horas del debut contra Portugal. Antes, quiso hablar con Lopetegui, pero este, según reveló la Cadena SER, no le cogió el teléfono. No podía. Ya le estaba comunicando la decisión a los jugadores. Una decisión que dinamitó a la selección.

2.- Lopetegui, o el líder que prefirió ir al Madrid

"Lopetegui era nuestro líder". Esa reflexión de Koke, una vez eliminada España por Rusia en la tanda de penaltis, refleja el tremendo impacto que tuvo la marcha del exseleccionador. Pero el líder prefirió decirle que sí al Madrid amparándose en que se trataba de una oportunidad única en su vida. Dijo sí a Florentino, a pesar de que el pasado 22 de mayo había renovado con la selección hasta el 2020. A veces, esas ocasiones sí se repiten. Valverde, sin ir más lejos, dijo dos veces no al Barça antes de recalar a la tercera en el Camp Nou.

A Lopetegui le llamó el Madrid y lo dejó todo, pensando tanto él como Florentino que Rubiales aceptaría esa cohabitación. Aunque, en realidad, el club blanco no podía exponerse tampoco a un hipotético fracaso del técnico vasco. ¿Cómo llegaría ahora Julen al Bernabéu con una España así? Florentino resolvió su problema (ya tenía entrenador), pero España se encontró con un cisma nunca visto antes. Durante dos horas, no tuvo técnico. Hasta que fue nombrado Hierro.

3.—Hierro, no había otro

Despidió Rubiales a Lopetegui sin tener aún la aprobación de su sucesor. No tenía muchas opciones el presidente de la federación. Era Fernando Hierro, director deportivo, o Albert Celades, el técnico de la sub-21, que estaba en Rusia de ayudante de Julen. Le costó convencer a Hierro, aunque este por "responsabilidad" no le quedó mas remedio que asumir un cargo envenenado porque se presentó en el debut ante Portugal con solo un entrenamiento.

Vino a Rusia con traje y corbata y se tuvo que poner el chándal porque Rubiales entendía que el liderazgo y la jerarquía del extécnico del Oviedo (un año) y exayudante de Ancelotti (otra temporada) era más importante ante los jugadores que la de Celades.

4.- División en la plantilla

El relato de lo que sucedió entre las paredes de la lujosa academia de Krasnodar todavía no se conoce perfectamente. Ahí juega, por ejemplo, un papel fundamental Sergio Ramos. Capitán del Madrid (o sea, sabía los contactos con Lopetegui) y capitán de España. Hubo discrepancias entre los jugadores.

"Lopetegui merecía seguir con nosotros", llegó a decir Saúl, el futbolista del Atlético, defendiendo con vehemencia la continuidad de su entrenador. Ni un minuto ha jugado el centrocampista rojiblanco en este Mundial.

Algo que, sin embargo, no compartía todo el grupo. Ni mucho menos. Se oían más, al menos públicamente, las voces pro-Julen que las anti-Julen. Pero esa división, que no se ha visualizado más allá de las puertas de Krasnodar, sí existía porque alguna de las ‘vacas sagradas’ no entendían la deslealtad del entrenador vasco. No entendían tampoco el momento. Ni tampoco las formas.

5.- Juego gris y sin alma

Con Lopetegui emitió dos señales de preocupación a las que no se dio demasiada importancia. Eran los dos últimos amistosos del Mundial. Un triste empate en Villarreal ante Suiza (1-1), con un ya significativo error de De Gea y un triste triunfo, ya en Krasnodar, ante Túnez (1-0) gracias al gol de Iago Aspas. "Antes de la concentración teníamos mejores sensaciones", denunció entonces el delantero gallego tras ese segundo test. Una denuncia que le costó una reprimenda de Lopetegui. "No ha querido decir eso".

Pues sí quería. Y lo dijo. Desde entonces, ya con Hierro en el banquillo, de mal en peor. Tres empates (Portugal, Marruecos, Rusia) y una victoria ante Irán (1-0 con gol de rebote) certifican a una España mediocre y sin alma alguna en su juego. El foco se coloca en la mano que no debió sacar Piqué o en la falta de remate. Pero lo verdaderamente trascendente es que la selección ha perdido los rasgos que le hacían ser singular y extremadamente competitiva.

(2/2) Y llegó el turno de la @sefutbol. Un reto inmenso, apasionante que afrontábamos con toda la energía del mundo. Y cuando aún no habíamos debutado, sucedió algo que no esperábamos. No voy a valorar los actos ni las decisiones, pero la inestabilidad nunca es buena compañera. Aun así mantuvimos la cohesión, la fuerza del grupo, la energía de un conjunto de compañeros y amigos, pero lo cierto es que hemos ido de más a menos. Y aunque muchos penséis que podríamos haber hecho más, no supimos hacer más. Porque nos dejamos sobre el verde hasta la última gota de sudor, el último ápice de energía y bravura. No lo habremos hecho como debíamos, pero sin duda lo intentamos hasta el final siempre. Aceptamos todos los comentarios y críticas, pero no olvidemos que ganar es casi una casualidad, porque perder pierden todos, menos uno. Solo aquél capaz de recuperarse, persistir e insistir hasta la extenuación tiene la oportunidad de levantar la gloria, el título. Es precisamente eso, la gran dificultad, la que encumbra las victorias y las convierte en hitos, en leyenda. No emborronemos toda una trayectoria por unos tropiezos propios de nuestra profesión, nuestro deporte, nuestra vida. Lamentablemente, la mayoría de veces no se gana, pero perdedor es aquel que se vence antes de que lo venzan, el que baja los brazos en la tormenta, el que da la espalda a la dificultad. Pudimos hacerlo mejor, debimos hacerlo mejor, pero no solo no me avergüenzo, me enorgullezco de ser el capitán de esta enorme selección. Y dicho esto, un recordatorio especial para un compañero y amigo en aventuras y desventuras, que nos hizo sentir aquello que nunca imaginamos. @andresiniesta8 , ha sido un placer recorrer este camino contigo de rojo. Como dije ayer, me hubiera gustado que te hubieras podido llevar un mejor recuerdo de tu despedida. Si queréis pensar en fracaso, sois libres de hacerlo. Nosotros preferimos pensar que es una nueva oportunidad para llorar, aprender, levantarse, crecerse y seguir batallando. Lo haremos, eso seguro.

Una publicación compartida de  Sergio Ramos (@sergioramos) el 

6.- Síntomas lejanos de decadencia

Rusia significa el tercer episodio de un largo camino (seis años) de decepciones de la selección. Ya fuera con Del Bosque, el técnico que heredó y sublimó la obra original de Luis Aragonés, o ahora con el interino Hierro. Desde la fastuosa final contra Italia en la Eurocopa de Ucrania, con una exhibición de juego –sin delantero centro ejerciendo Cesc de falso nueve- y goles (4-0), España ha caído en un tono gris.

Del triplete de éxitos (Eurocopa, Mundial, Eurocopa) al triplete de decepciones consecutivas: Brasil-2014, Francia-2016 y Rusia-2018. 11 partidos en las eliminatorias de los grandes torneos y solo cuatro victorias: Australia, ya eliminada ‘La Roja’ en Maracaná, República Checa, Turquía e Irán.

Y con tres nexos en común: Xavi, suplente en Maracaná en la derrota ante Chile (2014); Casillas en la Eurocopa de Francia (2016) e Iniesta en el Mundial de Rusia (2018).

7.- De Gea, o el portero transparente

Llegó nervioso a Rusia por su error en el disparo de Lichtsteiner que provocó el tanto del empate de Suiza en Villarreal. Nervioso, pero sin dejar de dormir. "Mejor hacer este error en un amistoso que en un partido oficial", proclamó después De Gea sin saber que lo peor aún estaba por llegar. Falló aún más en el primer partido oficial del Mundial cuando agachó su cuerpo de tan mala manera que sus manos se doblaron en un insípido tiro lejano de Cristiano que tuvo un efecto devastador sobre el meta del United.

Desde ese momento, De Gea fue transparente. Todo lo que iba entre los tres palos de España era gol. No, no es ninguna exageración. Es literal. 11 disparos, incluyendo la tanda de penaltis decisiva con Rusia, 10 goles. Solo una parada en 390 minutos de Mundial.

8.- El estilo bajo sospecha

Hasta que llegó Luis, y reunió a los pequeñitos en el centro del campo (Xavi, Iniesta, Silva…), España vivía de la furia. Luego se impuso el toque. Y a través del balón descubrió sus mejores noches, alcanzando cimas que resultaban utópicas. Ahora, en medio de tanta derrota, emerge el viejo debate sobre la utilidad de un modelo que ha sido indiscutible. El problema es ejecutarlo mal, como ha hecho España en estos últimos años.

Cuando el balón va lento, todo se complica. Cuando la pelota se convierte en un objeto inanimado España es tan terrenal que parece hasta vulgar. En Luzhniki se constató esa caída. Tanto pase para nada. Tanto y tanto pase para quedarse finalmente desnudo.

9.- La ausencia de liderazgo

Más allá de los problemas físicos que se han detectado en la selección, es evidente que piezas claves como Silva, Busquets o Iniesta, han llegado muy castigados a Rusia, el verdadero problema ha sido también la ausencia de un liderazgo. Perdido Lopetegui, Hierro no tuvo suficiente con apelar a los valores emocionales. "Somos una familia y no dejamos tirado a nadie", dijo para defender a De Gea. En el momento de la verdad, en cambio, no tuvo reparo en prescindir de Iniesta, uno de los símbolos de la España más gloriosa, enviándole al banquillo.

Faltó liderazgo táctico y faltó liderazgo en el campo. Parece mentira, pero una defensa formada por Ramos y Piqué, dos de los mejores centrales del mundo, ha transmitido tanta inseguridad que ha recibido seis goles en cuatro partidos. Solo Irán no le marcó un gol en Rusia ilustrando el final de una época. Se ha ido Iniesta, se irá Piqué, tal vez Silva... Toca reconstruir desde la derrota.

10.- Cuando mandaba el Barça

El equilibrio de poder en la selección ha sido siempre fuente de conflictos y, al mismo tiempo, sostén ideológico de su forma de jugar. No resulta casual que la explosión de la gran España (del 2008 al 2012) coincida con la eclosión del inolvidable Barça de Guardiola, amparados ambos equipos en una generación irrepetibles de futbolistas: Xavi, Puyol, Iniesta, Busquets…

Pero todo tiene un punto de inicio. El papel revolucionario de Luis en el origen futbolístico de 'La Roja' con aquella Eurocopa que dio valor a Xavi, elegido el mejor del continente, e Iniesta.

Ahora, en cambio, el dominio del relato de ‘La Roja’ pertenece al Madrid, un conjunto hegemónico en Europa como demuestran sus cuatro Champions en los cinco últimos años. Un dominio, sin embargo, que no se traduce en la selección. El gran Madrid no tiene el enorme impacto que sí tenía el Barça.

0 Comentarios
cargando