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FINAL DE TEMPORADA

El valor de ganar ligas

Restar mérito a los títulos nacionales no solo es injusto, sino que cuestiona su propia existencia y nos acerca a un futuro sin alma

Axel Torres

Ernesto Valverde celebra el título de Liga con sus jugadores tras la victoria ante el Deportivo en Riazor.

Ernesto Valverde celebra el título de Liga con sus jugadores tras la victoria ante el Deportivo en Riazor. / JORDI COTRINA

El fútbol mundial lleva algunas temporadas instalado en una dinámica peligrosa. El Barcelona, el Manchester City, el Bayern, la Juventus y el PSG se han llevado las mejores ligas de Europa, pero su temporada se observa desde muchos sectores como incompleta y, en algunos casos, casi como un fracaso. Da la sensación de que, en esta época, si no ganas la Champions League, nada más importa. Da igual que arrases en el torneo de la regularidad o que incluso le pongas un broche de oro a tu participación en las competiciones nacionales llevándote también la Copa. Si tienes una mala noche en Europa, incluso un entrenador que supere récords de puntos será discutido por el periodismo.

Es cierto que en la era de los superclubes cada vez hay menos imprevisibilidad en la mayoría de ligas europeas, reduciéndose al máximo la posibilidad de que equipos que no parten como favoritos acaben proclamándose campeones. Y, en torneos en los que las diferencias son abismales entre un único conjunto dominador y el resto, es hasta cierto punto lógico quitar valor al mero hecho de acabar en primera posición (aunque esto no debe conllevar, automáticamente, que el logro sea sencillo, especialmente si se ha conseguido con puntuaciones sin precedentes o con un nivel de juego dificilísimo de alcanzar).

Un mérito extraordinario

Pero lo que es incomprensible es que también se reste mérito a los campeones de ligas en las que sí coinciden varios superclubes convertidos en poderosísimas marcas globales. El campeón de la Liga española, la Liga del Real Madrid y el Barça –y de un Atlético que, como hemos visto recientemente en Europa, no puede ser observado como una mera comparsa-, tiene que ser, necesariamente, un campeón extraordinariamente meritorio. Y el de la Premier League, con hasta seis equipos que se sentirían ofendidos si mañana se creara una Superliga Europea y alguno de ellos fuera excluido de la idea, debe ser visto siempre como uno de los triunfadores del año en el fútbol mundial, le ocurra lo que le ocurra en la Champions.

Devaluar los títulos
nacionales supone acabar con todo aquello que ha construido la esencia del fútbol

Y no cito la Superliga de manera casual. Pienso que este desprecio a los torneos nacionales tiene mucho que ver con esa idea que amenaza con excluir a la inmensa mayoría de las aficiones del continente del sueño de pelear con los mejores. Porque si esta manera de pensar se acaba imponiendo, los mandamases de los superclubes acabarán renunciando a participar en algo a lo que el público no dé valor. "Si ganar la Liga no importa, ¿por qué jugarla", dirán.

Y esto acabaría con todo aquello que ha construido la esencia del fútbol desde su fundación: las rivalidades locales y regionales, la conformación de una cultura balompédica común que se va construyendo con el tiempo entre los aficionados que comparten referentes y que leen, ven y escuchan los mismos medios –porque hablan las mismas lenguas-, el hábito de viajar regularmente de las hinchadas acompañando a sus equipos cuando juegan de visitante... Nada de eso podrá ser sustituido por el supuesto entretenimiento y espectáculo máximo que nos prometen los vendedores de Superligas sin alma.

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