26 nov 2020

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Saúl Craviotto suma otro bronce en Río-2016

El palista catalán logró la medalla de bronce en la categoría K1 200 metros

El piragüismo español firma su mejor participación en unos Juegos Olímpicos

Edu Sotos

Saúl Craviotto celebra su medalla de bronce en K1 200m.

Saúl Craviotto celebra su medalla de bronce en K1 200m. / AFP / DAMIEN MEYER

Al escultural Saúl Craviotto todavía le quedaba gasolina para rato. El flamante campeón olímpico del K2 200 metrostítulo conseguido en un épico sprint junto a Cristian Toro, volvió a coronarse este sábado sobre las aguas de la laguna Rodrigo de Freitas. Esta vez en solitario, el leridano de 31 años aprovechó su proverbial estado de gracia para lograr la medalla de bronce en el K1 200 metros, la disciplina que le concedió una plata en Londres 2012 y que trabajó durante 12 largos meses en el embalse asturiano de Trasona.

A pesar de que su salida no presagiaba un buen resultado, el veterano palista supo rehacerse para encontrar su ritmo devastador a partir del ecuador de la prueba. “Sobre los 50 metros tuve un desequilibrio que me hizo competir mal en los primeros 100 metros”, reconoció un más que aliviado Saúl, que reconoció los efectos de los nervios y la presión. Desde la grada del estadio olímpico, su compañero en el K2, Cristian, no se perdió ni un detalle de la carrera de su “ídolo deportivo”. 

ENORME REMONTADA

“Aunque no salió demasiado bien, en cuanto empieza a meter marchas es imparable. Una vez tuvo el barco lanzado se puede ver cómo iba cazando a sus rivales”, comentó el campeón, quien, a base de horas interminables, callos en las manos y sudor conjunto, conoce de primerísima mano el particular estilo del palista. La brutal remontada de Saúl bien merecía los halagos. En apenas 100 metros recortó tres posiciones para acabar llevándose el bronce con un tiempo de 35.662, exactamente el mismo que consiguió el alemán Ronald Rauhe que acabó compartiendo metal y podio con el español. 

“No sé bien de dónde saqué las fuerzas, sabía que era un todo o nada pero cuando vi cuatro o cinco piraguas a mi izquierda me puse en lo peor”, recordó el de Lleida que, tras rebasar la línea de llegada, no sabía si celebrar o no la medalla de bronce. “Celebré el tercero y a los dos minutos vi que el alemán comenzó a gritar y celebrar. En ese momento pensé que había quedado fatal celebrando antes de tiempo”, admitió Saúl reviviendo el Mundial de Moscú en 2014 donde empató en la tercera posición con el británico Ed McKeever, campeón de la categoría en Londres 2012. Precisamente, el oro acabó siendo para otro británico, Liam Heath, que sentenció con un tiempo de 35.197 mientras que el francés Maxime Beaumont se llevó la plata con 35.362.

"UN REGALO"

En el podio de Río, la sonrisa e Craviotto hablaba por él. “Ha sido un regalo con el que no contaba y estoy súper feliz”, apuntó el atleta bicampeón mundial (2009 y 2010) y campeón europeo (2009) que en Río 2016 se conformaba con lograr un metal en el K2 y que ahora colecciona cuatro medallas en su palmarés (oro en Pekín 2008, plata en Londres 2012, oro y bronce en Río 2016). Un número que le posiciona como el segundo deportista español por número de medallas justo por detrás del canoísta David Cal que, por desgracia, se convirtió en la gran baja del piragüismo español en Río. 

“No pienso en récords ni en ir a por cinco medallas para superar a nadie”, zanjó Saúl que, en su línea de humildad habitual, no quiso entrar comparaciones odiosas. El momento era demasiado bonito para arruinarlo con números y estadísticas. En lugar de eso, este policía nacional establecido en Gijón pensaba en su familia, su mujer y su hija Valentina, que “seguramente estará en el sofá comiendo gusanitos”. La gloria del bicampeón olímpico, un club de élite en el que apenas estaban presentes Nadal, Deferr y Llaneras, se sumó al excelente resultado del piragüismo español en los Juegos (dos oros y un bronce). 

MEDITANDO SOBRE TOKIO-2020

Aunque los chicos del K4 1000 metros, un cuarteto formado por Javier Hernanz (novio de Mireia Belmonte), Rodrigo Germade, Óscar Carrera e Íñigo Peña, no pudieron poner la guinda final al pastel y tuvieron que conformarse con la quinta posición, la Lagoa Rodrigo de Freitas será recordada por haber sido el talismán de España en Río 2016. Por su parte y tras entrar en la leyenda del deporte, Saúl volverá en unos días a patrullar por las tranquilas calles de Gijón.

En su cabeza, el retorno del K1 500 metros en Tokio 2020 resonará cada vez con más fuerza. "Es una categoría que por edad y estilo me va genial. Si no me vuelvo loco con otro ciclo olímpico es para pensarlo, parece que no quieren que me retire", anticipó entre risas. Cuidado con Saúl: si algo ha quedado claro en Río es que cuando este poli coge velocidad no hay caco que se le escape.