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Abidal: "¿Dónde está el límite? ¿Quién dice que algo no puede ser?"

El exjugador del Barça recuerda su lucha contra el cáncer y cuenta su día a día cinco años después en una entrevista con EL PERIÓDICO

JOAN DOMÈNECH / DAVID TORRAS / BARCELONA

El exjugador azulgrana nos cuenta cómo es su día a día. / JORDI COTRINA

En marzo del 2011, una noticia sacudió al barcelonismo, pero sobre todo al principal afectado: Eric Abidal sufría un tumor en el hígado. Los médicos se lo extirparon dos días después de detectárselo. La pesadilla reapareció al año siguiente ante la necesidad de un trasplante. El defensa francés volvió a jugar, convirtiéndose en un ejemplo. Ahora, una vez retirado, comparte aquellas experiencias que vivió y dirige una fundación para ayudar a niños que han sido diagnosticados de cáncer y a sus familias. Es la nueva vida de Abi, convertido ahora en un barcelonés más.

-Hace cinco años de una visita al médico que no fue una visita cualquiera.
-Me acuerdo de todo, la verdad. Del partido de Sevilla, del cabezazo a la pelota en el suelo para que Negredo no se escapara solo y del día siguiente, que era de descanso. Tenía cita con el doctor, había quedado con él para someterme a un chequeo y entonces me detectaron el tumor.

-Menudo golpe.
-Sí. Un golpe fuerte, pero más para mi mujer porque en su casa habían pasado cosas graves, como un hermano en silla de ruedas y otro operado de quistes. Intenté animarla, al tiempo que le pedía al doctor que me sacara el tumor lo más pronto posible.

-¿El chequeo tenía que ver con una dolencia hepática anterior?
-Tuve una hepatitis B de crío, pero no era ese el motivo. No tenía problemas físicos ni dolor. El chequeo era el que hacíamos en el Barça a principios de temporada, que se había retrasado entre los partidos nuestros y los de la selección francesa.

-Su caso fue mediático, aparte de que jugara en el Barça, por ser usted un deportista de máximo nivel. Venía a significar que cualquier persona estaba expuesta.
-Creo que da igual la vida que lleves. No influye para sufrir la enfermedad. Yo no fumaba ni bebía y me tocó. Pero como siempre digo, Dios manda. Él te coloca en situaciones difíciles en la vida. Son vallas que tienes que intentar saltar.

-¿Esas creencias les han ayudado?
-No solo al sufrir la enfermedad. No es algo que haga ahora después de lo que me pasó hace cinco años. De pequeño rezaba cada día con mi madre, aunque ella es católica. Siempre pido ayuda a Dios, en los momentos buenos y en los malos, en las situaciones difíciles que pasan otras personas en otros países. Para mí es un guion para saber lo que es bueno y lo que es malo. A veces te vienen a la cabeza malas ideas y solo tienes a Dios para retomar el buen camino.

"El doctor Fuster me dijo: 'Estaremos en Wembley tú y yo'. Y estuvimos, fue una victoria mía, del Barça, del Clínic..."

-¿Cómo asimiló la noticia aquel martes 15 de marzo? ¿Qué le dijo el doctor tras el chequeo?
-Sospeché que había algo porque nos hablaron de volver por la tarde a la consulta. Iba con el doctor Medina en el coche, pero no me adelantó nada por teléfono, supongo que por respetar la comunicación del doctor Fuster. Al verle fue clarísimo: 'Vimos esta imagen que no nos gustó, te hiciste una resonancia y ha salido un tumor en el hígado. Tenemos que operarte. No jugarás más a fútbol y concretaremos una fecha para operarte la próxima semana'. Pero a los dos días ya me operé: quería que fuera rápido, no podría quedarme una semana dando vueltas a la cabeza pensando en lo que podía pasar. Quise saberlo todo: cómo sería la operación, el futuro que me aguardaba… y a partir de ahí, ¡a la batalla!

-¿Qué le contó?
-Que me abrirían y lo extraerían, verían exactamente dónde estaba localizado, que si estaba cerca de una vena entraría en lista de espera para un trasplante por la posibilidad de una recaída y, si era así, sufriría un trasplante más adelante.

-¿Le adelantó que no volvería a jugar? ¿Se lo preguntó usted?
-La primera vez no, porque era sacar una parte del hígado, pero se regenera solo. Uno de los cirujanos, el doctor Fuster, me dijo: 'Estaremos en Wembley tú y yo'. No se equivocó.

-Usted sí estuvo. ¿Y él?
-Sí, sí, creo que sí. Fue una victoria para todos. Para mí, para el Barça, para los doctores, para todo el equipo médico del Hospital Clínic…

-¿Cree que fue una forma de animarle o lo creía firmemente?
-Me lo dijo porque conoce su trabajo y sabía que era posible. Yo estaba muy animado. No quería dejar el fútbol por una enfermedad o una lesión. Tenía que pelear. Me aconsejó que fuera despacio: primero recuperarme, luego empezar a correr y avanzar con el paso del tiempo. En dos meses y medio ya estaba listo.

-Parece muy poco tiempo.
-Es poco tiempo, pero cada cuerpo es diferente. Tengo la virtud de recuperarme con rapidez. No voy a decir que no duele, porque duele, y porque no me gusta tomar pastillas ni medicamentos. Aguanto todo lo que puedo y, cuando no puedo, entonces sí tomo antiinflamatorios.

"La enfermedad la tenemos todos. Y se activa o no. Si tiene que volver, volverá. Si me tiene que volver a pasar, pasará. No es una obsesión"

-Su caso sirvió como ejemplo.
-Sí. Pero echando la vista atrás sé que hay mucha gente desconocida que pelea mucho más que yo y también sale adelante. Otros, no. Conociendo la enfermedad, voy por el camino que tengo que seguir: compartir mi historia, explicar que todo es posible, porque lo han visto en mí, y disfrutar de la familia y de la gente, sin enfadarse por nada.

-¿Usted cambió en ese sentido?
-Siempre he sido así, me gusta el contacto con la gente. A veces escuchas que uno no se lleva bien, por ejemplo, con su madre u otro familiar, pero cuando te pasa algo así ves que aquellas personas que no estaban, entonces están.

-¿Estaba obsesionado con jugar?
-Mi obsesión tras la primera operación, era acabar la temporada con el equipo. Entrenar. Porque jugar ya era algo que dependía del míster.

-¿Estar o o poder jugar?
-Era un proceso lento. 'Primero es la salud, luego el deporte, si lo haces al revés no llegarás', me avisaron. Primero camina, poco a poco, aunque a los 15 minutos ya me ahogaba, y luego te pones en forma.

-Y volvió. Un subidón.
-Sí. Fue una decisión del cuerpo médico, que tardó mucho en decirme que podía regresar con todos.

-Acaso, ¿por miedo?
-No, era precaución. También lo decide el jugador. Si te ves capacitado o no. Yo me veía. Un día le dije al doctor: 'Ahora sí'. Y me dieron el alta. Fui al míster [Pep Guardiola] y le dije: '¡Ya puedes contar conmigo!'. Me puso en la semifinal.

-Ante el Madrid, en la Champions.
-Dos minutos. Para mí eran diez. O más. Un momento inolvidable.

-De los más grandes que ha vivido ese estadio.
-Espectacular. Como si fuéramos una sola persona. El apoyo de la gente que me preguntaba y me animaba fue fundamental. Me ayudó mucho. No era fácil, no. Solos no podemos en estas situaciones.

"He conocido a quien ha sufrido cuatro trasplantes, con un rechazo tras otro, y ha sido capaz de subir luego al Himalaya"

-Cinco años después, ¿piensa en todo eso?
-No, no. Mi caso era diferente al de otras personas. Yo estaba en forma, me sentía de puta madre. Me lo advirtió el doctor: 'Tú entras bien, no te duele nada, te operaremos y luego estarás peor que cuando entraste'. La segunda vez, igual: no tenía dolores y la salida fue durísima. Otros entran mal al quirófano y acaban saliendo bien. Yo no.

-¿Fue peor la segunda operación?
-¡Claro! No a nivel mental, porque estaba preparado para el trasplante y las repercusiones sobre un rechazo, el riesgo de infecciones, las pastillas que debería tomar… Me dejaron salir un fin de semana, luego me quedé 15 días en la cama. Suerte que en esa fase tenía también a mi lado las 24 horas a mi mujer, mi primo, la gente del club, los cirujanos siempre pendientes, los amigos…

-¿Con el tiempo se ha olvidado de todo aquello?
-No, porque el cáncer siempre anda ahí. Tengo unas amigas que sufrieron cáncer que han creado una asociación en Terrassa que se llama 'Mi compañero de viaje'. Es tu compañero de viaje. Sabemos lo mal que se pasa cuando te toca. Si te tiene que tocar, no es mala suerte. No es tú u otra persona. No hay respuestas.

-¿Por qué a mí? Es la pregunta que martiriza a la gente.
-Es lógico, pero es el cuerpo. Cuando hablas con doctores y la gente que trabaja con la enfermedad te lo dicen: la tenemos todos, todos, y se activa o no. Si tiene que volver, volverá. Si me tiene que volver a pasar, pasará. No debe ser una obsesión.

-¿Sigue una vida normal?
-Sí. Hago deporte, juego a fútbol sala, voy en bici. Soy diferente, tengo un órgano distinto y tengo limitaciones. Pero no hay límites. He conocido a quien sufrió 4 trasplantes, con un rechazo tras otro, y subió al Himalaya. ¿Dónde está el límite? ¿Quién dice que algo no puede ser? Esas personas son un ejemplo. ¿Yo? Sí, pero hay casos peores al mío.

"El cáncer no se olvida, siempre anda por ahí. Es tu compañero de viaje. Pero hago vida normal, juego a fútbol sala, voy en bici..."

-Antes de la dolencia, ¿su idea era jugar hasta cuándo? ¿La enfermedad recortó su carrera?
-No, porque llega un momento que la cabeza dice basta. Es verdad que con la operación y la edad tardaba más en recuperarme, pero podía seguir jugando. Se lo dije al presidente, al director deportivo, al entrenador. Pero llegó el momento en que pensé en dejar el fútbol. Tenía la fundación y otra motivación. Tampoco quería hacer el ridículo y ocupar un sitio que debía ser para los jóvenes.

-Su fundación se vuelca con los niños.
-Con los niños y sus familias. Si Dios quiere, montaremos una residencia en Barcelona o cerca para facilitar la vida de los familiares de los pacientes, que no tenga que preocuparse en gastos, dónde dormir.... Que estén en Barcelona como en casa. Vi el ejemplo de una familia que era de aquí y era durísimo, imaginen los que viene de fuera o del extranjero.

-¿Habla con los doctores?
-Sí, paso revisiones cada tres meses, me hago analíticas, ecografías…

-Y Gerard, su primo, ¿cómo está?
-¡De puta madre! Salió a las tres semanas del hospital, estuvo en mi casa cuatro meses. Solo tuvo una complicación de un bulto de grasa en la cicatriz. Ahora está casado, es padre, tiene un niño y una niña y trabaja en Francia. Se quería mudar aquí.

-Y en Barcelona se quedó usted.
-De momento. ¿Ustedes saben dónde estarán mañana? Manda la jefa. Si quiere mudarse, nos mudaremos y si no, pues no.

Temas: Cáncer