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ANÁLISIS

El día que Alexis supo lo grande que era Messi

El chileno fichado por el United creyó que en el Barça sería Balón de Oro, hasta que se desengañó al ver jugar al argentino

Emilio Pérez de Rozas

Alexis, con la camiseta de su nuevo club, el Manchester United.

Alexis, con la camiseta de su nuevo club, el Manchester United.

Era el 8 de agosto de 2011. Alexis Sánchez se incorporaba a los entrenamientos del Barça tras su fichaje. La plantilla iba saliendo poco a poco del vestuario de la Ciudad Deportiva Joan Gamper y el goleador chileno se quedó ligeramente rezagado. Puede que por timidez. Tal vez por prudencia.

La auténtica realidad es que Alexis caminaba con parsimonia porque quería colocarse en paralelo a Andoni Zubizarreta, que también acompañaba a los jugadores en su primer día. Cuando el chileno llegó junto al director de fútbol, siguieron caminando juntos. Y, antes de cruzar la verja del campo, el delantero le agradeció, visiblemente emocionado, «haberme traído al único equipo donde podré ser Balón y Bota de Oro».

Zubizarreta esbozó una sonrisa y le agradeció también a Alexis su buena predisposición para fichar por la entidad azulgrana. Y, justo cuando el chileno cruzaba la puertecita de acceso al campo, Zubi le tocó el hombro derecho, Alexis se giró y Zubizarreta no pudo resistir la tentación de decirle: «Mire, Alexis, mientras el pequeño siga aquí, usted tendrá muy difícil ser Balón de Oro y hasta Bota de Oro».

El final de un sueño

Zubi se refería, cómo no, a Leo Messi. Fue a él a quien señaló el discípulo del 'Chopo' Iribar, mientras pronunciaba su cariñosa sentencia. Cariñosa para el pequeño, a quien Zubi, como tantos otros, admira y cariñosa para Alexis, a quien el cancerbero no quería chafar su sueño, pero sí mantenerle con los pies en el suelo. Y es que Zubi piensa lo que pensamos todos: mientras exista Messi…

Se sucedieron los entrenamientos, fueron pasando los días de aprendizaje y partidos, serios y menos serios, y Alexis fue creciendo en el Barça. Y Zubizarreta no falló a ningún entrenamiento. Y, casi dos meses después de aquel primer encuentro, ocurrió lo que Zubi sabía que ocurriría.

En aquella sesión casual, Messi cogió el balón, ganó en carrera a uno de los centrocampistas internacionales del Barça, dribló en medio palmo de terreno de juego a uno de los defensas internacionales del Barça (que acabaría retorcido sobre el césped) y, cuando le salió el portero internacional, le hizo una vaselina, tan maravillosa, tan perfecta, tan lenta (y engañosa), que el meta creyó que llegaría a detenerla, corrió desesperadamente hacia atrás y se estrelló contra el poste derecho de su portería sin poder impedir que el balón penetrase en sus redes.

Cuando Alexis acabó el entrenamiento y caminaba recogido, pensativo, hacia su vestuario, se cruzó con Zubizarreta, que volvía a su acristalada oficina. «Señor Zubizarreta, tenía usted razón, mientras Leo esté aquí, yo jamás podré ser Balón de Oro, ni Bota de Oro».

Siete años después, el mundo, Inglaterra, la Premier League, José Mourinho, el Manchester United, incluso Sir Alex Ferguson, se han vuelto locos por Alexis Sánchez. Y, ya ven, nada que ver con el pequeño, que sigue siendo único.