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GRACIAS A NIGERIA

La última vida de Messi

La estrella todavía tiene esperanza si Argentina gana a Nigeria e Islandia empata o pierde con Croacia en la última jornada

Marcos López

Messi, abatido tras la derrota ante Croacia.

Messi, abatido tras la derrota ante Croacia. / REUTERS / CARLOS BARRIA

Cuatro pasos, no muy rápidos, cuerpo inclinado y la zurda no obedece a su dueño. En ese penalti que falló Messi ante Islandia se acabó Messi en Rusia. De pronto, se volvió misteriosamente irreconocible. Hasta para él. No era Leo quien tiraba de manera horrible esa pena máxima. Parecía un clon falso. A media altura y a la derecha de Hannes Halldorsson, el portero islandés del modesto Randers de la liga danesa, lanzó Messi. Falló ante ese guardameta, que hace de cineasta en su tiempo libre, un verdadero privilegiado porque de tanto estudiar al 10 de Argentina se coló "en su mente".

El fútbol, sin embargo, le ha dado una última bala a Messi. Última y definitiva. El triunfo de Nigeria sobre Islandia (2-0) abre la puerta de la esperanza a la albiceleste. Si la selección de Sampaoli gana a Nigeria en la última jornada podría llegar a octavos de final siempre que los islandeses pierdan o empaten contra la Croacia de Modric y Rakitic. Llevada la igualdad al grado máximo, Argentina también podría clasificarse en caso de victoria islandesa. Ahí la diferencia de goles es fundamental: (-3 para los argentinos, -2 para los islandeses).

No encuentra explicación Leo a esa repentina mutación que sufre cuando lleva la camiseta de su país. No es él

O sea, Messi aún tiene vida, mientras sigue buscando explicaciones a su misterio. Nadie ha estado dentro de su mente. Diríase que ni el propio Messi, incapaz de hallar explicación a esa angustia que siente cuando juega con Argentina. Messi es un verdadero misterio para Messi. No es él. Es su cuarto Mundial y, por una razón u otra, nunca ha sido quien realmente es. En el 2006, siendo muy joven (apenas 18 años), nunca creyeron en lo que ya se suponía que iba a ser Messi. Dejó, muy a su pesar, la primera imagen de esa fatalidad histórica que le persigue.

Alemania, 2006. Capítulo uno de la fatalidad. Messi, en el banquilo tras caer eliminada Argentina ante Alemania. / EFE / ESTEBAN COBO

Estaba sentado en el banquillo, atormentado por no haber jugado ni un solo minuto en el decisivo duelo de cuartos de final con Alemania. Pekerman, el seleccionador de aquella albiceleste, ni le miró y prefirió sacar a Julio Cruz por Hernán Crespo. Tras acabar la prórroga, Messi se quedó petrificado, con la mirada perdida, sin pisar el césped para compartir el dolor con los suyos.

Sudáfrica, 2010. Capítulo dos. Maradona junto a Messi. / AFP / javier soriano

Luego, en el 2010, dirigido por Maradona, o sea la sombra que le tortura a diario, ni rastro de él. Titular fue, pero nada de nada. Ni un solo gol marcó, a pesar de que ya era el mejor del mundo y uno de los mejores de la historia. Pero, por favor, no pregunten por Leo al sur del continente africano. Ni estuvo ni se le esperó. Segunda imagen de la fatalidad. El Dios Diego devoró al heredero Leo. No había consuelo para aquel contundente 4-0 de Alemania.

Aún le tortura aquel disparo que erró ante Neuer en la final de Maracaná, incapaz de olvidar "lo mal" que agarró la pelota

Cuatro años más después, con Alejandro Sabella, el seleccionador que mejor lo ha entendido y comprendido, se acercó a la puerta del paraíso. Llegó a la final después de un inicio volcánico donde Leo se reencontró con Messi. Poco a poco, se fue apagando aunque protagonizó un verdadero milagro: guiar a una mediocre y gris albiceleste hasta Maracaná. Pero un error le condenó. "El enfado por haber perdido la final del Mundial va a quedar siempre", dijo lamentando que aquel disparo que hizo rozara el poste de Neuer. Torturado como quedó siempre por ese disparo, como confesó años más tarde. "Un día tomando mate pienso en cómo le pegué, cómo tenía el apoyo, en lo mal que la agarré….".

Brasil, 2014. Capítulo tres. Messi pasa al lado de la Copa del Mundo en Maracaná. / bao taIliang

Imagen tres de la fatalidad. Messi, de nuevo con la mirada perdida, sube a la zona noble de Maracaná, curiosamente elegido como el mejor de la final, pero dejando de lado el trofeo de la Copa del Mundo a su derecha. Ni lo mira. Es la foto del dolor, captada por Bao Tailiang, un fotógrafo chino, que ganó el premio World Press Foto. 

Nunca digiere el dolor en público sino que lo interioriza de tal manera que le desgarra por dentro

"Pasar al lado de la Copa fue terrible”, admitió también años después porque Messi nunca digiere el dolor en público de manera inmediata. Lo proceso e interioriza hasta hacérsele insoportable porque la herida de lo profunda que es lo desgarra. Así sucedió en la final de Copa América del 2016 cuando falló un penalti decisivo contra la Chile, precisamente, de Sampaoli. Cansado de perder cuatro finales (tres de Copa América y uno del Mundial), Leo abandonó. “En el vestuario pensé que se terminó para mí la selección. No, no es para mí”, contó abatido el 27 de junio del 2016. Ni dos años han pasado de aquel día.

Rusia, 2018. Y capítulo cuatro. Messi, en la derrota ante Croacia. / VASSIL DONEv

"La selección juega como si Messi no existiera" (Jorge Valdano)

Quizá ahora se torture por volver a un lugar donde no es él, sin saber que estaba protagonizando la cuarta imagen de la fatalidad. Cuatro Mundiales, cuatro desastres. "La selección juega como si Messi no existiera", dijo Jorge Valdano. Messi no existió ni para Messi. Se suponía que Sampaoli, que mimó al diez en la fase de preparación del Mundial visitándole varias veces en su casa de Barcelona, iba a hacer un equipo para arroparle. Era (o debía ser) una Argentina para Leo. Lo que nadie imaginaba es que construyó Sampaoli una Argentina que torturó a Messi. No solo lo torturó sino que también lo saboteó haciéndole aburrir hasta el fútbol.

Messi, desconsolado tras perder con Croacia. / REUTERS / johannes eisele

"El plan A es balón a Messi y esperar un milagro. ¿Y si no funciona? Pues no hay plan B, ni C, ni D... " (Ardiles)

"Con el mejor jugador del mundo, no fue capaz de conformar un equipo competitivo", escribió Osvaldo Ardiles en su cuenta de Twitter censurando la pobre propuesta de Sampaoli. "El plan A es balón a Messi y esperar un milagro. ¿Y si el plan A no funciona? Pues, no hay plan B ni mucho menos C o D", añadió uno de los héroes argentinos que ganó el Mundial de 1978. "Todo el declive argentino de los últimos tiempos fue disimulado por este genio incomparable que tuvimos la suerte que nació en Argentina", siguió escribiendo. “Pero incluso para él fue demasiado. Muchísimas gracias por todo. Y muchísima suerte en tu futuro".

Cuando sonó el himno antes de Croacia, Leo se tapó la cara, adivinando tal vez la nueva catástrofe

Ya no parecía existir demasiado futuro para Leo en el Mundial, zarandeado por un pasado desastroso, pero Nigeria le ha abierto la última rendija, mientras él sigue hoy preguntándose donde está. El misterio no tiene solución. Y él lo advirtió antes que nadie. Cuando sonaba el himno de Argentina, pocos antes del drama ante Croacia, se tapaba la cara. Previno la catástrofe y nada pudo hacer para detenerla. Ignorado por Pekerman, consumido por Maradona, protegido por Sabella y desamparado por Sampaoli, Leo tiene ahora una pelota que le quema en sus pies. Es su última vida. Le queda ganar a Nigeria y esperar una caída islandesa. Le queda, en realidad, lo más difícil. Ser, de nuevo, Messi.

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