10 abr 2020

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Gisela Pulido, en la cresta de la ola

La 10 veces campeona mundial de kitesurf prepara otra primicia, el asalto a las cuatro olas más grandes del planeta

Joan Carles Armengol

Gisela Pulido cruza la Rambla de Catalunya de Barcelona sobre un monopatín con su inseparable tabla.

Gisela Pulido cruza la Rambla de Catalunya de Barcelona sobre un monopatín con su inseparable tabla. / JORDI COTRINA

Gisela Pulido ha estado toda la vida, desde que tiene recuerdo, con una cometa en las manos y una tabla de surf en los pies. Es una loca del mar, una hija del viento, que figura en el Libro Guinness como la campeona del mundo más joven de la historia. Tenía 10 años cuando ganó su primer Mundial de kitesurf, una modalidad nueva que introdujo su padre, Juanma, en Catalunya, y que ella ha exaltado hasta límites insospechados.

Ahora, a sus 23 maduros y esplendorosos años, Gisela quiere seguir abriendo fronteras sin bajarse de la cresta de la ola. Sus 10 títulos mundiales entre los años 2004 y 2015 han quedado atrás para dar paso a un nuevo desafío de dimensiones descomunales. Tan grande como las olas que quiere no domesticar (eso es imposible) sino disfrutar en su nuevo proyecto: ser la primera mujer capaz de surfear con una cometa en las manos las olas más grandes del Planeta.

Gisela acaba de regresar de Cabo Verde, donde ha estado entrenándose para adquirir la condición física que requiere cabalgar sobre olas de 20 o 30 metros que rompen con furia en los arrecifes o la costa. De paso por Barcelona -donde acudió a la entrega de premios Empresa del Año organizada por EL PERIÓDICO DE CATALUNYA como embajadora de su nuevo patrocinador, Levante Capital (una firma global de inversiones industriales y asesoramiento estratégico)-, la surfera catalana (Premià de Mar, 1994) afincada desde los 10 años en Tarifa y con negocios también en Panamá se entusiasma explicando el qué, el cómo y el porqué del nuevo proyecto que ha emprendido.

"Te puedes jugar la vida si tienes un acidente en una ola de esas dimensiones, por eso me preparo a fondo", asegura la surfera

UN NUEVO DESAFÍO

"Me podría haber quedado con lo que he hecho siempre, el freestyle (estilo libre) del kitesurf, pero me gustan los retos, salir de mi zona de confort y enfrentarme a algo nuevo, una cosa en la que tengo más a perder que a ganar. Pero para eso están los retos y los desafíos, ¿no?", explica Gisela, que detrás de sus gafas de niña tímida esconde una determinación a prueba de bomba y, desde luego, de olas gigantescas.

Entre septiembre y el próximo invierno, Gisela quiere completar el póquer mundial de las grandes olas. Se trata de las que, en la época adecuada y la condiciones ideales, se forman en Pe'ahí Jaws (en la isla de Maui, Hawái), Cloudbrake (en Tavarua, en Fiji), Teahupo'o (el 'muro de calaveras' de Tahití) y, para finalizar, la más terrorífica, la de Nazaré (Portugal). Algunos hombres se han atrevido con ellas. Nombres míticos en el mundillo como Kai Lenny, Keahi de Aboritz, Jesse Richman o Niccolo Porcella. Pero ninguna mujer. Ella, Gisela Pulido, quiere ser de nuevo la primera en conseguirlo.

RESISTENCIA BAJO EL AGUA

No tendrá nada que ver con su proyecto completado el año pasado, unir las ocho islas Canarias, de La Graciosa a Hierro, en siete días, 384 kilómetros tirada su tabla por la cometa sujetada por sus brazos. Será peor, mucho peor, y quizá hasta peligroso. "También es peligroso conducir, pero con control y preparación la gente lo hace. En mi caso, la mente tiene que estar bien enfocada. Si tienes miedo, es peor. Tienes que ir con respeto y tensión, pero con equilibrio y todo a punto: la preparación, la confianza y un equipo adecuado al que confías tu vida".

O sea que sí, que es peligroso, ¿no? "Sí, es verdad, te puedes jugar la vida, porque si tienes un accidente en una ola de 15 o 20 metros, puedes salir o no salir. Pero por eso la preparación que estoy llevando a cabo es tan a fondo. La cometa, además, puede meterte también en una situación de peligro porque con el kite, si te enredas con las líneas, de ahí no sales. Tienes que estar muy despierta y saber cuándo tienes que soltar la cometa".

"Empezar a viajar sola a los 18 años me hizo ver el mundo con mis propios ojos, ahora soy mucho más extrovertida"

Frente a las rápidas series de siete minutos del freestyle, que requerían una preparación específica para recuperar rápidamente, Gisela se enfrenta ahora a un reto mayúsculo para el cual no escatima horas de entrenamiento. Su programa incluye de todo. Bicicleta, carrera, elíptica, mucho ejercicio cardiovascular, intervalos, entrenamientos explosivos de fuerza, prevención de lesiones, yoga, flexibilidad... Y ahora, sobre todo, apnea (resistencia bajo el agua sin respirar). "Con Miguel Lozano, uno de los mejores profesionales que hay en el mundo, hacemos inmersiones -ya he bajado a 32 metros a pulmón-, apneas estáticas en piscina -tres minutos y medio llevo ya- ejercicios con pesas bajo el mar y simulaciones de estrés con mi corazón latiendo rápido,  por si alguna vez quedó mucho rato aprisionada debajo de una ola".

EMPEZAR DE CERO

No lo puede evitar. El mar, el viento y el agua es la vida de Gisela. "Tengo una pequeña obsesión con la olas grandes, bueno, con todas las olas, y estoy haciendo mucha apnea para estar, si es necesario, mucho tiempo bajo el agua con tranquilidad", explica la kitesurfera, que ha renunciado a la comodidad de lo conocido y dominado para emprender esta nueva aventura: "Es como si Marc Márquez se subiera a una moto de saltos de freestyle y empezara a hacer piruetas. Él está acostumbrado a la velocidad y si le cambias eso le va a costar adaptarse. A mí me pasa igual; es como empezar de cero. Ahora en la playa ya no soy la mejor, sino solo una debutante, pero necesitaba cambiar como persona y como deportista para encontrar esa motivación de nuevo, algo que me ilusione y que me haga levantar todos los días e ir al agua con un montón  de energía".

La energía no es precisamente algo que le falte a esta deportista pionera y rompedora. A los 14 años, junto con su padre, ya empezó a gestionar la escuela de kitesurf de Tarifa, la Gisela Pulido Pro Center, y unos pocos años después la tienda que lleva su nombre en la ciudad gaditana, ahora a cargo de su madre. El año pasado abrió su segunda escuela en Punta Chame, la costa pacífica de Panamá, donde su padre pasa largas temporadas, sobre todo aprovechando el viento de diciembre a abril para enseñar a los turistas interesados.

Gisela, que estudia Marketing a distancia a través de la UCAM, viaja sola por el mundo desde los 18 años con los ojos siempre muy abiertos. "Estoy muy atenta siempre a los sitios donde voy: si es un buen lugar para una escuela, cómo es la gente, las condiciones del viento… Estoy pendiente de todo. No hay una universidad del kite, pero haber estado 12 años en la élite es como una universidad".

VERGÜENZA EN PÚBLICO

También ella ha cambiado, sin dejar de ser en esencia "la misma niña de siempre, pero con más experiencia". "Empezar a viajar sola con 18 años, sin mi padre, fue un cambio muy drástico, pero fue una de las mejores cosas que hice porque empecé a ver el mundo con mis propios ojos. De ser supertímida he pasado a ser extrovertida: antes no podía ni pedir en un restaurante de la vergüenza que sentía".

Sí, las cosas han cambiado para una Gisela Pulido que, sea como sea, no se baja de la cresta de la ola. Aparca de momento el kitesurf estilo libre para seguir surfeando los mayores monstruos marinos del mundo, esperando también que el mundo olímpico aclare si admite el kite, al menos en su modalida de de racing, para los próximos Juegos Olímpicos, los de Tokio 2020. "Prefiero enfocarme en mis retos y proyectos y, si al final es olímpico, volveré a empezar, aunque la base ya la tengo: llevo toda la vida sobre la tabla y con una cometa en las manos"