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EL PERSONAJE

Laura Ràfols, la niña que quería ser Victor Valdés

Después de más de 12 años en el club, la portera del Barça femenino anunció su adiós con un discurso conmovedor

Emilio Pérez de Rozas

El miércoles, en la misma sala de prensa donde Andrés Iniesta nos dijo que nos dejaba, Laura Ràfols (Vilafranca del Penedés, 1990), una muchacha tan carismática como él, convocó a todas sus compañeras, al 'staff' técnico del Barça femenino de fútbol, a los pocos directivos que quisieron ir, a su familia y a la prensa (fuimos diez) para decirnos lo mismo en un discurso, eso sí, estremecedor, inspiradísimo, único, arrancado, que no salido, del alma, partiendo de una sentencia de Carles Capdevila: "Lo importante, lo decisivo, es lo que nos decimos a nosotros mismos".

Ràfols, capitana, autoridad, colega, cómplice, con más de 12 años en el Barça, apareció en la sala con unos papeles prendidos de sus dedos de guardameta. Y se le notaba, no nerviosa, más que eso. Estaba conmocionada, necesitada de decir tantas cosas y dar tantas gracias que prefirió escribirlo para no olvidarse de nadie y, mucho menos, de la abuela Marieta, que aprendió a dar volteretas en las vallas de todos los campos de fútbol de Catalunya persiguiendo a su nieta, apoyándola; como la apoyó, casi nada más nacer, el 'tiet' Josep, que la apuntó entre los niños del Atlètic Vilafranca para que acabase de portera "porque todos querían ser Messi y nadie quería ponerse en la portería".

Ese discurso, esa retahíla de agradecimientos, esa disertación, ese intercambio de recuerdos, consejos, anécdotas, vivencias, elogios y nostalgias, deberían publicarse pues les (nos) hizo emocionar a todos. Hasta ella necesitó de cinco o seis tragos de agua, de tres o cuatro tiempos muertos, de dos o tres guiños a la grada ("¡uf!, como cuesta"), para seguir leyendo, a trompicones, la historia de una niña que rompió con todo, que se abrió camino entre un ambiente, si no hostil, sí atónito porque la niña quería ser futbolista. Pero la niña acabó siendo lo que quería ser: la portera del Barça. Porque si algo quedó cristalino en ese mediodía del miércoles es que la historia de Laura Ràfols es la historia del estallido del fútbol femenino en España.

La camiseta de Koeman

Por eso ella quiso dejar muy claro frente a su pequeño mundo, que gracias a que papá Joan y mamá Assumpta le dejaron, la animaron, la empujaron a cumplir su instinto, ella acabó siendo la mujer más feliz de la tierra. Gracias a que el 'tiet' Josep le regaló, cuando tenía dos años y tres meses, la camiseta con el número 4 de Ronald Koeman, poco después de la noche mágica de Wembley-92, ella se abrió camino en un mundo de machitos. Y gracias a que Marieta jamás se separó de ella, supo que la familia entera veía con buenos ojos que ella, Laura, imitase, copiase, clonase, todos y cada uno de los gestos del portentoso Víctor Valdés, que se entrenaba con el filial en el campo de al lado donde ella dio sus primeros pasos en el Barça.

Cuando tenía dos años, los reyes le trajeron una muñeca; ella le arrancó la cabeza y empezó a chutarla como si fuera un balón

Semejantes ganas, vocación e ilusión, un sueño de esas dimensiones, solo podía surgir del alma. "Nació con ello, lo llevaba en los genes. ¡Y eso que a mí el fútbol no me gusta! El loco es el 'tiet', no yo", explica papá Joan, feliz pero entristecido por la despedida de su chica (perdón, de su primera chica, la segunda se llama Laia y tampoco a ella le gusta el fútbol). Pero, ¿cómo es posible que descubriesen tan pronto que Laura quería ser portera de fútbol? "Fue demasiado sencillo saberlo. En los reyes de 1992, el año de la Champions de Wembley, ella tenía poco más de dos años y su regalo fue una muñeca con su cochecito y cocinita al completo. En cuanto la vio, se fue hacia ella, le arrancó la cabeza y empezó a chutarla por el pasillo, por toda la casa, como si fuese un balón. Bueno, ¡era su balón! A partir de entonces, todos los regalos fueron balones de fútbol", relata mamá Assumpta tan tranquila. Como si fuese normal, vaya. Y lo era, sí.

Se va Laura Ràfols asegurando, se le nota en el rostro, que si de algo se siente orgullosa, "muy orgullosa", es de haber estado presente en el estallido ("aunque aún nos falta mucho por conquistar") del deporte femenino, del fútbol femenino. Y razón tiene para estarlo, ¡vaya que sí!

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