Ledecky, la campeona insaciable

La nadadora estadounidense cierra con su triunfo y su récord del mundo en 800 libre un torneo prodigioso, que despedirá con cinco oros y tres récords mundiales

Ledecky celebra su triunfo y su récord del mundo en los 800 libre

Ledecky celebra su triunfo y su récord del mundo en los 800 libre / SERGEI GRITS (AP)

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LUIS MENDIOLA / BARCELONA

Katie Ledecky, una de las niñas prodigio de la natación estadounidense, abandonará los Mundiales de Kazán convertida en un nuevo icono de la natación. En un deporte necesitado de héroes por el declinar del 'rey' Michael Phelps, Ledecky presenta, a sus 18 años, todas las credenciales para apropiarse con toda justicia de la corona.

Nadie podrá discutirle a esta nadadora neoyorquina su condición de estrella de los campeonatos después de cerrar este sábado su participación en la ciudad rusa con una nueva exhibición en la final de los 800 libre a ritmo de récord del mundo (8.07.39 minutos). En casi cuatro segundos ha rebajado una marca que ya le pertenecía (8.11.00) desde el pasado verano y más de 10 segundos fue la diferencia que ha establecido sobre la segunda clasificada, la neozelandesa Lauren Boyle (8.17.65).

Es el quinto oro de la pelirroja Ledecky en Kazán y su tercera plusmarca mundial (ha rebajado, por dos veces, el del 1.500), una actuación que ha rubricado con una conquista única: extender su dominio en las pruebas de crol desde el 200 hasta el 1.500, una hegemonía impensable hasta ahora.

«Si hubiera imaginado esto en mis sueños, no me habría despertado nunca», ha explicado feliz Ledecky al abandonar la piscina. «Simplemente tengo que valorar este momento», ha añadido la joven campeona de cutis blanquecino, que completó su póquer histórico en las pruebas de crol con el oro en el relevo del 4x200, donde realizó la última posta.

Semana inolvidable

En una semana inolvidable, mostrando un momento inmejorable de forma, Ledecky consiguió rebajar por dos veces el récord del mundo de los 1.500, estableciéndolo en 15.25.48, una marca estratosférica, por debajo de la que han logrado nadar solo 80 hombres esta temporada. También se acercó a menos de un segundo de su récord del mundo (3.58.37) en la final de los 400 libre. Y en su prueba más exigente, en teoría, el 200 libre, logró clasificarse apenas media hora después de marcar la plusmarca mundial de 1.500. Y, una vez en la final impuso su explosivo esprint en el último largo para acabar por delante de la italiana Federica Pellegrini y de su compatriota Missy Franklin, dos figuras de primera línea. «Fue mucho más fácil que en el 1.500», dijo tras ganar para sorpresa de todos.

Lo mejor de Ledecky, que se entrena a las órdenes de Bruce Gemmell, no es solo el valor de sus conquistas y de sus colosales cronos (campeona olímpica en Londres, cuádruple campeona mundial en Barcelona, quíntuple en Kazán, con 10 récords mundiales batidos en su palmarés) sino que por su edad y su carácter insaciable y obsesivo en el agua, está destinada a marcar una era, con los Juegos de Río como su próxima meta, hasta el punto de que ha decidido retrasar su ingreso en la prestigiosa Universidad de Stanford hasta otoño, una vez superada la cita olímpica.

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«Ledecky es de otro mundo», la calificó recientemente Bob Bowman, el entrenador y mentor de Michael Phelps, el deportista más laureado de los Juegos Olímpicos con 18 oros. «Tiene deseo y tiene hambre. Es un placer verla dominar», reconoce Phelps.

La adolescente que se dio a conocer al mundo en Londres, con 15 años, ganando la final de los 800 libre, la prueba que consagró con una plata a Mireia Belmonte, es ya, sin discusión, el último fenómeno del deporte mundial.