01 dic 2020

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Saúl Craviotto y Cristian Toro logran la quinta medalla de oro en Río 2016

La pareja de piragüistas ganan en una gran final en K2 200 metros

Edu Sotos

Saúl Craviotto y Cristian Toro celebran su medalla de oro en Río-2016.

Saúl Craviotto y Cristian Toro celebran su medalla de oro en Río-2016. / AFP / DAMIEN MEYER

Situada a los pies del Cristo Redentor, la espectacular Lagoa Rodrigo de Freitas de Río de Janeiro se ha convertido en un verdadero talismán para el equipo español de piragüismo. Sobre sus aguas llenas de vida, no resulta extraño observar a las capivaras alimentándose en sus orillas, los atletas españoles han logrado dos medallas de oro en dos finales de infarto. Tras el inesperado éxito del jovencísimo Marcus ‘Cooper’ Walz el martes, oro en la categoría K1 1.000 metros, el turno llegó para la pareja del K2 200 metros, Saúl Craviotto y Cristian Toro. Con un esprint antológico, que les otorgó un tiempo de 32.075, los españoles lograron alcanzar el escalón más alto del podio y llevarse la ansiada medalla de oro, la quinta para España en Río 2016.

Aunque las finales de nuestros medallistas dorados fueron muy similares, con finales ajustadísimos, en el caso de Saúl y Cristian todo hacía pensar en la gloria. Confirmando las buenas sensaciones de la serie, donde los españoles dieron un golpe de autoridad al clasificarse directamente para la final con un tiempo de 31.161, los atletas demostraron que el día de descanso extra les había sentado de maravilla. Frescos como una rosa, el de Lleida y venezolano-gallego, nacido en La Asunción pero criado en Lugo, formaban el día de la final una pareja invencible. “Cada vez que me junto con un gallego se crea una combinación explosiva”, bromeó Saúl quien ya conocía el sabor de las medallas después de conseguir la plata en Londres en la categoría del K1 200 metros y oro en Pekín en K2 500 metros junto al también gallego, Carlos Pérez Rial ‘Perucho’.

La metáfora del bicampeón olímpico no era para menos. Aunque la ‘bomba’ que estaban a punto de soltar era de mecha larga, la salida de los palistas fue ligeramente más lenta la de las otras siete embarcaciones, su potencia en el ecuador de la prueba acabó por otorgarles una velocidad punta en los últimos 50 metros que devastó a sus rivales. “Somos un barco muy pesado y se nota en la salida además hoy teníamos viento en contra. Una vez pasamos la barrera de los 70 metros el ritmo y la explosividad de ambos es bestial”, apuntó emocionado el entrenador de la ’bestia’, Miguel García.

“Llévabamos meses soñando con la carrera y la estrategia de imponer el ritmo fuerte al final de la carrera nos ha salido perfecta. Fue duro mantener el ritmo pero el sueño se hizo realidad y salió cuando tenía que salir”, explicó Saúl. Por su parte, Cristian, quien con su 1,88 y 86 kilos de puro músculo hacía honor a su apellido Toro, reconoció que acababa de cumplir su sueño olímpico junto a su ídolo deportivo. “Para mí el hecho de estar en los Juegos ya era cumplir un sueño pero además quería pelear al lado de Saúl que siempre ha sido mi ídolo”, admitió haciendo sonrojarse a su compañero.

Momentos antes, el orgullo mutuo, el del novato que se estrena y el del veterano que repita, iluminaba los ojos de los campeones durante la ceremonia de entrega de las medallas. En las gradas del estadio olímpico, la madre de Cristian, Elisa, se abrazaba, entre lágrimas y gritos de “¡Yo soy la madre que lo ha parido!”, a la novia del campeón, la popular periodista Irene Junquera. “Todos los años de esfuerzo han valido la pena. Sabía que algún día iba a ganar. Mi hijo siempre fue un campeón”, alcanzó a decir la madre más feliz del mundo en ese preciso instante. La final fue de tanta emoción que ninguna de las dos, la nuera y la suegra, pudieron concentrarse.

"No hemos visto nada, estábamos demasiado nerviosas y gritando para todas partes. La sensación ha sido como tirarse en paracaídas pero sin saber si acabaría salvándonos en el último segundo", resumió la expresentadora de Punto Pelota que, tras la apuesta con la presentadora Anna Simón, acabará tatuándose los aros olímpicos junto a Elisa. De un plumazo, el orgullo de ambas había enterrado su imagen de sex simbol televisivo, había ejercido de 'tronista' en el popular programa Mujeres, Hombres y Viceversa (MHYV), para pasar a ser uno de los grandes triunfadores de los Juegos de Río 2016.

Por su parte, el no menos atractivo Craviotto, de 31 años, no tenía tiempo para relajarse. A partir de mañana comenzará sus series en el K1 200 metros. Si todo sale bien, en unos nueve días este policía nacional, que con sus dos oros se une a la élite de medallistas españoles de Nadal, Zabell, Doreste, Deferr y Llaneras, volverá a patrullar por las calles de Gijón. Si la suerte sigue de su lado, el catalán podría regresar a casa con más de una medalla y, de paso, un envidiable bronceado recuerdo de Río de Janeiro.