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LA VOZ DEL PUEBLO

Camacho, fútbol con mondadientes

Los comentarios previsibles y de barra de bar del exseleccionador le convierten en protagonista inesperado de los encuentros de La Roja

Juan Fernández

José Antonio Camacho y Manu Carreño, en el Irán-España.

José Antonio Camacho y Manu Carreño, en el Irán-España.

Las retransmisiones de los partidos de La Roja que ofrece Tele 5 en el Mundial de Rusia están consagrando una nueva modalidad de disfrute, de cariz chusco y jocoso, que se añade a la incertidumbre por el devenir de las jugadas y del resultado. Consiste en seguir los encuentros atendiendo a las opiniones que aporta José Antonio Camacho, ex seleccionador nacional y ahora comentarista de cabecera de Mediaset. A mitad de camino entre el chascarrillo de barra de bar y la opinión previsible del cuñado forofo, las ‘camachadas’ conforman ya un subgénero en el mundillo del análisis futbolístico y en esta competición están otorgando a su autor un protagonismo digno de figura mediática.

Solo hay que asomarse al patio de vecinos de Twitter durante los partidos de España para comprobar hasta qué punto las ocurrencias del murciano compiten en interés entre los aficionados con el desempeño del combinado nacional. Entre la guasa y el rubor ajeno, no hay encuentro de la Roja en el que la comunidad tuitera no acabe encumbrando a Camacho a la categoría de estrella del lance.

Regalo para la audiencia

El exentrenador lo pone fácil: en el enfrentamiento contra Irán, Camacho volvió a regalarle a la audiencia un manojo de frases de depurado “camachismo”, expresión de la pasión futbolera consistente en interpretar el juego subrayando obviedades y soltando topicazos con voz cazallera y un palillo entre los dientes.

Que nadie espere de él sesudos análisis de las jugadas. Lo suyo es calentar los corazones del público con un “¡vamos, que ellos suben, pero bajan en sprint!”, como advirtió tras un repliegue de Irán, y tranquilizar a la afición afirmando solemne: “El tiro no ha sido bueno, pero a lo mejor el siguiente sí es bueno”, corolario marca de la casa a un fallido libre directo de Silva.

Frente al experto que interpreta y pronostica, el fuerte de Camacho consiste en describir a toro pasado con lenguaje llano. “Le ha metido el cazo”, dijo para afear una falta sufrida por Busquet. “El balón ha pasado por encima de las cabezas, como peinándolas”, observó a un lanzamiento de Irán. Como el forofo que le grita al televisor en el salón de su casa, Camacho tiraba de imperativos para pedirle a Piqué “¡quédate ahí!”, tras una subida del central al área contraria. Después del gol de Costa, prevenía a todo el equipo: “¡Cuidadito, ¿eh?, no podemos dormirnos!”.

¿Hay que proponer estrategias? Ningún problema: en el mismo minuto, Camacho puede pedir tiros de lejos, “porque tampoco vamos a entrar siempre hasta la cocina”, y acto seguido exigir: “Hay que pisar más el área”. Aunque su gran aportación de la velada a la teoría futbolística fueron dos comentarios: “Es muy difícil robarles el balón a ellos, porque no lo tienen”; y: “Es fundamental que los centrales estén centrados”. Exégetas del ‘camachismo’ y expertos en hermenéutica en general siguen a estas horas dándole vueltas a ambas proclamas.

Pídanle frases hechas que retumben en la cabeza del seguidor –“No hay enemigo pequeño”, “hay que estar preparados para lo difícil”, “unos se dedican a atacar, otros a defender”, dijo en varios momentos del lance-, pero no le pidan que se sepa el nombre de los iraníes, aunque se apelliden Azmoun, rebautizado por Camacho como “el 20” y “el que las toca todas”. Al fin y al cabo, Tele 5 no le lleva al Mundial para ilustrar, sino para arengar.

Acabado el España-Irán, rechazó una invitación de la cadena para participar en la tertulia que siguió al partido. Una cámara indiscreta captó el momento en el que el de Cieza, que lleva mejor las sobaqueras de las camisas desde que es imagen de una firma de desodorantes, hacía aspavientos para negarse. Una cosa es comentar el encuentro con Kiko Narváez y Manu Carreño, y otra sacarle punta con Matamoros y el conde Lequio. Estos conocen sus armas.

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