LA FINAL DE LA CHAMPIONS

Gloria eterna

El segundo triplete y la quinta Champions prolongan la leyenda del mejor Barça de la historia

Los jugadores azulgranas recogen el trofeo de campeones de la Champions y se lo ofrecen a la afición en el césped. / FC BARCELONA / VÍDEO: JORDI COTRINA

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DAVID TORRAS / BERLÍN (Enviado especial)

Gloria al Barça en Berlín, gloria a Xavi, el capitán eterno, que cumplió la última misión y alzó la Champions, la quinta de una historia que un equipo de leyenda ha reescrito en apenas 10 años, una década que vale por un siglo y que le ha convertido en el rey de Europa y del mundo. Gloria a un Barça que se ha hecho grande y que este sábado, en un escenario épico, recuperó el trono perdido (1-3), después de dejar atrás a todos los campeones (Inglaterra, Francia, Alemania e Italia) y cerró el segundo triplete y abrió el camino de los seis títulos, acompañado por las voces de más de 17.000 culés que vivieron otra montaña de emociones hasta abrazarse a los suyos, en la simbólica imagen final de un partido que no se acabó en el campo sino en el corazón de la grada. El gol y la enloquecida carrera de Neymar, con todo el equipo detrás suyo mientras la Juventus lloraba en silencio, fue el mejor final de otra bella historia.

Son ya muchas las bellas historias que contar de un club que, no hace tanto, solo tenía Wembley para recordar. Cinco Champions, cinco Copas de Europa, como Bayern y Liverpool. Quién podía imaginarlo en los largos tiempos de desengaños. La 'Vecchia Signora', tan glamurosa, tan difícil de conquistar, elegante en el campo y en la derrota, también sucumbió, aunque peleó como italiana que es, y nunca se arrodilló pese al golpe de empezar a perder a los cuatro minutos. Parecía tan fácil, y no lo fue. Se sufrió, y mucho, y cuando peor estaba el partido, cuando la grada juventina más gritaba, y la azulgrana andaba en silencio, con el miedo que no había sentido en todo el día, el Barça se levantó y agarró la copa por las dos orejas. Messi corrió y corrió, y Suárez lo remachó. Y Neymar dibujó la última viñeta de un cuento que no se ha acabado.

LA FELICIDAD DE LUIS ENRIQUE 

Sonó 'Viva la vida'otra vez, símbolo de los mejores años de la vida del Barça. Sonó el himno azulgrana, y Berlín escuchó miles de voces cantando, mientras los jugadores se paseaban con la copa, de mano en mano, sonrientes, sintiéndose en la gloria. Y ahí estaba Luis Enrique, más feliz que nunca, dejando ir todos los sentimientos que guardaba dentro y que llevaba meses reteniendo, escuchando corear su nombre, en lo que era un mensaje claro.

No quieren que se vaya, aunque incluso ayer él mantuvo en el aire su futuro. Su hija pequeña, Xana, ondeaba una bandera. y él la acabó plantando en el centro del campo, en una metáfora de la conquista de Berlín.

UN DÍA DE FIESTA

Gloria a Messi, uno de los grandes autores de esta obra descomunal. Y a su lado, Xavi, Iniesta, Piqué, Busquets, Alves y Pedro, los héroes del club de las cuatro Champions, símbolos de un estilo que va mucho más allá de los títulos que acumulan. Berlín fue una fiesta de principio a fin, desde que miles de culés se desparramaron por las calles, y tomaron la puerta de Brandeburgo y recorrieron el muro, sin dejar de cantar, sin dejar de sonreír, sin miedo a perder, lejos del viejo fatalismo culé porque el Barça del siglo XXI es un Barça nuevo, que ha conquistado Europa cuatro veces en nueve años, siempre con el dulce encanto del balón.

Berlín vivió un día luminoso, sin nada que lo perturbara como habría ocurrido en una final contra el Madrid, un clásico envenenado que nadie habría vivido en paz, ni antes, ni durante ni después. Sentado frente al televisor, el madridismo estuvo cerca de tener su gran héroe, Morata, el mismo que les eliminó, y que se ganó mucho más que el perdón con el gol. Pero no pasó de ahí y la décima ha quedado enterrada un año después bajo el peso del triplete.

SONRISA DE ARTUR MAS

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En el palco, eso sí, la representación estatal estuvo muy lejos de la de hace un año en Lisboa, como si no jugara un equipo español. Era el día de las Fuerzas Armadas y tanto el rey Felipe VI como Mariano Rajoy se quedaron en casa. Artur Mas volvió a sonreir como en la Copa. Sin más himno que el de la Champions, la grada repitió el ritual de alzar miles de estelades al grito de independencia en el minuto 17.14.

Nadie podía escribir un mejor final para Xavi que el fútbol, y devolverle así la pasión de todos estos años. Y cogido de la mano iba Iniesta, coronado como el mejor de la final. Dos amigos. Dos símbolos de este equipo. Misión cumplida.