LA VUELTA DE LAS SEMIFINALES DE LA CHAMPIONS

Otra vez grandes

El Barça perseguirá en Berlín la quinta Copa de Europa, tras eliminar al Bayern de Guardiola, pese a perder en Múnich

Los jugadores del Barça celebran su clasificación para la final de la Champions con su afición, en Múnich.

Los jugadores del Barça celebran su clasificación para la final de la Champions con su afición, en Múnich. / JORDI COTRINA

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DAVID TORRAS / MÚNICH (ENVIADO ESPECIAL)

"Sí, sí, sí, nos vamos a Berlín", se escuchó en Múnich. En lo que era un grito que casi se cantaba antes de jugar y que ni la derrota (3-2) enmudeció. El Barça entrará en Berlín por la puerta grande, de la misma manera que el Bayern cayó con grandeza, peleando por un imposible, en un admirable estadio, que despidió a los suyos puesto en pie. Dos rivales que se enfrentaron a pecho descubierto, con la cabeza alta, y que acabaron tan amigos, con Luis Enrique y Guardiola abrazados, y Thiago y Rafinha, y Reina, y unos cuantos más, en un gesto al que ya le acompañaba el deseo de que vuelvan a conquistar Europa.

"Sí, sí, sí, nos vamos a Berlín", gritaron los 3.000 seguidores, en un grito que podía intuirse desde la distancia en las calles de Catalunya. Un grito heredado de París, el inicio de la segunda época gloriosa del Barça después de Wembley, del primer Wembley, el principio de todo, el origen de un nuevo club, una especie de refundación de la que, aunque parezca mentira, algunos siguen renegando. De pasarse la vida maldiciendo los postes cuadrados de Berna y los penaltis de Sevilla, y celebrar Recopas como si fueran Copas de Europa, el Barça ha pasado a ser el gran conquistador, un equipo hegemónico que disputará su cuarta final de la Champions en 10 años. Y que buscará el quinto título, Como el grande que era sin serlo: hace tiempo que ya es un grande de verdad.

UNA OBRA PERFECTA

Nadie está a su altura, nadie puede competir con un club que ha recuperado el tiempo perdido y persigue completar una mano de Champions. Quién sabe si ante el Madrid, que hoy se enfrenta a sus miedos escénicos ante la Juventus, en una situación muy distinta a la del Barça. Es la última bala de Florentino, Cristiano y compañía, bajo la amenaza de una temporada en blanco, mientras el Barça marcha directo al triplete, pendiente de acabar de cerrar la Liga que tiene en la mano, adornarla después con la Copa en el Camp Nou y marchar camino de Berlín. Una obra perfecta que igualaría el primer año de quien ayer sufrió parte de su creación en el otro banquillo.

Pep Guardiola se obligó a creer que tenía una pizca de esperanza, pero en el fondo sabía que no había nada que hacer. No frente a un enemigo tan letal. En la ida advirtió que Messi es imparable, y Leo le dio la razón. Esta vez, además de ensalzar el estilo de siempre, le añadió una etiqueta que algunos malinterpretaron intencionadamente: el mejor contraataque del mundo. Dicho y hecho. Así mató al Bayern en cuanto asomó la cabeza. Pim, pam, dos pases de Messi, dos carreras de Súarez y dos toques de Neymar. ¡Alehop!.

Cuando más fuerte cantaba el Allianz, aunque no dejó de hacerlo de principio a fin, ajeno al marcador, como si nada estuviera perdido; cuando el gol de Benatia a los siete minutos iluminó los rostros ante un posible milagro, el Barça solo tardo ocho minutos en apagar la luz y la esperanza. Y al rato, lo acabó de rematar. Dos disparos al corazón.

UN TIPO INEXPUGNABLE 

Se acabó. El Barça podía estar tranquilo y, encima, apareció una figura inmensa, un tipo inexpugnable: Ter Stegen. Es difícil saber si juega mejor con los pies o con las manos, pero anoche ejerció de portero, como también lo hizoNeuer. Por momentos, el elegido de Zubizarreta pareció tener tres o cuatro manos, y acabó de desesperar a los alemanes en los minutos clave.

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No era fácil que el Barça mantuviera la tensión y jugara sin mirar el marcador, con el Bayern obligado a marcar cinco goles más. Enfrente no estaba el Oporto. Así que marcó un par más, un golpe de orgullo, una prueba de que era un mal enemigo y que, de no ser por los 13 minutos de furia del Camp Nou, por el genio de Messi (el Allianz aplaudió cada balón que le robaron y en el último suspiro le pasó el gol a un metro por el mal pase de Neymar), anoche habría vivido un infierno. Ni estando muerto, el Bayern quiso morir.

Pero nadie está más vivo que el Barça. Nadie tiene tanto que celebrar. Londres, París, Roma, Londres y, ahora, Berlín. Un camino perfecto La quinta orejuda aguarda al equipo del siglo XXI y al mejor de siempre. Al Barça y a Leo Messi.