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ANÁLISIS

Los amaños en el deporte base: una amenaza presente

Las trampas destrozan la idea instalada en la sociedad de que la competición es mínimamente justa

José Luis Pérez Triviño

Gabi (Zaragoza) y Nano (Levante), durante el partido que acabó en empate (2011).

Gabi (Zaragoza) y Nano (Levante), durante el partido que acabó en empate (2011). / Javier Cebollada

Como otros fenómenos sociales centrales en nuestra vida social -la religión, el dinero, la democracia-, el fútbol descansa su éxito en una creencia compartida: que la competición es mínimamente justa. Este es el principal motivo que lleva a los aficionados a los campos de fútbol de primera división, pero también a los campos de fútbol de otras categorías: alevines, infantiles, juveniles, aficionados.

Los aficionados creemos que los resultados de los partidos son el resultado de los méritos de los equipos y no cabe en nuestra mente que los resultados finales u otros aspectos del juego hayan sido decididos previamente y para beneficiar a ciertas personas que “compran” la voluntad de los jugadores implicados.

Aquel sospechoso Levante-Zaragoza

Pero esto es lo que está sucediendo en la actualidad. Creíamos que la transformación del fútbol por influencia de factores extradeportivos se limitaba al ámbito profesional (véase los escándalos que han sacudido la liga italiana o los de aquí, como el renacido caso relativo al partido Levante-Zaragoza de 2011).

Pero no es así, también en otras categorías que parecían ajenas a los influjos del dinero y de la voraz ambición de los estafadores se amañan partidos. Así sucede en Segunda B y Tercera División donde los objetos de los amaños son los resultados finales pero también el número de córners, tarjetas, expulsiones y otras variables, adulteración vinculada a las apuestas online de carácter ilegal.

Se amañan resultados, número de córners, tarjetas, expulsiones y otras variantes 'online'

Las razones de este tipo de amaños son varias. En primer lugar, es fácil para los amañadores captar la voluntad de los jugadores que militan en estas competiciones ya que sus ingresos están a años luz de las grandes estrellas de la Liga profesional, por lo que con una pequeña recompensa económica caen en la tentación.

En segundo lugar, para los amañadores el fútbol es una opción donde invertir máxime si operan desde países lejanos donde encuentran cobijo.

En tercer lugar, por la dificultad de rastrear desde un punto de vista técnico tales apuestas 'online'.

En cuarto lugar, porque tales amaños al suceder en categorías no profesionales no son perseguibles penalmente y por lo tanto, las sanciones que se les puede imponer no son especialmente severas.

Y por último, porque no todas las instancias deportivas se han tomado en serio adoptar las medidas legales y educativas para prevenir tales corruptelas.

Valores morales y negocios

Los amaños ponen en peligro no solo los valores morales del fútbol como deporte, sino también los varios negocios que se han desarrollado y aprovechado del fútbol, entre ellos, las apuestas legales. No es extraño que las propias casas de apuestas estén especialmente interesadas en perseguir a los amañadores y a las casas de apuestas ilegales.

Pero la principal amenaza es la existencia de la propia religión que es el fútbol, pues sin creyentes, aquélla deja de existir: se habrá destruido la ilusión infantil que todo aficionado alberga cuando el árbitro hace sonar el silbato y da comienzo un partido.

+ José Luis Pérez Triviño. Profesor Titular de Filosofía del Derecho. Universitat Pompeu Fabra. Presidente de la Asociación Española para la Calidad Ética en el Deporte