MIRADA A LOS PRIMEROS DÍAS DEL BOXEO EN CATALUNYA

Los héroes de los años 20

Emilio Gil, ’Blind’, a la izquierda, campeón del peso ligero entre 1921 y 1923. Al lado, foto promocional de Ángel Tejeiro,

Emilio Gil, ’Blind’, a la izquierda, campeón del peso ligero entre 1921 y 1923. Al lado, foto promocional de Ángel Tejeiro,

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RICARDO TEJEIRO

Fue en un mes de diciembre de hace casi un siglo -corría 1922- cuando el ripollés Joaquín Valls venció a los puntos en 12 rounds al barcelonés Pere Sáez y se hizo con el título de España del peso wélter. Era el primer acto organizado por la Federación Española de Boxeo, constituida en Barcelona a partir de la antigua Federación Española de Deportes de Defensa. La sala era el Iris Park, un teatrito de variedades de la calle de València en cuya pista de patinaje se instalaba el ring, y el público, que abarrotaba el local, aún estaba impresionado por la facilidad con que, en los preliminares, el joven Josep Gironès había tumbado a Brown para la cuenta. Claro que no sabían que años más tarde el crack de Gràcia se convertiría en el indiscutible campeón de Europa del peso pluma, tanto que, cuando dejó de combatir en enero del 34, pasaron 14 meses antes de que nadie reclamase el título.

Para muchos, la época dorada del boxeo nacional fueron los años 60 y 70, con Pedro Carrasco, Urtain y José Legrá, y con el Price como epicentro. Puede ser. Pero para Barcelona la verdadera edad de oro fueron los años 20 y los inicios de los 30, cuando la ciudad acaparaba las principales salas -el Iris Park, la Bohemia, el Frontón Condal, el Mundial Sport, el Olympia-, los clubs más grandes -el Barcelona Boxing Club, el Sporting BC, el Catalunya Athletic Club-, las principales organizaciones, los empresarios de éxito... Entre los boxeadores que acapararon los títulos de Europa había catalanes como Gironès, el maravilloso peso mosca Víctor Ferrand o el gallo Carles Flix, pero no menos grandes eran el madrileño Antonio Ruiz, el hispanoargentino Luis Rayo o el valenciano Martínez de Alfara. Tampoco era catalán Paulino Uzcudun, campeón de Europeo ante Erminio Spalla en una plaza Monumental a rebosar.

Solo el fútbol hacía sombra al boxeo en aquellas primeras décadas del siglo pasado. Una caravana de automóviles y más de 500 ciclistas recogieron a Hilario Martínez el día que volvió de Nueva York. La pelea de Ricardo Alis por el título de Europa de los wélters logró que el campo de Les Corts colgase el no hay billetes. Lástima que los 20.000 asistentes tuvieran que ver su derrota a los puntos ante el magnífico belga Piet Hobin... ¡en 20 asaltos! Ávido, el público consumía las noticias que hablaban de los éxitos del creciente número de púgiles que marchaban a hacer las Américas: Alís, Ferrand, Paulino e Hilario, pero también Ángel Tejeiro, convertido en el ídolo de los aficionados de Florida, Ignacio Ara, popular en La Habana, Martínez Fort, Manuel González, Martín Oroz...

La preponderancia de Barcelona fue siendo progresivamente retada por Madrid y Valencia, y a principios de los 30 ya se anticipaba un cambio de época. Los clubs se multiplicaron en esas dos ciudades, pero también en otras del Levante y el Cantábrico, las veladas se profesionalizaron y pronto el campeón de Catalunya dejó de ser considerado el número dos de su categoría, solo por detrás del campeón de España. Los campeonatos nacionales de aficionados de 1926 se celebraron ya en Alicante, y fue en la plaza de toros de Valencia donde el peso gallo Baltasar Berenguer, Sangchili, venció al panameño Alf Brown en 1935 y se convirtió en el primer boxeador español en proclamarse campeón del mundo.

No pregunten por Valls, Sáez, Hilario, Alís, Ara o Llorenç Vitriá en la federación. Tampoco por otros que, como ellos, fueron campeones de España con entrenamiento, sufrimiento y valentía: Luis Vallespín, Manuel González, Young Ciclone, Jim Moran, Francisco Ros... Los archivos ardieron en el 39 poco antes de que las tropas africanas entrasen en Barcelona, probablemente a manos de los  boxeadores, que durante la república se habían constituido en sindicato.

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El apoyo a la causa republicana de la mayoría de los púgiles catalanes -muchos cambiaron el ring por las trincheras- condujo al régimen de Franco a una campaña de intoxicación y olvido. Gironès murió en el exilio en México; Sáez, en Rusia; Ferrand, en Francia; Francisco Ros y Llorenç Vitriá, en campos de concentración nazis. Carles Flix fue fusilado en el Camp de la Bota y enterrado en Montjuïc en una fosa común.

Ya va siendo hora de que la federación decida tirar de hemeroteca y recupere la memoria -también histórica- de estos bravos deportistas.