15 ago 2020

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LA SITUACIÓN DEL FÚTBOL BASE CATALÁN

Los niños ya chutan

Los insólitos requisitos de la FIFA dificultaban que cientos de chavales tuviesen ficha federativa -- La Generalitat ayuda a la Federación Catalana a desatascar el embudo de licencias infantiles

EMILIO PÉREZ DE ROZAS / BARCELONA

Alevines del modesto club Alzamora bromean tras las redes de una portería.

Alevines del modesto club Alzamora bromean tras las redes de una portería. / JOAN CORTADELLAS

Una ley pensada, creada y aplicada para luchar contras las mafias que trafican con niños futbolistas o estrellas del futuro (unas normas impulsadas por la Comisión Europa y hechas realidad por la FIFA) han provocado, durante los últimos meses, el caos, la inquietud, el desencanto, el llanto y la desilusión en el fútbol más modesto, en el balompié más infantil, en aquellos clubs (en Catalunya hay 1.341 entidades) y terrenos de fútbol en los que los niños, a partir de los cinco años, intentan divertirse, aprender, socializarse, integrarse y practicar deporte.

El temor a que se mantuviesen esos pisos pateras en los que vivían un montón de niños traídos de diversos países con el gancho de convertirles en estrellas, la posibilidad de que se sigan fabricando adopciones de conveniencia y la sana intención de acabar con esta variedad de explotación infantil hizo que la FIFA legislase sin tener en cuenta las situaciones periféricas, la casuística de cada país y, sobre todo, tal y como denunció en abril del 2014 el Síndic de Greuges, Rafael Ribó, discriminase a los niños extranjeros que se encuentran en Catalunya y crease una serie de obstáculos incomprensibles para la práctica del fútbol.

Misión imposible

El caso es que hasta el pasado 26 de octubre -cuando la Federación Española de Fútbol y la Secretaria General del Esport de la Generalitat decidieron flexibilizar, suavizar, poner un poco o un mucho de sensatez en los requisitos que necesita un niño para jugar a fútbol- la situación era desesperante. La necesidad de formalizar una ficha en la Catalana se había convertido en misión imposible, especialmente para aquellos niños nacidos fuera de España que residían en Catalunya.

Los formularios, pues había varios tipos, llegaban a incluir hasta 22 documentos por niño, que podían ser desde la partida de nacimiento o bautismo del chico hasta un texto, escrito de su puño y letra, en el que explicaba por qué quería inscribirse en ese club e, incluso, por qué quería jugar a fútbol. A los padres se les pedía de todo, no solo el contrato de trabajo sino también que especificasen su sustento económico. También a la madre, que, si no trabajaba, debía señalar y certificar que se dedicaba «a las labores del hogar». Además de pasaportes y permisos de residencia de toda la familia.

Una polémica ventanilla

«Ha sido como regresar, no al futuro, sino al pasado. Ha sido volver a aquella ventanilla del franquismo del vuelva usted mañana y, cuando regresabas, siempre, siempre, te faltaba una póliza», señala Jose V. Madolell, director deportivo del modesto Alzamora CF, rodeado de instancias, papeles, certificados, documentos y cartas a los Reyes Magos de sus niños, en las que explicaban, con finísima caligrafía, que querían jugar a fútbol porque «me lo paso bomba y tengo muchos amigos en el equipo».

Pese a que desde la Federación Catalana de Fútbol, cuyos funcionarios han sido siempre gentiles y reconocen que la documentación era excesiva, se pasaron los últimos meses avisando a los clubs de que el trámite de las fichas sería «muy engorroso y provocaría multitud de repeticiones y rechazos», lo cierto es que en octubre llegaron a acumularse casi mil solicitudes, de las que ahora ya solo quedan, según un portavoz federativo, «menos de un centenar».

Papeles y requisitos

La presión de los clubs modestos, lo absurdo de la ley, el reconocimiento por parte de la Española de que casi nada tenía sentido y, sobre todo, la intervención de la Secretaria General de l' Esport de la Generalitat ha permitido, desde el pasado 26 de octubre, que los requisitos para los extranjeros nacionalizados y/o con dos años de residencia en Catalunya sean idénticos, es decir, mínimos (certificado de dos años de residencia y cumplimiento de la Ley de Extranjería, es decir, DNI y permiso de residencia) para poder acceder a una ficha provisional con la que empezar a jugar.

«Lo que deberíamos haber hecho -sigue explicando Madolell- es haber enviado a la FIFA las fotografías de nuestros niños, de entre cinco y diez años, llorando cada vez que les decíamos que seguían sin poder jugar pues nos faltaba un papel, la federación nos pedía un documento más o había rechazado uno de los que le habíamos enviado». Madolell, que al igual que Tomàs Desembre, presidente de la Penya Barcelonista Barcino, ha peleado duro para que cambiasen las normas, ha llegado a explicar que a una mujer, que tuvo a su hijo de soltera, casada ahora y cuyo esposo ha reconocido al chaval, le exigían «un certificado donde dijese que el hijo era extramatrimonial».

Solución improvisada

 La intervención de la Generalitat, sugiriendo u obligando a la catalana a aplicar la ley catalana por encima de la ley privada de la FIFA, ha permitido en los últimos días que se agilizasen un montón de fichas y que las familias de cientos de niños vuelven a sonreír. «Estoy convencido de que si las normas hubiesen sido normales, sensatas, simples, se hubieran federado 4.000 o 5.000 niños más de los que se han federado», explica Desembre. E insiste en que, de momento, «se ha resuelto el embudo de una forma provisional», pues la FIFA lleva un año sin responder a todas las propuestas sugiriendo reflexión y un cambio radical de la ley surgidas desde Catalunya y nada hace pensar que modificarán sus estrictas normas antimafia.

«Cada día -cuenta Madolell, que, como todos se desvive por sus niños- me cruzó en nuestro campo con el padre de Alessandro, un niño de 6 años al que le pidieron que certificase cuál era, en estos momentos, su sustento económico e hizo un documento en el que contaba que viven de los 420 euros que le entregaba mensualmente el INEM. Y, claro, la federación Catalana le respondió que con eso no podía vivir. Y es verdad, con eso no se puede vivir, pero es todo lo que gana ese hombre».

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