14 ago 2020

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OLIMPISMO

Belmonte acaba cuarta en el 800 libre que gana Ledecky con récord del mundo

Phelps acaba segundo en los 100 mariposa, su última prueba individual en Río

Luis Mendiola

Mireia Belmonte, en pleno esfuerzo en la prueba del 800 libre

Mireia Belmonte, en pleno esfuerzo en la prueba del 800 libre / MARTIN BUREAU

Tres finales: dos medallas, una de oro, una de bronce y un cuarto puesto. El balance de Río no puede ser más espectacular para Mireia Belmonte, que cerró su participación en los Juegos con el cuarto puesto en la final de los 800 libre. La carrera se convirtió en una nueva exhibición de  la estadounidense Katie Ledecky que se colgó el oro, como estaba previsto, batiendo además el récord del mundo con un estratosférico crono de 8.04.79 minutos, una rebaja de casi dos segundos de la plusmarca que ella misma poseía (8.06.68).

Con su victoria, Ledecky completó un triplete único (título olímpico en el 200, 400 y 800 libre) que nadie había repetido desde que lo consiguió la estadounidense Debbie Meyer en los Juegos de México 68. La plata en la final del 800 fue para la británica Jazz Carlin y el bronce de la húngara Kapas, que avanzaron en más de dos segundos a Belmonte (8.18.55).

RÉCORD DE ESPAÑA

A pesar de entrar en su último día de competición, después de participar en cinco pruebas, Belmonte dio lo mejor de sí misma, rebajando también el récord de España que estaba en su poder (8.18.76) desde los Juegos Olímpicos de Londres, en el 2012, de los que se fue con una medalla de plata en la distancia. “Con un tiempo mejor que el que conseguí entonces me he quedado fuera del podio. Eso da una idea de cómo evoluciona la natación y la progresión que ha existido en esta prueba”, explicó Mireia. “Todo el mundo me decía, a ver cómo te va. Pero yo sabía que iba a ser muy complicado. Así que lo que he intentado es salir a tope, aguantar y jugármela al final, como siempre”.

Su táctica le sirvió para mantenerse en posición de podio hasta los 250 metros, muy lejos de Ledecky que ya abrió un margen imposible de enjugar en el primer hectómetro –“ni la he podido ver, sabía que iba delante, pero ya está, es un monstruo”, la elogió Mireia- pero no pudo responder en las siguientes vueltas a la intensidad de Jazz Carlin, plata también del 400 libre, y el ataque furioso de la húngara Kapas.

“He salido que casi no podía caminar, pero lo he luchado hasta el final. Que me duelan tanto las piernas es una buena señal, es que lo he dado todo”, remarcó Belmonte, inmensamente feliz por el balance de los Juegos. “Creo que es buenísimo. Estoy super contenta con el bronce del 400 estilos. No me lo esperaba. Era una prueba que veía muy lejos. Qué puedo decir del oro del 200 mariposa. Me hace feliz. Y una cuarta plaza aquí es una buena despedida”, afirmó orgullosa, tras llevarse diploma olímpico, para dejar claro que piensa seguir hasta Tokio. “Tengo 25 años, estoy en la flor de la vida y me gusta demasiado la natación para dejarlo”, proclamó.

HOSSZU, SUPERADA

Por primera vez en estos Juegos, alguien tocó la pared antes que Phelps en una final. La quinta medalla de Río, la 27º medalla de su palmarés, no fue del color que esperaba. Fue el joven nadador de Singapur, Joseph Schooling, afincado en Austin (Texas) el que consiguió relegarlo a la segunda plaza, aunque para ello necesitó batir el récord olímpico (50.39 segundos). Mucho menos explosivo que sus rivales, Phelps tuvo una espléndida reacción después de completar el primer 50 en sexta posición. Su nado fácil, fluido, le llevó finalmente a superar al sudafricano Chad Le Clos, relegándolo a la tercera plaza, un bronce compartido con el húngaro Laszlo Cseh, en la que quedará como su última carrera individual en la escena internacional.

También sucedió lo inesperado en la final de los 200 espalda. La húngara Katinka Hosszu cedió en los últimos metros ante la estadounidense Maya Dirado y se tuvo que conformar con la plata, después de sus tres oros en los 200 y 400 estilos y los 100 espalda. Dirado, que marcó un tiempo de 2.05.99 (16 centésimas menos) la superó en un esfuerzo tremendo, espoleada por las gradas, que culminó en los último cinco metros, en los que ‘Iron lady'’ seguramente pagó el cansancio de una agenda tan cargada.

La penúltima jornada de la natación sirvió para coronar al estadounidense Anthony Ervin como el nadador más rápido de Río y también como el campeón olímpico más veterano: 35 años. Ervin desbancó al defensor de título y campeón mundial del 50 libre, el francés Florent Manaudou por una centésima (21.40 del ganador), mientras el bronce fue para el también estadounidense Nathan Adrian (21.49).