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El corredor refugiado

El joven sirio Adnan Almousa, en silla de ruedas a raíz de un disparo que recibió en Homs, participa en la prueba

MAURICIO BERNAL

Había un corrillo especial entre todos los corrillos que se formaban detrás de la línea de meta y era el que rodeaba a Adnan Almousa: el corrillo de los que querían ver y saludar y si era posible charlar con este hombre que hace cinco años recibió un disparo cuando iba a comprar el pan, en Siria, en Homs, donde vivía. Tenía 14 años. Se escuchaba el fuego cruzado, pero era la normalidad de la ciudad. Adnan iba en bicicleta. Para llegar a la panadería tenía que cruzar un puente. Otro lo hizo antes que él y logró llegar al otro lado ileso, y él decidió hacer lo mismo, pero a medio camino recibió un tiro en la espalda. Desde entonces está en silla de ruedas.

Adnan iba en bicicleta a comprar el pan cuando recibió un disparo en la espalda; tenía 14 años

Adnan cruzó la meta cuando el reloj marcaba casi cuatro horas y media desde el inicio de la carrera, y compuso esa cara de satisfacción y de alegría. Ahora tiene 19 años y vive en el norte del Líbano con su familia –su padre, sus madres, sus seis hermanos–; en el distrito de Akar, relativamente cerca de su ciudad natal. Una familia de refugiados, una entre miles. Estudia bachillerato y su anhelo es hacerse ingeniero, pero también es un amante de los deportes, y a la noticia, en su día, de que iba a quedar atado a una silla de ruedas, reaccionó con la decisión de ejercitarse. “Para moverme –dice–, para tener fuerza en el cuerpo, pero también para salir de la depresión”. El Maratón de Barcelona –su primer maratón– es de momento lo más lejos que lo ha llevado esa decisión.

LA ODISEA DE LA SILLA

“Había corrido dos maratones en el Líbano, pero de las de 10 kilómetros”, dice, sonriente en la línea de meta, rodeado de corredores tan cansados como él. Concede entrevistas y se deja hacer fotos. Los 42 y pico de kilómetros los ha completado gracias a la ayuda de los voluntarios de Corre amb mi, que se dedican a esto, precisamente, a correr con personas en silla de ruedas. “Nos contactaron y nos hablaron de este chico y nos dijeron que si le podíamos ayudar a correr, y dijimos que por supuesto –dice Toni Muñoz–. Hasta le dejamos la silla”. La silla es un capítulo aparte: la que traía Adnan del Líbano no daba la talla para semejante prueba. El Club d’Atletisme Nou Barris le dejó una especial para correr, de tres ruedas, pero era demasiada máquina para las costumbres del atleta. El Institut Guttman aportó su propia silla, pero temblaba al acelerar. La silla con la que al final corrió se la dieron en la línea de salida.

Con 19 años termina el bachillerato, es un apasionado del deporte y quiere ser ingeniero

Todo empezó con una entrevista que Adnan concedió hace unas semanas a Txell Feixas, corresponsal en El Líbano de Catalunya Ràdio y TV3. Empezó entonces una movilización que incluyó los buenos oficios de la Generalitat para facilitar el viaje del joven refugiado, gestión de pasaporte y visado incluidos. “Una odisea”, dice alguien cercano a la operación. Adnan tuvo poco tiempo para entrenarse, pero hizo lo que pudo. “En las calles del barrio –explica–. Antes me entrenaba en un estadio, pero está muy lejos de casa”. El acceso a los tratamientos médicos que precisa el joven sirio se lo ha facilitado la oenegé beirutí Inara, que recibirá los beneficios de una campaña de crowdfunding que la Fundació Real Dreams puso en marcha con ocasión del viaje de Adnan. “Nuestra prioridad es asumir los casos que nadie más puede asumir”, reza la web de Inara. Hay muchos jóvenes como Adnan. Que iban en bicicleta a comprar el pan. 

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