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MUNDIAL DE RUSIA

Argentina, un país en el diván

La victoria 'in extremis' de la albiceleste provoca la locura en todo el país, como si ya hubiesen ganado la Copa del Mundo

Emilio Pérez de Rozas

Leo Messi abraza apasionadamente a Marcos Rojo, autor del gol que clasificó a Argentina.

Leo Messi abraza apasionadamente a Marcos Rojo, autor del gol que clasificó a Argentina. / EFE / JUAN HERRERO

26 de junio. Buenos Aires. 17 grados de temperatura. 42% de humedad. Nublado. Plaza de San Martín, miles de argentinos viendo el partido en una pantalla gigante. Nadie ha ido a trabajar o los que fueron descansaron de tres de la tarde a cinco. Hasta los colegios pararon de dar clases. También los bomberos. Y las comisarías. En las gasolineras no sirven de nada. No hay jueces, ni detenidos, ni robos.

Radio Mitre, una de las grandes, ha convertido su estudio en un inmenso diván, en la consulta más grande de Argentina. El que no es psicólogo, hace ver que lo es. Y el que no es creativo publicitario, o profesor, o maestro, o cantante, o pintor, o actor. Hasta el presentador, que no sabe quien ha marcado el gol del triunfo argentino, grita que nunca más hablará mal de Mascherano, que regaló ese penalti, o de Higuain, que no saltó a la cancha.

Los jugadores no cantan el himno

No tienen los derechos de la Copa del Mundo, pero les da igual. Ellos no están allí para narrar el partido, han abierto las ondas para conectar con toda Argentina y compartir sus locuras, reflexiones, su psicoanálisis futbolístico. “En el fútbol está la pasión, la familia, el barrio, los vecinos, los nuestros, los padres, los hijos, todos estamos detrás del balón”, dice uno. “No vamos a ganar, no, no cantan el himno, los jugadores no cantan el himno y, si no lo cantan, no ganamos”, dice el doctor. “Iros a la mierda, esto no va de cantar”.

Leo Messi da gracias al cielo, a su abuela, por el gol marcado ante Nigeria. / AFP / kirill kudryavtsev

Todo es una locura, en serio, no he oído nada igual. Sus voces van con un minuto de retraso, cuando ellos vociferan, yo hace 60 segundos que sé lo que ha ocurrido sobre el césped. Yo sí sé quien metió el gol, pero estoy igual de feliz que ellos, que no han cesado de animar a su selección “¡vamos Argentina, joder, vamos!”, pero también de poner verde a todo sus componentes, menos a Messi, “que hoy sí está enchufado y ha dejado de ser un 'pecho frío'”.

El espacio, cómo no, se llama ‘Encendidos en La Tarde”, pero es mucho más que encendidos. Queman. Están en llamas. Insisto, como no tienen derechos, han enviado al estadio a uno de sus reporteros con un móvil. Tato Aguilera se llama y vive el partido entre la hinchada, que ellos no llaman albiceleste, sino blanquiceleste. Y a Tato le dan bola de vez en cuando, mientras ellos se adornan con todo tipo de comentarios, jocosos y no tan graciosos.

El despelote de Argentina

Llevan muchos minutos eliminados. “Está claro que los históricos, ellos solitos, decidieron ponerse en la alineación. Se han puesto los de siempre. Total no juegan contra la Alemania del 70”. Y, claro, en cuanto marca Messi, empiezan a gritar “¡ya estamos en la final!” Y dicen que, pese al despelote, el cabaret y el quilombo que se montó en la selección, estamos en octavos “porque producimos tantos jugadores que algo de talento debemos tener”.

Y, cuando alguien insiste en que ya son finalistas, una voz de ultratumba, que no parece del programa, como si un oficinista de Radio Mitre hubiese agarrado el micro, les dice: “Amigos, recuerden, que a los muertos se les cuenta fríos, no festejen aún, por favor”.

El 'penaltito' de Mascherano

Y, sí, tenía razón, porque Mascherano hace el 'penaltito' y le caen a gorrazos. “¡Pero, pibe, ‘jefesito’, flaco, que no estabas marcando a Van Basten, que no era nadie ese muchaaaaacho!” Y, entonces, surge otro creativo, otro publicista, otro psicoanalista, y dice que Maradona llamó a Sampaoli y le dijo “Jorge, ¿te puedo dar un consejo?” y el seleccionador respondió: “No, gracias, Dieguito, tengo muchos y ni los uso”.

La Plaza de San Martín, cuentan, es un auténtico funeral. Y, entonces, se oye a una chica, de voz timbrada y preciosa, que dice: “Quedan minutos, no jodan, acuérdense de cómo pasó la campeona del mundo, con ese golazo de Kroos, venga, venga, que llegará al final, seguro”.

Leo Messi controla un balón ante Bryan Idowu. / ETIENNE LAURENT

Y aparece otra voz de otro chistoso, cuando Sampaoli empieza a hacer los cambios. “Pero, Jorge, por qué me ‘sacas’, por qué me ‘sacas’” y el seleccionador le contesta: “Mejor pregúntame por qué te puse, por qué ¡carajo! te puse”.

Todo es una locura. Muy graciosa, inteligente, pensada, si no fuese porque suena a drama. Y el presentador se ve ya en la necesidad de quitar hierro al drama. O no. “Serenidad, señores, solo es fútbol, un deporte, casi un juego, tenemos cosas más serias que solucionar en este país. Les diremos a nuestros hijos que no es importante, que lo importante es participar, que nos vemos en Catar y que esperemos que allí ya no vaya Higuain”.

Casi campeones del mundo

Y, de pronto, el golazo de Rojo. Y más locura. Parece que entre todos, Silvia incluida, la productora que estaba llorando detrás del cristal, han abierto las ventanas de Radio Mitre y han lanzado el diván a la calle. La calle está plagada de gente que lo celebra. Celebra ¿qué? ¿qué Argentina está en los octavos de final de la Copa del Mundo? “No, no, no, que ya estamos en la final”.

Porque, como dijo el presentador, mientras Tato Aguilera desaparecía en el estadio de San Petesburgo (“por cierto, una ciudad sitiada por Hitler, en la que murieron más de un millón de habitantes de hambruna”, contó el historiador psicólogo), “Argentina está viva, ha resucitado, sigue latiendo, no está muerta, palpita desesperadamente. Que lo sepan, el país está ahora mismito suspendido en el aire, detenido entre nubes, ¡cómo debe ser, que carajo!”