UNA EFEMÉRIDE ESPECIAL

Tregua de Navidad

El mundo del fútbol rinde homenaje al partido que soldados aliados y alemanes jugaron hace 100 años en medio de la Primera Guerra Mundial

Recreación del partido del armisticio, realizada en el 2008 en Dale Barracks. / AP / LEFTERIS PITARAKIS

Recreación del partido del armisticio, realizada en el 2008 en Dale  Barracks.
Los equipos del ejército británico y alemán, antes del amistoso del miércoles.
Monumento conmemorativo inaugurado el pasado día 11 en Bélgica.

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DAVID TORRAS / BARCELONA

Nadie sabe muy bien cómo ocurrió, cuál fue la primera señal, quién fue el primero que levantó la cabeza y miró al frente jugándose el pellejo, y salió de la trinchera, y echó a caminar hacia el otro lado, con los brazos abiertos. Un gesto de paz en medio de un escenario lleno de muerte; los cuerpos desparramados, la tierra hundida por las bombas, un devastado paisaje lunar, el retrato de una de las peores barbaries de la humanidad: la Primera Guerra Mundial.

Nadie sabe muy bien si esa figura era la de un soldado alemán, sujetando un árbol de navidad y una bandera blanca, como cuentan algunas crónicas, avanzando hacia las posiciones aliadas en una escena que 100 años después el mundo recuerda con emoción, pero incapaz de ponerse en la piel de quienes vivieron aquel 25 de diciembre de 1914, los soldados que, sin saberlo, iban a escribir uno de los pocos episodios que vale la pena recordar de una guerra: la tregua de Navidad.

Aquel encuentro entre los dos ejércitos, en el frente belga, muy cerca del pueblo de Ypres, empezó a gestarse la noche antes, en las mismas trincheras, cuando desde el lado británico escucharon un sonido que les costó identificar. Una voz que fue creciendo hasta convertirse en un coro, y que inicialmente interpretaron como una estrategia de distracción. Pero no, era una canción, cuya melodía enseguida reconocieron: 'Stille Nacht' (Noche de Paz), que unos y otros acabaron entonando a coro, en una singular mezcla de idiomas, a la que siguieron otros cánticos,

Alto el fuego

Fue el inicio de una noche de confraternización, un improvisado alto el fuego que se prolongó varios días y que dejó imágenes imborrables entre quienes llevaban cinco meses de guerra y a los que habían prometido que todo acabaría pronto y que pasarían las navidades en casa. Soldados estrechándose la mano, intercambiando tabaco, bebidas, mostrando las fotos de su familia, haciendo esfuerzos por entenderse después de haber estado días y días matándose unos a otros, y queriendo creer, ingenuamente, que después de esto no tendrían que volver a hacerlo.

Y en medio de aquella tregua, nadie sabe muy bien cómo tampoco, apareció una pelota. O dos. O muchas a lo largo de esas interminables líneas de trincheras, porque hay unos cuantos testimonios de partidos improvisados sobre el barro. Pero hubo por lo menos uno, muy especial, un simbólico balón que 100 años después sigue rodando y que el mundo del fútbol ha querido recordar. Las crónicas coinciden en que salió del bando inglés y muchos la atribuyen a un soldado escocés, tal vez, un miembro del equipo de los Hearts para dar todavía más épica a un momento tan emotivo.

Dieciséis de sus jugadores corrieron a hacerse voluntarios para luchar en el frente. Siete de ellos perdieron la vida. Hace una semana, un grupo de jóvenes jugadores presentaron sus respetos a uno de aquellos héroes. Visitaron el cementerio de Dud Corner en Loos-en-Gohelle donde hay una placa recordando un nombre: James Speedie. Fue el primer miembro de los Hearts que se alistó. Murió en septiembre de 1915, a los 21 años, pero su cuerpo nunca fue encontrado. Ese grupo de jóvenes eran un equipo del Hearts, que han participado con representantes de otras academias de diferentes países en un torneo conmemorativo.

¿Victoria alemana?

«Había una multitud entre las trincheras. Alguien sacó una pequeña pelota, así que por supuesto empezó un partido de fútbol», escribió el teniente inglés del Regimiento de Cheshire Charles Brockbank en su diario, que forma parte de una exhibición en el Museo Nacional de Fútbol en Manchester. No hay detalles del partido, aunque a medio camino entre la leyenda y la ficción, Robert Graves y Ken Follet recrearon aquel episodio que, dicen, ganaron los alemanes (3-2)

La UEFA se ha volcado en la conmemoración, coincidiendo con los 100 años de la guerra. La semana pasada, Michel Platini y diversas personalidades de la política y del fútbol participaron en un acto de homenaje en Comines-Warneton (Bélgica) en el que se descubrió una escultura de recuerdo. «Estamos reunidos aquí para celebrar un momento de hermandad y amistad. Me resulta particularmente conmovedor imaginar a estos jóvenes hace 100 años encontrando un lenguaje común en el fútbol para expresar su fraternidad. El fútbol construyó un puente vital en una espontánea expresión de humanidad. Así que es normal que el fútbol europeo rinda un caluroso homenaje a todos los que aquella noche decidieron pensar en algo positivo y jugar al deporte que amaban».

Se han escuchado muchas voces recordando aquel episodio, que da al fútbol el valor que a menudo en estos tiempos queda en entredicho. «En el día de Navidad de hace 100 años, y con un espíritu de concordia, los hombres salieron de sus trincheras para compartir un momento de amistad. Pararon los disparos y los cañonazos. Fueron solo unas pocas horas, pero suficientes para que los jóvenes soldados franceses, ingleses, alemanes y belgas intercambiaran miradas y sonrisas y jugaran un improvisado partido de fútbol, olvidando sus armas y sus uniformes. No había franceses, ingleses, alemanes y belgas, solo hombres. Esta historia es el mejor tributo que se le puede hacer al deporte y al fútbol».

Actos en Inglaterra

Son palabras de François Hollande, presidente de Francia, a las que también correspondió el primer ministro del Reino Unido, David Cameron. «La Primera Guerra Mundial cambió nuestro mundo hace 100 años. Todas las guerras son crueles, pero esta fue distinta a todas. La muerte y el sufrimiento alcanzaron cotas nunca vistas en otros conflictos. Y hubo un único momento en el que los cañones se silenciaron y el fútbol unió a la gente en este extraño partido. Es el momento de que la familia del fútbol europeo recuerde y celebre la paz que ahora tenemos».

«Fútbol, fútbol en tierra de nadie, por el amor de Dios. ¿Puedes creerlo? No es el mejor campo, pero tenemos dos porterías, una pelota y dos equipos. ¿Qué más necesitamos?». Paul Breitner es quien recrea este momento, extraído de las cartas de los soldados, en el emotivo vídeo que ha hecho la UEFA, con imágenes de un cementerio de la zona. «Debajo de los uniformes todos somos iguales…», proclama sir Bobby Charlton. «Es una gran sensación -añade- y un orgullo imaginar que, en una situación absolutamente devastadora como la guerra, dos ejércitos se unieran en el centro del campo de batalla a través del fútbol para decir que aquella guerra era una vergüenza y que no debía estar sucediendo».

Philip Lahm también relata aquella escena a través del diario de un combatiente alemán. «No es fácil jugar sobre el suelo helado, pero seguimos jugando. No tenemos árbitro. No lo necesitamos». «Es el día de Navidad y los alemanes nos han dicho que no quieren disparar más. Están cansados de la guerra. Me han dado una cajetilla de cigarrillos», cuenta el portero francés Hugo Lloris. «Si no lo veo con mis ojos no lo creo, parece un sueño», dice Bale. Y junto a ellos, DeschampsSchweinsteigerRooney…, todos poniendo voz a las crónicas de los jóvenes soldados.

Gran símbolo

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La federación Inglesa (FA) ha convertido este aniversario en un gran símbolo, creando incluso un hashtag (#Footballremembers) en el que equipos de todas la categorías y edades han colgado fotos mixtas con el rival, evocando la camaradería de aquel partido. El miércoles, en  Aldershot, al sur de Inglaterra, una de las bases del ejercito británico, se disputó un partido muy especial con dos equipos formados por soldados ingleses y alemanes. Antes de jugar, se cantó Noche de Paz en los dos idiomas, acompañados por las voces de más de 2.500 espectadores, la mayoría miembros de la 'Army'. Ganaron los ingleses (1-0).

Pero la tregua de Navidad no cambió el rumbo de la guerra. Al contrario. Los mandos de uno y otro bando reaccionaron de mala manera. Al enemigo, ni agua. Confiscaron fotografías, cartas, cualquier testimonio de la tregua y hubo incluso fusilamientos, sobre todo entre el ejército francés. La guerra continuó cuatro años más. Pero el gesto ha perdurado en la memoria y, hoy, un siglo después, el mundo rinde homenaje al partido en tierra de nadie.