29 mar 2020

Ir a contenido

LA VIOLENCIA VUELVE A ENSUCIAR LA IMAGEN DE LA LIGA ESPAÑOLA

La muerte golpea otra vez al fútbol

Un aficionado del Depor pierde la vida tras una reyerta cerca del Calderón

El seguidor deportivista fue apaleado y arrojado al río por ultras rojiblancos

CARLOS F. MARCOTE / MADRID

La reyerta ocurrida en las proximidades del Vicente Calderón y que acabó con la vida de Jimmy. / ATLAS

Han pasado 14 años y no ha cambiado nada. A nueve días de sumar el 14º aniversario de la muerte de un seguidor de la Real Sociedad, Aitor Zabaleta, apuñalado en las cercanías del Vicente Calderón por Ricardo Guerra, un ultra del Frente Atlético, el fútbol español ha tenido que llorar el fallecimiento de otro aficionado justo al lado del estadio rojiblanco, como entonces. Francisco Javier Romero Taboada, 'Jimmy', de 43 años, natural de A Coruña, casado y padre de una joven de 19 años y un niño de 4, y miembro de la facción Los Suaves, de ideología ultraizquierdista y una de las más radicales de los Riazor Blues, murió este domingo en el Hospital Clínico de Madrid tras ser apaleado y arrojado al río Manzanares por ultras rojiblancos. Ambos grupos se habían citado vía WhatsApp con varios días de antelación para una pelea masiva sin que la policía se enterase. La Comisión Nacional contra la Violencia en el Deporte había declarado el encuentro de "bajo riesgo".

Los sucesos tuvieron lugar tres horas antes del inicio del partido entre el Atlético y el Deportivo, que se desarrolló con normalidad mientras 'Jimmy' agonizaba en el hospital sin que nadie, ni clubs ni Liga de Fútbol Profesional (LFP) ni Federación Española de Fútbol (RFEF), hubiera dado el paso de suspenderlo. El aficionado deportivista tuvo que ser rescatado por los bomberos después de permanecer más de diez minutos en el río tras haber estado en una cornisa por encima del nivel del agua. La víctima, con traumatismo craneoencefálico e hipotermia, entró en parada cardiorrespiratoria antes de llegar al hospital y, finalmente, no pudo ser reanimado y falleció sobre las tres de la tarde.

Fueron detenidas 24 personas y otras 200 identificadas. Por la tarde continuaban retenidos dos autobuses en Madrid a la espera de identificar a sus ocupantes, que presuntamente intervinieron en la reyerta. En principio, unos 50 radicales rojiblancos esperaron la llegada de los aficionados del Deportivo en las inmediaciones de la zona conocida como Madrid Río cercana a las calles San Rufo, Virgen del Puerto y Ermita del Santo y finalmente unos 200 individuos participaron en la pelea masiva. Al margen del fallecido, 11 personas resultaron heridas, tres de ellas por arma blanca y otras tres con heridas incisocontusas en la cabeza. Una policía sufrió una fractura en una falange.

POLICÍA AUSENTE

Empleados de los bares y tenderetes cercanos vieron con sorpresa cómo numerosos seguidores radicales del Atlético se congregaban en varios puntos antes de las nueve de la mañana pertrechados con todo tipo de objetos contundentes. Después se dirigieron al lugar donde tenían previsto aparcar los autocares de los Riazor Blues. La pelea no tardó en desencadenarse, sin que la policía hiciera acto de presencia de forma inmediata, como se comprobó en distintos vídeos particulares difundidos poco después.

Durante el partido, varios centenares de seguidores del Depor que entraron en el estadio protegidos por las fuerzas de seguridad gritaron en varias ocasiones "asesinos, asesinos", mientras que desde el fondo que ocupa el Frente Atlético se intentaba acallarles con cánticos de ánimo al cuadro rojiblanco que no fueron secundados por el resto de aficionados locales, que en buena medida pitaron con fuerza.

PASIVIDAD FEDERATIVA

El encuentro se jugó porque nadie tomó conciencia de la gravedad de lo sucedido. La LFP comunicó que contaba con el apoyo de los clubs para suspenderlo, pero que no fue posible al no poder entrar en contacto con ningún miembro de la federación. De hecho, la RFEF tardó varias horas en dar señales de vida. Hasta cerca de la cuatro de la tarde no hizo pública un nota en la que condenaba lo sucedido y se ponía a disposición de todos los afectados. Al mismo tiempo, su secretario general, Jorge Pérez, aclaraba que no se enteró de lo ocurrido hasta unos minutos antes del inicio el choque por lo que consideraron que, con casi todos los aficionados en el estadio, no era conveniente proceder a la suspensión, al margen de que el coordinador policial de seguridad no lo pidió tampoco. "Al estar el recinto lleno y quedar muy poco tiempo, por motivos de seguridad y de orden público se consideró que podía ser contraproducente suspenderlo", declaró Pérez. La Comisión contra la Violencia ha convocado para este lunes a las diez de la mañana una reunión de urgencia en la sede del CSD para analizar lo sucedido.

Temas Fútbol