Un Valentino Rossi de 10

El piloto italiano logra su décima victoria en Montmeló en una jornada marcada por el recuerdo a Luis Salom

Rossi traza una curva en Montneló seguido de Márquez y, a lo lejos, Pedrosa.

Rossi traza una curva en Montneló seguido de Márquez y, a lo lejos, Pedrosa. / AFP / LLUÍS GENÉ

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EMILIO PÉREZ DE ROZAS / MONTMELÓ

Catalunya, Barcelona, Montmeló, el Circuit tiñeron de negro el viernes la historia del motociclismo con la trágica muerte, incomprensible, dolorosísima, del joven mallorquín Luis Salom, de 24 años. Hacia casi cinco años que el mundo que se cimenta en el riesgo, la velocidad, el equilibrio, el roce con el asfalto, el dolor y, sí, la muerte, no sufría un tsunami tan estremecedor, tan injusto, tan familiar. Por eso sonó a grito de guerra la frase del campeón Johann Zarco cuando pidió convertir «esta pesadilla, este desastre, en un homenaje a Luis».

Y horas después, Catalunya, Barcelona, Montmeló, el Circuit sembraron de gloria, flores, aplausos, gestos, dignidad, silencios, amor, besos, abrazos, devoción y señorío la jornada del domingo. Cierto, ni un solo gramo de esas toneladas de cariño y complicidad, de buen rollo y urbanidad, aplausos y cánticos a todos, secan las lágrimas que generó la muerte del Mexicano, pero sí demuestran que los 2.000 habitantes del paddock y los 99.575 motards dignificaron este deporte hasta hacerlo celestial y la pleitesía que los 84 gladiadores de cuero mostraron al príncipe mallorquín fallecido hace que el motociclismo vuelva a ser solidario, sensato, caballeroso y digno.

Todo empezó con un niño de 20 años, Jorge Navarro, venido de La Puebla de Vallbona, acompañado de la mano de mamá Adela y papá Paco, apadrinado por Emilio Alzamora, que convirtió su octavo podio en Moto3 en la primera victoria de su vida y en el primer lagrimón de su carrera. «Me levanté de la cama y me dije: 'Jorge, hoy es el día de Luis, no el tuyo, así que ponte las pilas y logra tu primera victoria'. Y, créanme, alguien guio mi carrera, alguien me empujó en la última vuelta ¡porque volaba!». Miren si el día parecía predestinado que el bueno de Navarro se convirtió en el 39º piloto español que gana un gran premio. ¿Se acuerdan del dorsal de Luis Salom? Pues sí, el 39. Ven, Catalunya, Barcelona, Montmeló, el Circuit empezaban a pagar su deuda. O disimularla.

LA PROMESA DE ZARCO

De príncipe a campeón, porque fue Zarco quien se coronó en Moto2. Y fue Zarco el primero en convertir el podio en una fiesta donde lucían las camisetas negras con la inscripción Always in our hearts, siempre en nuestros corazones. Si el príncipe había conseguido, por fin, el sueño de todo un pueblo y el éxtasis de una familia, Zarco reivindicó con su carrerón sus días de vino y rosas al lado de Salom, uno de sus mejores amigos. De ahí que el francés silencioso pusiese la gallina de piel a los periodistas que asistimos a su conferencia de prensa el sábado: no dijo que intentaría ganar, dijo que ganaría por Luis. Y cumplió.

Pero si hermoso es ver nacer a un nuevo príncipe de la velocidad o ver cómo un campeón abre el mar con solo extender sus manos para que pase el cortejo fúnebre de su amigo, más hermoso es ver cómo el rey de reyes, el mejor, dios, acude en carroza a la fiesta de homenaje del mallorquín volador. Porque nada de lo preparado por Catalunya, Barcelona, Montmeló, el Circuit y el pueblo del paddock hubiese alcanzado la gloria y llamado a las puertas del firmamento sin que dios obrase el milagro de ganar, de nuevo, cuando no había sido llamado a la fiesta. Y es que Valentino Rossi dijo a los suyos, aunque no lo hiciera público: «Yo también quiero dedicarle el triunfo a Luis». Pero el sábado se acostó a casi un segundo de Márquez.

Eso, para dios, es un soplido, talco en las uñas, cera en los oídos, un uñero, nada. Porque cuando el Doctor acude a una fiesta, no solo lo hace acompañado de la Tribu Dei Chihuahua, su clan, sino que lo hace para aumentar su colección de trofeos. Y lo hace a lo bestia, frente a leones como Jorge Lorenzo y tigres de Bengala como Marc Márquez, que sucumben ante sus garras pues, al final, concluida la fiesta, la carrera, los demás recogen los números atronadores que dios ha desperdigado por la pista: 10 victorias en Barcelona, una más que en MugelloAssen Jerez, las otras iglesias rossistas. Nadie ha ganado tanto en ningún sitio y el libro de oro de este médico, que opera con la mirada, es: 337 carreras, 217 podios, 114 victorias (88 en la categoría reina, 14 en 250cc y 12 en 125cc) y, sí, claro, nueve títulos mundiales.

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Y, DE PRONTO, LA PAZ

El 10 ya tiene 10 en Barcelona. El 10 que enseñó el camino a los príncipes derrotó al que todos señalan como su heredero en los próximos años. Y no solo hizo eso, sino que, al final, le tendió la mano y Márquez se la apretó. Y el rey selló la reconciliación rodeando los cinco dedos de Marc con su otra mano. Solo Catalunya, Barcelona, Montmeló y el Circuit podían generar, en recuerdo de Salom, la paz deseada, bendecida por el Mexicano.