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Viñales gana y Rossi se cae por querer homenajear a Hayden en Le Mans

Viñales, prodigioso, aprovecha dos fallos del 'Doctor' para recuperar el liderato

EMILIO PÉREZ DE ROZAS / LE MANS (Enviado especial)

Maverick Viñales celebra su victoria en Le Mans.

Maverick Viñales celebra su victoria en Le Mans. / AFP / JEAN-FRANCOIS MONIER

Los hay grandiosos. Inmensos. Los hay tremendos. Los hay únicos. Seguro que ustedes tienen un montón de ellos en la cabeza y ni siquiera son futbolistas. Yo estoy hablando de portentosos deportistas que han llevado sus deportes a las más altas cotas de popularidad, atracción, espectáculo y excitación. Ciclistas, nadadores, tenistas, baloncestistas, esquiadores, pilotos de F-1..., monstruos que hicieron y hacen vibrar a la gente, sean o no fans de su deporte.

Las motos han tenido varios de esos portentos, pero ninguno como Valentino Rossi. El Doctor, de 38 años, se está peleando en los circuitos con tres generaciones a cual más valiente, más agresiva, mejor preparada. Chavales que le han hecho cambiar de vida, contagiarse de su hambre y variar su estilo para poder presentarles batalla, cómo poco, el domingo. Cierto, Vale vive más pausadamente los viernes y los sábados. Verdad, se ha convertido en un hombre de domingo. ¡Pero qué hombre!

Le Mans. Cesena. Gran Premio de Francia. Alguien peleando entre la vida y la muerte en un hospital italiano. Una carrera sobre el asfalto y una carrera contra la muerte. Él, Valentino Rossi, el DoctorVale, encima de su Yamaha, intentando homenajear a su amigo. Y Kentucky Kid, clínicamente muerto, sin actividad cerebral, mantenido por cinco máquinas que existen para que él despierte o de una señal de vida, esperando el aviso de ese otro Dios terrenal.

No lo contó, no lo quiso explicar, pero no hacía falta. Rossi se pasó todo el fin de semana de Le Mans diciendo que correría en nombre de Hayden y que le dedicaría una gran carrera y hasta el triunfo. Y así corrió Rossi que, con 38 años, nueve títulos, 114 victorias y 224 podios, no tenía necesidad alguna de forzar tanto, tanto, tanto, como para caerse en la última curva de Le Mans, llevando pegadito a Maverick Viñales. "Pero cuando uno se siente para ganar, ha de intentarlo, de lo contrario no estás en paz contigo mismo". Esa es la grandeza de Rossi. Rossi lo intentó porque quería hablar de Hayden desde lo más alto del podio.

APASIONANTE ÚLTIMA VUELTA

Pero de la misma manera que Sergio Ramos acierta en el minuto 93, el más grande perdió su reto, aquel que perseguía desde hace días, en la última vuelta. Un giro que inició como líder, por delante de Viñales, su compañero de equipo. Cuando empezó los últimos 4.185 metros del mítico Le Mans, Rossi aventajaba a Viñales en 0.423 segundos. Medio segundo es un mundo, el firmamento, el Everest para los cinco magníficos. No hay magnífico que atrape a otro si le lleva media segundo de ventaja.

Y eso que Viñales lo intentó, ¡vaya si lo intentó! "Me sentía bien, me sentía fuerte y, yendo detrás de Vale, pude ver que él también tenía problemas. Me pasó por el interior de una curva de derechas y me pegué a él. ¿Dónde quería pasarle?, en la curva 8". Y Rossi, que lo sabe todo, que sabe más por viejo que por diablo, sabía que iba a ser ahí. Y trató de cerrar, pero falló. Se abrió. "Fui estúpido. Perdón, el error fue estúpido".

LA RESPUESTA DE VIÑALES

Y Viñales le pasó, porque tampoco MVK se rindió. Estaba ahí, aceptó el primer duelo del año, el primer choque de trenes y, sobre todo, sabía que el mundo le estaba mirando, observando, analizando. Oyó esas risitas que resuenan en el paddock desde hace meses. "¿Viñales?, Es bueno, sí, muy bueno, pero habrá que verlo en el cuerpo a cuerpo, peleando, de verdad, con los grandes", decían los sabios del Mundial. Y ese día fue ayer. Y, como fue ayer, Viñales cogió el toro por los cuernos. Por eso, cuando el Doctor hizo el estúpido, él estaba ahí. Y se fue directo hacia la gloria, la que se está construyendo.

"Yo estaba convencido de que ganaba Vale, ¡convencido! Pues venía desde atrás, hacia vuelta rápida tras vuelta rápida y pilló a Maverick con comodidad. Pero, mira, él, Valentino Rossi, también es humano y erró. Quiso cinco puntos más y se cayó. Pero me gusta que los campeones no se conformen", explicó Marc Márquez, que llevaba ya varias vueltas en su box, pues él también se cayó muy pronto, como en Argentina, y lleva ya dos comodines gastados.

Y cuando Viñales se puso líder, Rossi pensó en las máquinas que permiten respirar a Hayden, nadie sabe por cuánto tiempo. Y al dios de las dos ruedas, le importó un carajo tener 38 años, 353 grandes premios en sus espaldas, 114 victorias en su palmarés, nueve títulos en sus vitrinas y la posibilidad de seguir siendo un héroe sin ganar. Pensó en Kentucky Kid y fue a por Viñales, que logró la vuelta rápida de la carrera en ese último giro vertiginoso.

Para lograr ese giro y victoria, MVK necesitó de ese error incomprensible de Vale en la curva 8 para poder superar al italiano, que aún fue más tonto (¡más valiente!) en la curva 11, muy cerquita ya de la meta. Patinó y se fue al suelo. Alguien creyó verle llorar bajo el casco. "Pues no, no lloré, lo siento".

EL ORGULLO DE ROSSI

Y Viñales ni se enteró de todo eso. "No sabía que Rossi se había caído. Sabía que me quedaba la última parte del circuito, en la que yo era veloz. Sabía que llevaba detrás a Rossi y que no podía prestar atención a nada que no fuese cerrar todas las puertas". Así que Viñales ganó y, luego, se enteró de que Rossi se había caído.

"Nunca he pilotado tan bien y tan rápido esta moto, ¡nunca!", dijo Rossi, que se mostró orgulloso de ser tan competitivo y tan veloz. "Eso es lo importante: que soy rápido; así que habrá más oportunidades como esta". Y Viñales reconoció en el podio que Vale era la repera. Se lo dijo a Dani Pedrosa, que acabó tercero y es segundo del Mundial. Es curioso, Pedrosa le gana a Viñales a su juego preferido: carreras de motos en el móvil. "Dani también es muy veloz con esa aplicación", bromeó (en serio) Viñales desde el podio.

Lejos, en Cesena, alguien esperaba una señal que no llegó, pero sí el espíritu ganador del dios Rossi.

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