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El Barça se encoge

A la espera de Arda y Aleix, en enero, Luis Enrique gestiona una plantilla que vive el primer año sin Xavi, el alma, y sin Pedro, el remedio ideal a la delantera

MARCOS LÓPEZ / BARCELONA

Parece el mismo Barça de Berlín. Pero no lo es. O sí, aunque solo en su fotografía inicial. De aquel once que ganó a la Juventus en la obra cumbre del equipo de Luis Enrique no falta nadie. Están los 11. Todos continúan en el Camp Nou. Ter Stegen, Alves, Piqué, Mascherano, Alba, Rakitic, Busquets, Iniesta, Messi, Suárez y Neymar. El problema es que el Barça tetracampeón se ha encogido. Y de manera peligrosa. Entre la sanción FIFA -Arda Turan y Aleix Vidal no podrán debutar hasta enero- y las decisiones voluntarias -Catar acoge los últimos días de Xavi con el balón y Pedro prefiere irse con Mourinho antes que vivir en el banquillo en Barcelona-, la plantilla azulgrana se ha debilitado. No es el mismo Barça.

Lo parece, pero no lo es, entre otras razones porque la diferencia entre titulares y suplentes se hace todavía más evidente, como quedó demostrado en la Supercopa de España, donde las rotaciones masivas de Luis Enrique no dieron resultado. El técnico no dejará de hacerlas, eso está claro, pero tiene menos margen de maniobra que hace un año.

PROTEGER EL TESORO  / El Barça tiene algo que no tiene ningún otro equipo del mundo. Tiene a Messi. No solo eso. También tiene a Neymar. Y a Suárez. O sea, disfruta de tres delanteros que ningún otro equipo del mundo puede presumir. Con cualquiera de ellos, harían un equipo poderoso y temible. El Barça tiene a los tres juntos. Es su gran tesoro. Lo que le hace diferente. Y con el tridente, que firmó 122 goles la pasada temporada, una cifra bestial, se puede ir hasta el fin del mundo. A las pruebas se remite Luis Enrique. Liga, Copa y Champions en su primer año en el Camp Nou lo avalan. Pero tiene que gestionar y mimar ese tesoro para que, sobre todo, no llegue dañado al tramo final de la temporada cuando se juegan todos los títulos. Mimarlo porque la marcha de Pedro le deja sin el relevo ideal para cualquiera de los tres, abriendo la pesada puerta a jóvenes como Munir y Sandro, que se hallan ante la oportunidad de su vida. O valen o no valen.

PASAR EL INVIERNO / En sus tres partidos oficiales de las dos Supercopas (una, la de Europa, está en el museo, y otra, la de España, vive en el nuevo San Mamés), el Barça ha dejado lecciones que no puede olvidar. Ni tampoco debería. Tanto en la victoria (excepcional la primera hora con el Sevilla, impropia del verano como si fuera la continuación de Berlín) como en la derrota (indigna la ida con el Athletic). Luis Enrique se encuentra, además, atado de pies y manos porque no puede refrescar al equipo como él desearía. No tiene el talento y la magia de Arda para dar horizontes nuevos al centro del campo. Ni puede disfrutar de la polivalencia de Aleix Vidal para inyectar piernas y velocidad al grupo.

Tiene lo que tenía. O menos incluso porque Xavi, una vez acomodado en su rol de suplente, le dio mucha calma al Barça en partidos alocados, y el gol de Pedro le había librado de problemas. Ahora, le corresponde a Luis Enrique exprimir esa segunda unidad que habita en su vestuario para resistir un otoño donde no se gana nada pero puede perderse mucho. Necesita que Rafinha dé ese paso adelante que tanto se le exige. ¿Bartra? Más de lo mismo. ¿Sergi Roberto? Igual. Y que los músculos de Vermaelen no se rasguen con tanta facilidad. Adivinar, por ejemplo, el misterio Douglas.

Será, en realidad, todo un misterio que se irá descubriendo con el paso de las jornadas. El Barça tiene intacto el esqueleto del tricampeón, ese equipo que ascendió al paraíso en apenas seis meses. De Anoeta a Berlín. Ahora tiene que volver a ser quien fue allí. Y no es nada fácil.

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