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GOLPE PARA OLVIDAR

Pobre Messi, hasta sin jugar, juzgado en Argentina

El país llora, pero a la vez protesta, por la goleada encajada ante España

Abel Gilbert

Jorge Sampaoli, seleccionador argentino, en Madrid.

Jorge Sampaoli, seleccionador argentino, en Madrid. / Francisco Seco (AP)

Los argentinos volvieron a padecer el efecto de sus emociones pendulares. Si horas antes, avalados por una victoria a la módica Italia, se sentían campeones del mundo sin pisar suelo ruso, la paliza española provocó el efecto contrario: "somos los peores", se repite. "No sabemos quiénes van a jugar". "Di María se borra siempre". "Mascherano no puede jugar más", condenan a quien fuera uno de los estandartes del seleccionado.

El histórico 6-1 en Madrid – equivalente al 5-0 propinado por los colombianos en las eliminatorias de 1994 o el 6-1 que recibió de los checoslovacos en Suecia 58- se ha convertido en una experiencia futbolística indigerible. Ni siquiera la moderación de Julen Lopetegui, quien dijo que el amistoso entre los seleccionados no es una medida de la realidad de Argentina, atenuó la furia de un país donde cada ciudadano se considera un entrenador en potencia.

La euforia previa a la goleada incluía una versión de 'Despacito', el tema de Luis Fonsi, en el cual, con la letra cambiada, se profetizaba un triunfo glorioso en Rusia y un amor incondicional por los colores celeste y blanco. Después del papelón madrileño ocurre lo contrario: la música es la de un tango fúnebre. Jorge Sampaoli pasó de ser un estratega que no renuncia a sus principios a un "vendedor de humo".

 "Mala idea jugar contra España. Mala idea confrontar a un equipo que busca contra otro que ya encontró. Porque el equipo que tiene todo claro dejó lleno de confusión al otro, que pensaba que iba en camino de conseguir su estilo", dijo 'Clarín'. Sampaoli nunca quiso este partido. De alguna manera sugirió las diferencias que separaban a ambas selecciones antes que chocaran entre sí. "Se habla de identidad, de idea de juego. Y a España le sobra todo eso. En cambio, Argentina está en plena búsqueda y este 6-1 parece indicar que está muy lejos de hallarla. Puede ser injusto, porque sin Messi, Agüero y Di María la categoría de la selección se acerca demasiado a una segunda selección. No es novedad que cuando juega Messi se disimulan muchas cosas, y que lo que falta se nota menos", añadió 'Clarín'.

"Peor que esto no se puede jugar", dijo el comentarista deportivo Alejandro Fantino.  "Esto es duro, muy duro", diagnóstico Carlos Bilardo, el entrenador campeón mundial en 1986. Ezequiel Fernández Moores, quizás el mejor periodista deportivo de este país, fue también punzante. "Hacía tiempo que no veía a una selección argentina tan superada. Individual y colectivamente. Física y técnicamente. Y que encima facilitara todo al rival cometiendo algunos errores de principiante, acaso explicables a partir de la fragilidad anímica que desnudó padecer tanta impotencia".  

Fernández Moores intentó en su análisis más allá del resultado. "En nuestra habitual arrogancia solemos creer que no hay en el mundo jugador con mayor personalidad que el jugador argentino. Sin embargo, ayer, después de la primera adversidad, apareció otra vez esa fragilidad que ya alarma, la sensación de que ya nada podrá revertirse, ni siquiera con Messi dentro de la cancha. Acaso algunos confundan personalidad con esos golpes finales que buscaron intimidar ayer a España".

De una manera inesperada, los argentinos recordaron que su seleccionado se clasificó agónicamente en las eliminatorias. "Nadie puede ubicar a Argentina en el grupo de candidatos para el Mundial solo porque algunos de sus jugadores se destacan en Europa. La selección mezcla dos ingredientes fatales para armar un buen equipo: un numeroso grupo de jugadores poco confiables y un técnico que vive cambiando", indicó el diario deportivo Olé.

Sampaoli asumió responsabilidades e insinuó que repensará toda su lista de convocados al Mundial. Diego Armando Maradona se abstuvo de crucificarlo y llamó esta vez a respaldar al seleccionado. "En este momento, lo único que queda es mejorar. Vamos Argentina, siempre".

La imagen de Messi tomándose la cabeza en la platea resumió todo. Y aunque no jugó, cayó sobre él cierta sospecha. No faltaron los que dijeron que quiso preservarse por los compromisos que le esperan con el Barça y que, como conoce el nivel del seleccionado español, evitó ser partícipe del papelón. Pobre Messi. Hasta sin jugar es juzgado porque no se puede ver lo evidente.

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