29 oct 2020

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Río 2016, balance de los Juegos de la 'bagunça'

La habilidad para sobrevivir en el caos y la división de opiniones marcan la última mirada a los Juegos Olímpicos de Río 2016

EDU SOTOS / RÍO DE JANEIRO

Un niño observa desde el Morro da Mangueira los fuegos artificiales de Maracaná durante la ceremonia de clausura de los Juegos.

Un niño observa desde el Morro da Mangueira los fuegos artificiales de Maracaná durante la ceremonia de clausura de los Juegos. / EFE / FABIO TEIXEIRA

Existe una palabra en portugués que define como ninguna otra la particular manera de proceder de los irreverentes nativos de la ‘Cidade Maravilhosa’. La ‘bagunça’, aunque tiene infinidad de significados, es la expresión comúnmente utilizada para explicar el desorden que únicamente tiene sentido en la cabeza de su creador. Algo así como el escritorio de Albert Einstein o una surrealista ‘performance’ de Salvador Dalí. Cosa de genios con tintes esquizofrénicos pero irremediablemente brillantes. Así es como podría definirse a los 'Juegos Maravillosos' de Río-2016: una auténtica, genuina y carioquísima ‘bagunça’.

Thomas Bach

PRESIDENTE DEL COI

"Habéis demostrado que es posible organizar unos Juegos sin ser un país de la élite del PIB"

“Muito obrigado por unos Juegos maravillosos en la ciudad maravillosa. Habéis demostrado que es posible organizar unos Juegos sin ser un país de la élite del PIB”, agradeció el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach. Pero lo cierto es que, más allá del ‘Carnaval’ en las ceremonias del Maracaná, la 31ª edición de los Juegos Olímpicos comenzó rodeada de polémica por los cuatro costados.

LA AMENAZA DEL ZIKA

Tras meses cargados de tensión por la exagerada amenaza del virus del zika, el gran desaparecido en los 17 días de competiciones, el estigma de la inseguridad, que apareció fugazmente pero sin consecuencias, y los enormes atrasos en la construcción de las instalaciones, que fueron solucionados en el último segundo, llegó el momento de la verdad.

El lamentable estado de algunos de los edificios de la Villa de los Atletas fue el primer gran susto en Río. Las delegaciones de Australia y Suecia se negaron a instalarse ante el panorama de olor a gas, cables al descubierto y baños inundados. Solamente un esfuerzo extra con 700 electricistas, fontaneros y albañiles salvó a la mayor Villa Olímpica de la historia del fracaso absoluto.

A RITMO TROPICAL

Fue entonces cuando las cosas comenzaron, poco a poco, a funcionar razonablemente bien. La mayoría de los 10.500 atletas que llegaron a Río acobardados por los titulares de la prensa internacional comprendieron que las cosas saldrían adelante aunque, eso sí, a ritmo tropical. 

“La prensa internacional le debe una disculpa a Río de Janeiro y Brasil porque fue una experiencia magnífica. Hace un año y medio que escuchamos historias negativas(…) en cambio vimos el espíritu, la energía y la belleza de la ciudad y sus gentes”, declaró el exgimnasta norteamericano Bart Conner, marido de la mítica gimnasta rumana Nadia Comaneci.

LOS 30.000 PERIODISTAS

Pero la visión del campeón olímpico no fue compartida por los casi 30.000 profesionales de la información que tuvieron que vérselas cada día con el caótico Río. “Son los peores Juegos que he visto”, era un comentario habitual en las interminables colas de seguridad o mientras se esperaba a los destartalados autobuses de la organización.

Los 50.000 voluntarios también sufrieron el caos organizativo, con turnos de hasta nueve horas seguidas. El 30% abandonaron tras la primera semana

Los casi 50.000 voluntarios de Río 2016 también sufrieron en sus carnes el caos organizativo. Con turnos de hasta nueve horas seguidas, sin apenas recibir comida o agua y sin ningún tipo de facilidad para regresar a sus alojamientos, el 30% de los mismos abandonó el evento tras la primera semana. Por si fuera poco, casi ninguno de ellos tenía idea alguna de la función que debían desempeñar. “Fue una ‘bagunça’, no sabíamos resolver las dudas de la gente y veíamos como se paseaban desesperados”, declaró uno de los ’desertores’ al diario brasileño 'O Globo'.

EL TRANSPORTE Y LA PISCINA VERDE

El transporte funcionó, con la milagrosa línea 4 del metro de Río sin registrar incidencias, aunque acercarse a las instalaciones como el Estadio Olímpico del Engenhao o el Complejo Deportivo Deodoro podía convertirse en una odisea. El caos en las rutas de los autobuses fue tal que un autobús que transportaba a los nadadores para la final de los 50 metros desde la Villa Olímpica acabó a 18 kilómetros de distancia del Centro Acuático Olímpico.

De igual manera, el olor fétido y el color verde de la piscina de saltos en el Maria Lenk, la ruptura de la rampa en la Marina de Glória o el hundimiento de la plataforma para la travesía en aguas abiertas fueron problemas muy llamativos pero que se solucionaron rápidamente.

UNA GRAN SONRISA

El que no dudó en sacar pecho por Río 2016 fue el eterno y carioca presidente del Comité Olímpico Brasileño(COB), Carlos Arthur Nuzman: "Muchos se irán de aquí pensando que fueron los mejores Juegos de la historia". Quizás, en la caótica mente de los cariocas, el ser capaces de llegar en el último segundo y de maquillar hábilmente sus fallos con una gran sonrisa, fiesta y samba, materia prima que nunca faltará en Río, sea la verdadera definición del éxito. En Río, ese planeta tropical ajeno al resto del universo, nadie se atreve a dudarlo: estos fueron los "Juegos Maravillosos".