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Árbitro, vete al teatro

Iglesias Villanueva, el juez el Madrid-Rayo, es un apasionado de la escena e incluso escribe obras para niños

ELOY CARRASCO / BARCELONA

Gabi se marcha expulsado de La Rosaleda.

Gabi se marcha expulsado de La Rosaleda. / AFP / JORGE GUERRERO

La Liga ha coincidido con un fin de semana electoral, y aunque con frecuencia surgen voces reclamando que nunca se debe mezclar política y fútbol, aquí vemos varios ejemplos de que una separación absoluta es imposible y quizá inconveniente. También hemos descubierto la pasión por el teatro del árbitro que enfadó a Paco Jémez en el Bernabéu. Todo es política. 

ATLÉTICO: GABI SE ESCAQUEÓ DE LA MESA PERO PERDIÓ

Se dice a menudo que los futbolistas viven en una burbuja. Recorren el planeta viajando con sus clubs y quizá no sepan ni sacar una tarjeta de embarque o comprar un billete por internet, o se pasan cinco años en la Liga inglesa y apenas podrían pedir un café en un bar con el idioma aprendido. Algunos no necesitan cosas corrientes como ir a votar o contratar el seguro del coche. El mundo aparte en el que están empadronados, por lo tanto, carece de engorros como comparecer en una mesa electoral un domingo. Le ocurrió a Iñaki Williams, que fue reclamado en Bilbao, pero el Athletic movió sus piezas para eximirlo. Peor fue lo de Gabi, capitán del Atlético de Madrid, al que dispensaron de su obligación cívica y pudo acabar jugando en Málaga. No le convino el trueque. Su equipo perdió y no fue capaz de abordar el liderato, y a él lo expulsaron por dos amarillas en seis minutos. Será que la democracia le devolvió un mal karma.

EIBAR: CUANDO JUGAR DE PORTERO ES UN OFICIO DE RIESGO

Hablando de política, seguramente a los spin doctors de ERC se les pusieron los pelos de punta al saber que trabajarían con un candidato llamado Rufián. Pero el hábito no hace al monje, y ya se han visto los resultados. En términos de la Liga, tampoco parece el mejor plan que un portero se apellide Riesgo, y por una vez la asociación nombre-consecuencia tuvo sentido. El guardameta del Eibar, Asier Riesgo, calibró mal el ídem y con una salida atolondrada provocó el penalti sobre el que el Deportivo y Lucas Pérez levantaron otra victoria. El portero del equipo gallego, por cierto, es Germán Lux y, cuando tiene un mal día, en A Coruña le hacen la broma sobre cuál es su programa de televisión favorito: «Sálvame de Lux». Aunque ahora le traen competencia –el croata Pletikosa–, es un buen portero. De la cantera de River, donde fue becario del servicio de prensa cuando estaba en las inferiores.


RAYO: LA PASIÓN TEATRAL DEL ÁRBITRO QUE CRISPÓ A PACO

La lio bien liada Ignacio Iglesias Villanueva, el árbitro que sacó de sus casillas a Paco Jémez (y a cualquiera que no tenga el corazón blanco). Se enfadó mucho el entrenador porque lo que le hicieron a su Rayo fue un atropello arbitral como los de antes, aunque le acabó deseando unas felices Navidades. Quizá lo que le pasó a Iglesias es que sobreactuó un poco. Y no será por falta de tablas teatrales. El juez gallego, hijo de un veterano socialista de Pontedeume, la localidad coruñesa donde nació, es profesor de Primaria y tiene un pasado en los escenarios. Estudió interpretación, desfiló ante los duros públicos de pubs y bares, movió títeres y hasta ha dirigido obras para niños. Ya es lástima que se le colara el fingimiento de Sergio Ramos. 

SEVILLA: UN EJERCICIO DE FONÉTICA EN LA ERA DE BOSMAN

La semana pasada se cumplieron 20 años de la sentencia Bosman, la sacudida judicial que cambió el deporte europeo y, en particular, el fútbol. Un logro social, con algunos efectos secundarios, como que en el Betis-Sevilla del sábado hubiera solo un sevillano de pura cepa entre los 22 iniciales: Sergio Rico, el portero del Sevilla (en el Betis estaba Dani Ceballos, pero es de Utrera, como Reyes, que salió luego). Ahora abundan los futbolistas con apellidos de lugares muy remotos, y si en la capital de Andalucía ya bautizaron como Rafaé al portero ruso Dasaev de los años 80, hay que imaginarse cómo llamarán a algunos de los de hoy. En el Sevilla jugaron el sábado –agárrense la lengua–, Kolodziejczak, Krychowiak y Konoplyanka. En el Betis, Van Wolfswinkel, que por cierto es yerno de Johan Neeskens. Gracias a Bosman aprendemos mucha fonética. 
 

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