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Beiranvand, el portero de Irán que dormía en la calle

El arquero de la selección asiática, criado en una familia de pastores nómadas, vivió un duro camino para cumplir su sueño de ser futbolista

Raúl Paniagua

Beiranvand, el portero de Irán, celebra el triunfo sobre Marruecos, junto a un compañero.

Beiranvand, el portero de Irán, celebra el triunfo sobre Marruecos, junto a un compañero. / AFP / CHRISTOPHE SIMON

Había una vez un niño iraní llamado Alireza Beiranvand que viajaba con su familia nómada en busca de buenos pastos para las ovejas. Su ilusión era el fútbol y mataba los ratos libres jugando al Dal Paran, un juego autóctono que consiste en lanzar piedras lo más lejos posible.

Él quería ser portero, pero su padre le destrozaba los guantes y le escondía las botas para que se olvidara del balón y se centrara en el trabajo. Hasta que un día se hartó, se escapó de casa y vivió a la intemperie en busca de una oportunidad en algún equipo. Durmió en la calle, fue lavacochespizzero y barrendero hasta que se abrió una puerta. Aquel crío es hoy el portero titular de la selección de Irán en el Mundial. El cuento se hizo realidad.

Saques espectaculares

La historia de Beiranvand (Sarabias, 25 años) podría nutrir el guión de cualquier film de superación. Nacido en Sarabias, un pequeño asentamiento de un millar de habitantes de Irán, empezó pronto a vagar de un lado para otro.

Beiranvand, en un entrenamiento de la selección iraní / Alexander nemenov (afp)

Ayudaba a sus padres y hermanos como pastor hasta que la familia decidió asentarse en la pequeña capital del Lorestán. Tenía 12 años Alireza y ya estaba loco por el balón. También le encantaba ese peculiar juego con piedras que le convertiría más adelante en el portero con el brazo más poderoso, capaz de lanzar el esférico a 65 metros, mucho más allá del círculo central.

Escapada a la capital

Empezó de delantero pero una lesión del meta de su equipo le llevó por primera vez al marco en un partido de infantiles. Ese día decidió que ya nunca más se separaría de la portería. Su padre, el recio Morteza Beiranvand, le puso todas las trabas posibles. Quería otro futuro para su hijo hasta que agotó la paciencia del joven, que huyó del pueblo y se marchó a la capital para cumplir su sueño.

"Alguna mañana me desperté con monedas a mi alrededor. La gente creía que era un mendigo", recuerda

En Teherán topó con Hossein Feiz, el jefe de una escuela de fútbol que le ofreció un hueco pero Alireza no tenía dinero. Durmió varias noches junto al arco Azadi, rodeado de vagabundos. Su insistencia llevó al técnico a compadecerse. Le dio una oportunidad, superó la prueba y comenzó su camino. Faltaba costearse todo. Probó en un taller de costura y siguió en otros humildes oficios.

Pasó por varias aventuras hasta que una llamada allanó todo. Fue convocado con la selección sub-21, destacó en el Naft de Teherán y empezó a llamar la atención con sus espectaculares saques con la mano, sus reflejos y sus paradas felinas. Ahora es una referencia en el Persépolis Queiroz le ha dado la titularidad de la selección. Ante Marruecos se agigantó y este miércoles espera a España.

Los sacrificios de la vida

"Hace años no tenía ni un lugar donde dormir. Alguna mañana me desperté con monedas a mi alrededor. La gente creía que era un mendigo. El mayor reto son los sacrificios que he tenido que afrontar a lo largo de mi carrera", explica el portero, consciente del trabajo que le espera ante ‘la Roja’. "Todo el mundo sabe que España es una de las selecciones más grandes de la historia del fútbol".

La vida ha cambiado mucho para Beiranvand, uno de los ídolos de un país con más de 80 millones de fieles volcados con su selección. En San Petersburgo hubo 20.000 iranís siguiendo el choque contra Marruecos. Este miércoles se esperan más de 15.000. Su portero, un antiguo sin techo que no descansó hasta alcanzar su meta, intentará prolongar el sueño persa.

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