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UN AUTÉNTICO ICONO DEPORTIVO

'Superjavi', nacido para volar sobre el hielo

"Era revoltoso, apenas atendía, pero clavaba los ejercicios", recuerdan Carolina Sanz e Iván Sáez, sus primeros entrenadores

"Lo único que quiere Javi es que la gente disfrute con sus ejercicios sobre hielo", sentencia el también patinador Javier Raya

Inma González

 El podio olímpico de patinaje artístico: Javier Fernández (bronce), junto a los japoneses Hanyu Yuzuru (oro) y Uno Shoma (plata). / HOW HWEE YOUNG (EFE)

 El podio olímpico de patinaje artístico: Javier Fernández (bronce), junto a los japoneses Hanyu Yuzuru (oro) y Uno Shoma (plata).
Javier Fernández, junto a su entrenador Brian Orser.

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Lo dijo Paquito Fernández Ochoa y lo podría repetir su hermana Blanca. Y la podría reproducir Regino Hernández. Y la firmaría, negro sobre blanco, tras la mayor de las cabriolas en el aire y aterrizaje en el frío hielo, Javier Fernández: "Esta medalla de un ‘españolito’ es como si un austriaco saliese a hombros por la puerta grande de Las Ventas". Porque en deportes tan minoritarios como estos fríos, nevados, helados, lo que han conseguido estos seres únicos, sacrificados y exclusivos debería ser suficiente, en realidad lo es, sí, lo es, para elevarlos a los altares como iconos de la especialidad y el deporte español.

Asegura Javier Fernández (Madrid, 1991), ‘Superjavi’ para los más amigos, el muchacho nacido para volar sobre el hielo y caer de pie, que solo ha sentido pánico escénico una vez. Fue en su primer Mundial sénior, en Tokio, en el 2007. "Los nervios pudieron conmigo. Porque era muy joven, por el nivel de los rivales y porque se celebraron en Japón, donde el patinaje sobre hielo tiene tanto tirón como el fútbol en otros países". Tenía 15 años y acabó 35°.

"Se merece todo lo bueno que le ocurra. Por sus sacrificios pero, sobre todo, por su humildad y compañerismo, que es de lo que estamos más orgullosos"

Antonio Fernández

Padre del patinador español

No son estos, ni mucho menos, los primeros Juegos Olímpicos del patinador español. Fernández sabía perfectamente que se sentía compitiendo al más alto nivel, a nivel olímpico. Participó en Vancouver-2010, donde fue 14°, un puesto digno para un país que no contaba con un patinador olímpico desde hacía más de medio siglo, desde que Darío Villalba acudió a Cortina D'Ampezzo en 1956. "Ya sabía que no eran mis Juegos. Me faltaban tablas", afirmó entonces. Cuesta creerlo si se tiene en cuenta que se calzó por primera vez a unos patines con solo 6 años, emulando a su hermana Laura.

El riesgo y la necesidad de emigrar

"Era revoltoso, apenas atendía, pero clavaba los ejercicios", recuerdan Carolina Sanz Iván Sáez, sus primeros entrenadores. "Desde el primer momento vi que tenía algo especial", añade Jordi Lafarga, que cogió el relevo. También tiene unos padres -Antonio, mecánico del Ejército, y Enriqueta, trabajadora de Correos- que entendieron que quizá su hijo no era un buen estudiante, pero que había nacido con un don. Por ello no dudaron en apoyarlo cuando con 17 años decidió emigrar para seguir creciendo deportivamente, primero a Nueva Jersey, con el preparador ruso Nikolai Morozov, y después a Toronto, para ponerse a las órdenes del canadiense Brian Orser, doble subcampeón olímpico y que ha situado a su pupilo en la élite.

Javier Fernández imitó a Charlot en el programa de TV 'No es un sábado cualquiera'. / EL PERIÓDICO

"Brian es un 'crack' como entrenador. Si me tiene que apretar, me aprieta; si me tiene que dejar a mi aire, me deja. Y como persona es como mi padre, siempre está ahí", subraya Fernández. Y, sí, ahí estaba también papá Antonio. "Javier estaba centrado. Sabía que iba bien preparado pero, en este deporte, puedes tener un mal día y todo queda en nada". Los padres de ‘Superjavi’, como todos los padres del mundo, creen que su hijo se lo merece todo "por el tremendo esfuerzo que significa entrenar, entrenar y entrenar, pero también por su humildad y compañerismo, que, al final, es de lo que más orgullosos nos sentimos. Los éxitos no le han cambiado", añade este mecánico del Ejército.

Un héroe muy normal 

Porque si algo cabe destacar de Javier Fernández es que "sigue siendo el mismo de siempre". Tras ser campeón del mundo en 2015, le llovieron calificativos como "auténtico héroe", "símbolo del deporte español", "orgullo para su país", "referente para los jóvenes"... Pero todos sus allegados, entre ellos el también patinador Javier Raya, prefieren subrayar que "la humildad es su principal característica"». Y esa humildad es la que le hace repetir, un día sí y otro también, a ‘Superjavi’ que él solo quiere "hacer disfrutar a la gente con sus ejercicios sobre hielo".

Nadie habla mal de este supercampeón. Al contrario. Su compañero en Pyeongchang, el donostiarra de origen colombiano Felipe Montoya, no es una excepción. "Él está a otro nivel que yo, es obvio. Pero nos conocemos desde niños y la relación es igual. No ha cambiado, sigue siendo una persona cercana y humilde. Aunque él sea un gran campeón, el trato es el mismo de siempre".