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De recogepelotas a estrella

Gerard moreno, de 23 años, ilusiona a los pericos con un discurso lleno de sentimiento. «Es un día especial, vuelvo a casa»

RAÚL PANIAGUA / BARCELONA

Hacía muchos años que un fichaje no generaba tanta ilusión en el Espanyol. Los pericos son hinchas muy fieles que sienten especial devoción por los jugadores que comparten su sentimiento de todo corazón. Tampoco hay demasiados. Gerard Moreno (Santa Perpètua de Mogoda, 1992) cumple ese requisito. Es un periquito de verdad. Se crió en la cantera desde pequeñito y ahora vuelve a casa. El Espanyol pagará 1,3 millones al Villarreal por el 50% de los derechos del delantero, que firma por cinco temporadas, aunque el club deberá venderlo si llega una oferta de al menos siete millones o bien pagar el 30% de esa oferta para quedárselo.

En un verano de decepciones por las salidas de referentes como Sergio García, Kiko Casilla, Lucas Vázquez, Stuani y Héctor Moreno, Gerard pone el contrapunto. No es fácil encontrar en el mercado futbolistas tan implicados en la causa perica. Marcelino le quería en el Villarreal pero el punta catalán deseaba más protagonismo y volver a casa. Lo ha logrado.

El abrazo con Tamudo

Solo con sus primeras palabras en su presentación de ayer en Cornellà quedó claro que Gerard Moreno no es un fichaje como los demás. «Quiero disfrutar de la experiencia de volver a casa con la familia, con mi gente, con mis amigos. Es un día especial, me crie aquí, soy de aquí, me considero perico, conozco a mucha gente del club y ahora me tocará jugar en lugar de recoger pelotas. Es un sueño que tenía desde pequeño». Ese discurso, que suena a tópico en muchos jugadores, es una realidad en este caso.

Gerard entró con 9 años en el Espanyol y estuvo del 2001 al 2007, de benjamín a cadete. «Me ponía de recogepelotas detrás de la portería para escuchar a la gente». Allí vio de cerca a sus ídolos y se abrazó con ellos, como el día del gol de Tamudo ante el Murcia en Montjuïc en la última jornada de la temporada 2003-04.

El nuevo delantero perico empezó su carrera en la Damm, esa fábrica de talentos por la que han pasado tantos jugadores. Con el Espanyol vivió un año mágico como alevín, cuando ganó todo (Liga, campeonato de Catalunya, el mediático torneo de Brunete...). Entonces ya se veían sus dotes goleadoras, pero el club le dio la baja y se fue al Badalona, que se llevará ahora un 5% de la operación.

Tres temporadas jugó en el conjunto escapulado, con 41 goles en su último curso y un ascenso a División de Honor que le llevaron al Villarreal. «Es el único jugador que tuve durante mi época formativa que decidía partidos», recuerda Manolo Márquez, uno de sus técnicos en Badalona. Con el submarino amarillo su progresión ha sido espectacular. Del Villarreal C al primer equipo, con cesión incluida al Mallorca (2013-14), donde fue el máximo goleador del equipo con 12 goles.

Gol en el Bernabéu

En la temporada pasada se destapó con 16 goles en todas las competiciones sin ser titular indiscutible, entre ellos el tanto que significó el empate en el Bernabéu (1-1). Ese zurdazo sorprendió a Casillas y puso la Liga en bandeja al Barça. En el equipo castellonense lució el dorsal 23, el que llevaba Tamudo. En el Espanyol lo tiene Arbilla, que podría concedérselo perfectamente.

En el cuadro catalán se reencontrará, por ejemplo, con Lluís Planagumà, el técnico del Espanyol B que le fichó para los benjamines del Espanyol y también le dirigió en el filial del Villarreal en dos caminos casi paralelos. El tiempo ha pasado y aquel recogepelotas que correteaba por Montjuïc es el fichaje estrella que ilusiona a todos los pericos.

Introvertido y sencillo, el «Djokovic» del fútbol, como le llamaba Cani en el Villarreal, vuelve a casa para quedarse y levantar el estadio. «¿Ser como Tamudo? Soy muy joven, pero me encantaría. Fui muy feliz los seis años que estuve aquí y ahora quiero volver a disfrutar».

Temas: Espanyol