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ESCALADA EN ROCA

Sílvia Vidal, silencio en las alturas

Esta alpinista barcelonesa afronta sus expediciones como un reto vital y completamente incomunicada durante la aventura

Jordi Tió

Sílvia Vidal, durante la apertura de la vía Un pas més en Alaska, el pasado julio.

Sílvia Vidal, durante la apertura de la vía Un pas més en Alaska, el pasado julio. / SÍLVIA VIDAL

No tiene el foco mediático de Kilian Jornet, Òscar Cadiach o Ferran Latorre, por poner tres grandes figuras del alpinismo catalán, pero las escaladas de Sílvia Vidal también quitan el hipo porque sus ascensiones, ya de por sí de alta dificultad técnica, van mucho más allá de la simple actividad deportiva. De hecho, esta barcelonesa de 47 años entiende el alpinismo como una aventura vital que le sirve para saciar su irrefrenable «necesidad de experimentar» cuando anda colgada en la pared, habitualmente en solitario. Porque es en soledad, «la buena soledad, que es la que se escoge», matiza Sílvia, cuando tiene la posibilidad de exprimir estas sensaciones «en toda su dimensión». Para lo bueno y también para lo malo.

Un ejemplo de ello es su última aventura, palabra, esta última, que en su caso hacer honor a la realidad en toda su dimensión. Fue en julio del 2017 cuando Sílvia se adentró en solitario en Alaska en busca de una pared por la que había sentido una atracción especial, meses antes, visionando el vídeo de unos escaladores norteamericanos. El plan: abrir una nueva vía en la cara oeste de Xanadú, una ruta de 530 metros de alta dificultad, reto que no solo afrontaba en soledad (perdón, «en buena soledad»), sino también incomunicada. El último contacto fue con el piloto del hidroavión que la dejó junto a un lago con 150 kilos de material y comida para dos meses. El pacto: reencontrarse en el mismo punto pasado ese tiempo. Nada más. Y nada menos.

Sin teléfono móvil

«El hecho de ir incomunicada es porque si voy en solitario es para vivir esta soledad en toda su dimensión, y un teléfono lo cambiaría todo». Ya, ¿y si sufre un accidente? «Es cierto que en ese caso un móvil podría ayudar, pero también lo es que si lo llevara me sería mucho más difícil sobrellevar los momentos duros, ya que no usar un teléfono cuando lo tienes a mano, para mí, es más difícil que el hecho de no tenerlo. Y los momentos que lo pasas mal son más comunes que tener un accidente».

"El hecho de ir incomunicada es porque si voy en solitario es para vivir esta soledad en toda su dimensión, y un teléfono lo cambiaría todo"

Sílvia Vidal

Alpinista

Y como el que no se consuela es porque no quiere, recuerda Vidal que incluso en el caso de llevar teléfono, cosa que nunca ha hecho (ni en el Himalaya, ni en los Andes ni en Patagonia…), tampoco le habría sido de utilidad. «Al tratarse de una zona inaccesible, en caso de accidente, tampoco habría opción de rescate».

El peligro de los osos  

Y, así, en solitario e incomunicada, estuvo Sílvia 53 días en Alaska, donde, por decirlo de alguna manera, lo de menos fueron los 17 días y 16 noches que estuvo colgada en la pared. Allí, de hecho, disfrutaba de lo lindo. Los problemas los tuvo durante los 36 días (16 de ida y 20 de vuelta, tras la escalada) de duro porteo del material por la presencia de unos visitantes con los que no quería cruzarse por más que sabía que habitaban por allí. «Por dos veces me encontré cara a cara con un oso, y en las dos ocasiones se acabó marchando, aunque en la primera me costó media hora», recuerda, todavía con el miedo metido en el cuerpo.

El poder de la mente

A pesar de conocer el protocolo al que recurrir cuando uno se topa con un plantígrado (gritar, hacer ruido pero nunca correr dándole la espalda) y de llevar un espray anti-osos,  recurrió a un método distinto para ahuyentarlo. «Le pedí permiso para entrar en su territorio y que no me hiciera daño. Entonces se fue». Convencida del poder de la mente, sea como fuere, surtió efecto. Sin embargo, el susto no se lo quita nadie. «No tengo palabras para describir el miedo que pasé cada vez que se me acercaba o cuando intentaba abrir uno de los bidones donde llevaba la comida».

También recurrió a la fuerza mental para superar una lesión en las rodillas producto de las interminables caminatas llevando el material. En total, recorrió 540 kilómetros cargando uno a uno los seis bultos de 25 kilos cada uno. «A cada paso que doy, mis cartílagos se regeneran», fue el mantra que repitió miles y miles de veces. Tres días más tarde, las rodillas dejaron de mortificarla. «Nuestra mente es una herramienta muy poderosa que viene con nosotros y la podemos utilizar cuando queremos, no solo en situaciones extremas». Estaba lista para aventurarse en la roca. «Es un privilegio estar tantos días colgada en la pared, vivir en vertical, donde tienes tu casa (una hamaca) con vistas panorámicas espectaculares», explica esta aventurera, que culminó con éxito la apertura de la vía, de 530 metros, a la que bautizó como 'Un pas més'.

Tarea de divulgación

Sílvia se dedica a divulgar su experiencia en clubs de montaña, empresas, con charlas motivacionales, y escuelas (www.vidalsilvia.com). En un mundo global, de interconexión y redes sociales para contrarrestar la soledad creciente, nadie como ella para profundizar en los beneficios de la conexión interna con uno mismo, en silencio. Eso sí, sin tener que estar colgado de una pared. Sería pedir demasiado.

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