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FINAL DE LA LIGA DE CAMPEONES

Las leyendas inesperadas del Liverpool

En cuatro de las cinco finales ganadas por los 'reds' el protagonismo recayó en jugadores que aparecían como secundarios

POL GUSTEMS

Riise y Carragher acuden a felicitar a Dudek, que acaba de detener el penalti decisivo a Shevchenko en la final del 2005. 

Riise y Carragher acuden a felicitar a Dudek, que acaba de detener el penalti decisivo a Shevchenko en la final del 2005.  / REUTERS / STEFANO RELLANDINI

Emlyn Hughes, Phil Thompson, Graeme Souness y Steven Gerrard. Quizá también Jordan Henderson. Todos ellos británicos. Son los futbolistas que han levantado una Copa de Europa como capitanes del Liverpool en Roma, Londres, París, Roma de nuevo y Estambul. Y, tal vez, Kiev. Otra leyenda 'red' como Jamie Carragher asocia estas capitales a su canción preferida de los Beatles: "Hay sitios que recordaré toda mi vida".

Encomendarse a Mohamed Salah para lograr la sexta puede ser una distracción; fijar toda la atención en las carreras del egipcio para desencallar la final desde la posición menos pensada. En las grandes citas del Liverpool la película suelen, salvo una vez, resolverla los secundarios. A menudo, el baile de un portero bajo los postes; otras, un jugador que nunca marcaba goles; incluso defensores que estaban a punto de retirarse. La historia europea de los 'reds' contempla esta clase de leyendas. Las que lo fueron cuando nadie las esperaba.

Gente de la casa

La vida deportiva de Terry McDermott cambió el 25 de mayo de 1977. Habían pasado un par de años desde su fichaje por el Liverpool. Era el club de sus amores. Desde los 10 años había sido un habitual en la grada más famosa de Anfield, The Kop, pero esas primeras temporadas apenas sumó minutos. Estuvieron a punto de traspasarlo. Bob Paisley decidió quedárselo un año más y aunque solo metió un gol en liga esa temporada, anotaría el primero de la final de Roma ante el Borussia Mönchengladbach. El primer gol del Liverpool en una final de Champions lo marcó uno de la casa. Y el segundo también. Fue el central Tommy Smith, al que le quedaban unos pocos partidos. Tenía 32 años y tras una larga carrera de rojo estaba a punto de colgar las botas. El último fue de Phil Neal, lateral derecho, que sería una habitual estrella invitada de los partidos importantes.

En Roma no marcó Kevin Keegan, pero en Wembley, al año siguiente, sí lo hizo su sustituto. En su primer año en el Liverpool, el escocés Kenny Dalglish decidió la final de 1978 picando suavemente el esférico por encima del guardameta del Brujas. Es la única de las cinco finales ganadas con un protagonista esperado. El dominio del gigante del Mersey continuaba y solo tuvieron que esperar tres años para llegar a una nueva final europea. Esta les enfrentaría al Real Madrid en el Parque de los Príncipes de París. La final de Alan Kennedy.

Kennedy llegó al Liverpool con la confianza total de su entrenador. Paisley llegó a decir: "Si este tío no juega para Inglaterra, me voy a tirar al río Mersey cuando la marea sea baja". No tuvo que hacerlo, porque Kennedy fue internacional, aunque solo fuese un par de veces. La final de 1981 la ganó el Liverpool a los blancos con un solitario gol suyo. Hay quien aún pone en duda que quisiera disparar a portería y no centrar; Kennedy nunca se caracterizó por una técnica depurada.

La danza de Grobelaar

La final de 1984 frente a la Roma se decidió en los penaltis y tuvo dos héroes. Uno, Bruce Grobbelaar, cuya danza sobre la raya de gol ha pasado a la historia. Sus movimientos de distracción bajo los postes, especialmente en el tiro de Graziani, son historia de la Copa de Europa. El otro héroe fue otra vez Alan Kennedy, lanzador del penalti decisivo; fiel a su leyenda, acabó golpeando el balón con el tobillo y marcó por pura fortuna.

En la última victoria 'red' el protagonista fue el menos popular de todos. Ocurrió en la remontada histórica de Estambul, ante el todopoderoso Milan de Carlo Ancelotti. Perdían 3 a 0 en la media parte. Steven Gerrard levantó el ánimo de los ingleses en la segunda parte. Marcó un gol y forzó un penalti. Sin embargo, las primeras y las últimas líneas de las crónicas fueron para el portero Jerzy Dudek. Tenía 32 años y aquella temporada su nivel había descendido. Rafa Benítez le sentó en el banquillo durante varios partidos, dando la titularidad a Chris Kirkland. En realidad sería la última temporada de Dudek como primera opción, ya que en verano llegaría Pepe Reina a Anfield. Antes, su momento. La imposible doble parada a Shevchenko en la prórroga y su exhibición en la tanda de penaltis, dónde atajó los lanzamientos de Andrea Pirlo y del ucraniano. 

Shevchenko es el hilo conductor desde la final del 2005. Nació en Kiev y es el embajador de esta edición. Si el relato continúa, en vez de Salah, quizás estemos ante la gran noche de Karius, Lovren o Alexander-Arnold. 

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