Ir a contenido

Análisis

Una mujer de palabra

Gerardo Prieto

El pasado 18 de noviembre, tomaba el segundo té con leche de la mañana con Florence Kiplagat en su casa de Itén. Tras su par de récords mundiales en  Barcelona en el 2014, la extraordinaria atleta keniana me había invitado a visitarla para celebrar su hazaña y de paso conocer a su familia, a sus dos hijas Faith y Shasa. Mi safari tenía como objetivo invitarla de nuevo a participar en la

eDreams Mitja Marató de Barcelona. Me acompañaba mi hija Paula, y antes de acabar la infusión me comentó que parecía un poco nervioso. Lo estaba. Quería preguntarle a la doble plusmarquista mundial si se veía capaz de mejorar de nuevo sus increíbles registros. Siempre he pensado y he tenido presente que los atletas de élite no son máquinas, aunque lo parezca, y exigirles cada vez más y más me cuesta un triunfo. Lo reconozco, para eso soy un blandengue. Al servirnos la tercera infusión, aproveché el momento y lo solté: «¿Volverás a Barcelona para mejorar tus récords?» «Para intentarlo, al menos», añadí, por suavizar mi pregunta. «Te lo prometo», me contestó.

Durante los cuatro días que ha pasado esta semana Florence en Barcelona, antes de su inédito récord de récords, no mencionamos ni una sola vez aquella conversación tan comprometedora. Ni siquiera cuando su entrenador, Renato Cánova, me comentó la víspera que su atleta estaba preparando a fondo el maratón de Londres y que él se daba por contento si esta vez su pupila bajaba de los 66 minutos y superaba la mejor marca mundial del año (66.04) que su gran rival Mary Keytani acababa de realizar, el pasado viernes, en el medio maratón REK de los Emiratos Árabes. Para un atleta keniano, ganar el maratón en la capital de su excolonia es lo más, me atrevería a decir que prestigia tanto como ser campeón olímpico. Entendí perfectamente que su objetivo era Londres y que esta vez los récords pasaban, en su escala de valores, a un segundo plano.

Pero algo me decía que Florence no se iba a conformar con cualquier cosa, y cuando el sábado por la tarde se cambió su espectacular peinado y se soltó la melena me pareció que la leona estaba dispuesta para cazar, al menos, una de sus plusmarcas mundiales. Al final se cobró tres piezas, tres plusmarcas de una tacada, una hazaña inédita en toda la historia del atletismo. Cuando me acerqué para felicitarla, me respondió con la misma frase que había utilizado hace unos meses, mientras me invitaba a degustar el tercer chai de la mañana, pero en pasado: «Te lo había prometido».