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LA DERROTA DE ARGENTINA

La vergüenza de haber sido, el dolor de ya no ser

Los argentinos rumian como un viejo tango de Gardel y necesitan chivos expiatorios

La necesidad de tener una figura salvadora siempre termina en desencanto

Abel Gilbert

Seguidores argentinos siguen el partido en una pantalla gigante en Moscú.

Seguidores argentinos siguen el partido en una pantalla gigante en Moscú. / EFE / MAXIM SHIPENKOV

Todo sucedió como muchos esperaban aunque se aferraran al sueño de grandeza. Bastaba abrir los ojos, mirar a Leonel Messi extraviado durante la ceremonia, para saber que se correría el velo de la pesadilla. El seleccionado que tiene en sus filas al mejor jugador del mundo mostró ante Croacia su costado más lastimoso, que, en un sentido, no es otro que el de gran parte de la misma sociedad que ensalza a sus ídolos y luego, con la velocidad de un suspiro, puede destilar la bilis condenatoria. Las ciudades se paralizaron para ver lo que sucedía en el estadio de Nizhny Nóvgorod con un pálpito aciago. Sobre el final del papelón quedó en el aire la pregunta de cómo se había caído tan abajo. Como señala "Cuesta abajo", el antológico tango que cantaba Carlos Gardel, un país lloraba "la vergüenza de haber sido/ El dolor de ya no ser". Habría que agregarle "campeones".

Linchamiento a Messi

Jorge Sampaoli fue insultado por miles de argentinos que se endeudaron para viajar a Rusia cuando el dólar valía un 30% menos. El hundimiento del peso, visto desde lejos y en medio de una eliminación que se da casi por sentada, dolía más. También la cargaron contra Leo. Varios periodistas se olvidaron de la pleitesía cortesana con Messi. Nuevos y viejos rufianes levantaron la voz. Los que siempre tuvieron con él una tirria inexplicable tuvieron la hora esperada de lincharlo (aunque volverán a cambiar de opinión si Argentina vence a Nigeria y ocurre el milagro). No se puede vivir en Argentina sin un chivo expiatorio sobre el que descargar el rencor y las frustraciones. En un país que rinde culto a la personalidad ("Perón, Perón, qué grande sos/ mi general, cuánto valés", se canta en la 'Marcha peronista'), Messi solo puede ser visto como una figura salvadora. Mesiánica. "No puede fallarnos", se dijo, como si se hubiera tratado de un agravio personal y colectivo. Las consideraciones futbolísticas –el hecho de que apenas tocó 20 balones, mucho menos que el inefable Caballero - quedaron relegadas.

El mensaje de Simeone

Hasta Diego Simeone se sumó al festival de la denostación (¿por haber querido quitarle a Griezmann?). "Mirá, Burgos -dice en un mensaje de voz privado al Mono Burgos que se acabó filtrando-, vamos por partes: lo que está pasando en estos momentos y lo que le pasó a la selección en estos últimos cuatro años, desgraciadamente, es anarquía, no hay liderazgo ni de parte de la directiva ni de los que conducen. Veo que el equipo está perdido", empieza diciendo, para acabar citando a Leo: ""Esto es para darnos cuenta de que Messi es muy bueno, está muy claro, pero esta acompañado de extraordinarios jugadores. Para un equipo normal, dime la verdad, ¿le elegirías a él o a Cristiano?". 

"Daba vergüenza, en la noche rusa, ver como miles y miles de argentinos abucheaban a Caballero con cada pelota que tocaba. Hay algo profundamente enfermo ahí, una enfermedad que combina el ventajismo con la ley de la selva", señaló el enviado de 'La Nación', Sebastián Fest.

Las emociones evitaron hablar de la mala elección de los entrenadores (tras el Mundial de 2014 estuvieron Tata Martino, Edgardo Bauza y Sampaoli), el caos en los juveniles, la ruina dela Federación, la incapacidad para potenciar a Messi y la situación anímica después de perder tres finales. Desde hace tiempo, recordó Gustavo Veiga en 'Página 12', el fútbol argentino es "como el Titanic pero sin capitán. No se ve a nadie sobre la cubierta y se llevaron hasta los botes". Antes del colapso, el Ministerio de Seguridad argentino le retiró el permiso para entrar a los estadios rusos a un turista que había grabado un video denigrante para una joven rusa y que había subido a las redes sociales. La indujo a decir obscenidades en un castellano que no conocía. Esa fanfarronería lo hacía sentirse superior. "No queremos que una persona que tiene ese tipo de valores y conductas nos deje mal parados ante el mundo", dijo el ministerio. Pero en el gesto vergonzante de ese turista que en Buenos Aires vende automóviles se esconde una fantasía de "ser mejor" y más astuto que comparte con millones, esos que siempre pensaron que la Copa es un derecho divino y nunca quisieron escuchar las advertencias de Messi: Argentina no era, no podía ser candidata.

El fútbol pesa tanto aquí que, al asumir, el presidente de derechas Mauricio Macri dijo que llegaba al Gobierno con "el mejor equipo de los últimos 50 años". Varios ministros se tuvieron que ir. Fútbol y política son dos caras de una misma moneda del desencanto. Ahora que el Mundial que se aleja, los enconos puestos en suspenso se reactivan. El lunes habrá una huelga general. Vienen angustias mayores: la inflación, los nuevos tarifazos, la fiebre especulativa, el paro y la recesión. Ningún gol termina por disimular la falta de horizonte.

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