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Guangzhou: mucho dinero, gestión occidental y jugadores brasileños

El rival del Barça en el Mundial de clubs ha ganado las cinco últimas Superligas chinas

Adrián Foncillas

Robinho y Alan (7), dos de las principales figuras del Guangzhou de China.

Robinho y Alan (7), dos de las principales figuras del Guangzhou de China. / AP / SHIZUO KAMBAYASHI

Zheng alzó la copa entre los preceptivos acordes del 'We are the champions' de Queen y el regocijo de los 50.000 espectadores del Tianhe Stadium en una de las escasas alegrías que da el fútbol chino en la arena internacional. “En la vida tenemos buenos días y otros no tan buenos, y esta ha sido una noche extraordinaria”, señaló Luiz Felipe Scolari, quizá recordando el apocalíptico 7-1 encajado por Brasil contra Alemania en el pasado Campeonato del Mundo. El entrenador actual del Guangzhou Evergrande Taobao acababa de ganar el equivalente asiático a la Champions League y mañana jugará contra el Barça en las semifinales del Mundialito tras eliminar sorprendentemente al América mexicano.

La autoridad futbolística china no reside en Pekín ni Shanghái, equivalentes político-económicos aquí de Madrid Barcelona. Guangzhou, una megalópolis de casi nueve millones de habitantes y clima pegajoso, es la capital de la sureña provincia de Guangdong (antigua Cantón), epicentro de la fábrica global y cuna de la rama gastronómica china más global. También en los últimos años, después de un camino árido, exporta lo más digno del fútbol patrio.

El equipo fue fundado en 1953, se profesionalizó 40 años después y penó sin ofrecer noticias más relevantes que su implicación en el turbio ecosistema futbolístico de la década pasada. El soborno a un contrario para que se dejase golear dejó al equipo en la segunda división nacional, a los dirigentes en la cárcel y a la franquicia en venta. Ahí empezó su resurrección. A cambio de 100 millones de yuanes (14 millones de euros) se lo quedó con espíritu mesiánico el magnate inmobiliario Xu Jiayin en 2010. Su primera decisión fue enviar a sus directivos a Europa para aprender la gestión de clubs profesionales.

Funcionó. El Guangzhou ha ganado las cinco últimas Superligas (el campeonato nacional chino) y dos de las tres pasadas Champions asiáticas. La escuela italiana había dirigido al equipo en los últimos años con Marcelo Lippi Fabio Cannavaro en el banquillo y Alberto Gilardino y Alessandro Diamanti en el césped. La reciente contratación de Luiz Felipe Scolari por el destituido Cannavaro estimuló el aluvión brasileño. Paulinho, Goulart, Elkenson y Robinho monopolizan un ataque más que digno.

Nadie ha marcado más goles en la Superliga que Goulart, Paulinho fue sacado del Tottenham Hotspur por 15 millones de dólares y Robinho (ex del Real Madrid, Manchester United y Milan) cobra tres millones de dólares por seis meses con el encargo de ganar el campeonato asiático. El equipo cuenta también con más de un tercio de los integrantes de la selección china.

Muchos de los extranjeros llegados al gigante asiático, casi todos en su otoño profesional, han acabado en el Guangzhou. En 2012 convirtió a Dario Conca, un argentino ignoto y ni siquiera internacional, en el quinto jugador con mayor salario del mundo (10 millones de euros anuales). En esa misma temporada le pagaba 10 a Lippi y 6 a Lucas Barrios.

LA PRINCIPAL FORTUNA CHINA

El club es, de lejos, el más rico del país. Su nombre explica el músculo financiero. Evergrande es una de las mayores inmobiliarias del país. Recientemente se unió Jack Ma, el carismático fundador del gigante del comercio electrónico Alibaba (Taobao es la plataforma de ventas del grupo). Ma se convirtió en la principal fortuna nacional después de que este año su compañía batiera el récord de capitalización en su salida a bolsa en Nueva York.

La lógica de la cartera y las compras compulsivas sí se imponen en Asia al plan estratégico macerado. El club ha gastado 150 millones de dólares desde 2010, más que nadie en Asia.

Muchos se preguntan por qué el éxito del Guangzhou no se puede replicar a la calamitosa selección nacional. Doblemente doloroso fue su empate reciente en Hong Kong, porque la deja casi sin opciones para el Mundial de Rusia y porque llegó en la excolonia británica con el público entonando cantos ofensivos hacia la madre patria. La respuesta más evidente es que la selección no puede fichar talento extranjero, pero algunos analistas también apuntan a la gestión. El Guangzhou aplica un modelo capitalista, se convirtió el mes pasado en el primer club asiático en cotizar en bolsa y cuenta con dos grandes compañías detrás. La selección, por más que fiche al español José Antonio Camacho o al francés Alain Perrin, está lastrada por la enmohecida gestión estatal.

“Si el Gobierno se va del fútbol y se lo deja al mercado y la sociedad, se verán resultados rápidamente. El Guangzhou no sólo confía en el dinero sino en la organización más profesional”, escribía recientemente el reputado analista Huang Jianxing.

Nadie en Guangzhou ha discutido la aridez de la escuela italiana primero ni de la brasileña más italianizada después. El jogo bonito es una exigencia ética para el Real Madrid o el BarÇa pero sólo un lujo pequeñoburgués en un país grapado al ridículo futbolístico.

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