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Guardiola-Mourinho, una crispación clásica

El choque entre el Manchester United y el City (13.30 horas) reanuda la rivalidad de alto voltaje entre los dos técnicos

ALBERT GUASCH / BARCELONA

Tensión entre Mourinho y Guardiola en el partido de vuelta de la Supercopa del 2011.

Tensión entre Mourinho y Guardiola en el partido de vuelta de la Supercopa del 2011. / JORDI COTRINA

Hubo un tiempo que se abrazaban. Que compartían confidencias tácticas. Podía incluso parecer entonces que compartían relato futbolístico. Ya sabemos ahora de sobras que uno y otro sueñan partidos distintos. También sabemos, porque lo hemos visto y se ha contado en infinidad de ocasiones, que colisionaron públicamente y que su rivalidad se hizo tan tóxica como apasionante. Uno ya no es un jugador de referencia ni el otro un influyente asistente. Hoy Pep Guardiola y Jose Mourinho son dos gigantes de los banquillos, el bueno y el malo, dos personalidades antagónicas y fascinantes que se atraen y que componen una narrativa digna de una producción cinematográfica con aroma de leyenda. Forman el Muhammad Ali-Joe Frazier contemporáneo. O el Ayrton Senna-Alain Prost. Hoy a las 13.30 el duelo se reanuda en Old Trafford. Búsquenlo en Movistar + Fútbol o en el pub más cercano.

La Premier League y Manchester en concreto se apropian ahora del clásico de los técnicos y la audiencia global parece desear que uno y otro desenfunden el arma. Hay deseos de pistolas humeantes, de intercambio de balas, pólvora que reactive la explosividad de la rivalidad. Una expulsión en el bando del United podría ayudar. Nadie duda de que si un día se recrea el ambiente cargado que vivió la Liga Española, será porque el portugués ha disparado primero. 

SITUACIÓN CLAUSTROFÓBICA

De Guardiola se recuerda ante todo su fogoso discurso en la previa de las semifinales de la Liga de Campeones en el Bernabeu. El del "puto amo", que le valió una ovación de su plantilla a su regreso al hotel de concentración de Madrid. De Mourinho existe una frondosa lista de momentos agrios. Se quejó de árbitros, de comités y de los horarios, y tácita o explícitamente aparecía el Barça de Guardiola. Atacó la imagen de buenos chicos de los jugadores azulgranas, trató de destruir la relación entre internacionales españoles, y su actitud victimista y de denuncia constante contaminó como nunca el debate futbolístico español.

Si Florentino concebió el fichaje de Mourinho como un antídoto a la supremacía guardiolista, los amos del Manchester United, pese a los meses de reticencias, sucumbieron también al embrujo del portugués, como si fuera el único capaz de aguar y contrarrestar la euforia apenas contenida de sus vecinos del City. Para otros técnicos, rivalizar en la pequeña Manchester podría ser una situación claustrofóbica: no son muchos los metros que separa los respectivos lugares de residencia, en el centro de la ciudad. Para ellos, acostumbrados como pocos a la presión desmesurada, no pasa de ser un elemento colateral y llevadero en su trabajo de sublimar el rendimiento de sus jugadores. Pero añade intensidad al relato.

REGALO PROMOCIONAL 

El cara a cara entre ambos técnicos es a la vez una nueva bendición para la Premier, afortunada ya de disponer de desbordantes cantidades de libras proporcionadas por la televisión. Es una competición en expansión permanente y este duelo es un regalo descollante para los responsables de márketing. La promoción les sale sola. 

Han pasado tres años desde que se enfrentaran por última vez, pero difícilmente se olvidaron uno del otro. A Mourinho, como siempre, se le notó más las heridas de la vieja rivalidad. Cuando ganó la Premier con el Chelsea, hace dos temporadas, no disparó contra Arsene Wenger o Manuel Pellegrini. Se acordó de su gran antagonista. "Yo podía haber ido a otro club, a algún país en que quedar campeón resulta más fácil, pero opté por la Premier". Guante recogido. Atentos, pues, porque la crispación puede reaparecer tras cualquier zancadilla inesperada.

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