UN ARTÍCULO QUE MARCÓ UNA ÉPOCA

El gol de Manolo

El hombre que definió al Barça como el «ejército de un país desarmado» firmó, en 1969 en `Triunfo¿, una radiografía perfecta del barcelonismo en la dictadura

El Barça de las Cinco Copas posa en la foto de campeón de la Liga 1952-1953.

El Barça de las Cinco Copas posa en la foto de campeón de la Liga 1952-1953. / PÉREZ DE ROZAS

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'Barça! Barça! Barça!' es el artículo más célebre de los muchos que Manuel Vázquez Montalbán dedicó a una de sus mayores debilidades. Si ayer se cumplieron 10 años del fallecimiento de un periodista y escritor excepcional, el próximo viernes hará 44 años de una radiografía precisa y valiente del barcelonismo en plena dictadura franquista y que seguiría siendo, casi cuatro décadas después, muy representativa de aquello que Agustí Montal denominó «'més que un club'».

El afilado reportaje, más sabroso que una receta del detective Pepe Carvalho, empieza con la cita de otro presidente, Narcís de Carreras. «Debemos luchar contra todo y contra todos, porque somos los mejores y representamos lo que representamos».

«La fidelidad del público ha sido constante, porque el público era consciente de lo que representaba el club mucho antes de que esa conciencia la manifestara públicamente Narciso de Carresas. El público era consciente desde el primer momento que que fue necesario salvar los muebles del naufragio». Casi cuatro décadas antes de que el grito de 'independència' se instalara en el minuto 17.14 de cada partido en el Camp Nou, Montalbán ya señalaba que las cuatro barras del escudo eran las que diferenciaban a la grada culé de cualquier otra. «En los ojales de muchas de estas personas que avanzan hacia el Nou Camp hay un escudo con cuatro barras rojas sobre fondo amarillo. ¿A que esto no lo han visto en otros campos de España?».

Para el novelista, el Barça era el puente que conectaba a los aficionados con el más allá. «El equipo del Club de Fútbol Barcelona, del Barça, también actúa como médium», aseguraba. «El médium establece contacto nada más y nada menos que con la propia historia del pueblo catalán. Es el Barça la única institución legal que une al hombre de la calle con la Catalunya que pudo haber sido y no fue. Y con ese medium mantiene una relación ambivalente de amor y rechazo, de fanatismo y crítica despiadada, aunque una y otra vez vuelva, domingo tras domingo, al Nou Camp».

Una historia marcada por las derrotas que ha llevado al espectador a privilegiar el espíritu de lucha por encima del talento. «Este público admira más las buenas intenciones que los logros, y es muy capaz de redimir  las torpezas bien intencionadas de Zaldúa, pero no la pelota que perdía Suárez por no correr o al menos por no hacer el amago de correr».

El autor de 'El delantero centro fue asesinado al atardecer' diferencia a los 'tribuneros' del resto de espectadores. «Hay dos sectores bien delimitados y definidos: el público de tribuna, correcto, adinerado a secas o muy adinerado, educado en la parsimonia contemplativa de un partido de tenis, y el público del resto del campo, cáustico, agresivo, emocionado, básicamente popular».

Para él, el fundador del club era símbolo de la identificación de los inmigrantes con el país. «Gamper es uno de los mitos de la Catalunya actual, no tanto por haber fundado el Barça como representar como nadie la estampa del inmigrado que se arraiga en lo más hondo del país (...) Este es un país lleno de trampas sentimentales, en las que cayó Juan Gamper, cuya catalanidad nadie podía discutir ya en los años veinte». El articulista destacaba la curiosidad de que en un club tan politizado como el Barça la etapa de máxima politización del país (1931-1939) señalaba el descenso de socios activos de 9.000 en 1931 a 3.500 en 1939.

Montalbán, que falleció cuando empezó a girar el círculo virtuoso que dio al Barça tres Champions, consideraba en 1969 que «lo más grande serían las dos temporadas de las Cinco Copas, dirigido el equipo por Daucik y dirigido el festival futbolístico por el gran Ladislao». El poeta lamentaba que nadie le inmortalizara, como Alberti hizo con Platko (faltaban aún 11 años para que Serrat cantara a la delantera del Barça de las Cinco Copas en la canción 'Temps era temps'). «El Kubala de los años cincuenta hubiera merecido su Alberti. Pero los Alberti de la época estaban muy preocupados buscando los sinónimos de la palabra libertad», escribía un hombre encarcelado en 1962 por artículos críticos con el franquismo,

Ante los que consideraban que la dieta de pan y fútbol adormecía las conciencias políticas, les ponía el Barça como ejemplo subversivo. «Incluso en casos como el Barcelona el fútbol ha conseguido efectos completamente contrarios a los propósitos. Hay una irritabilidad a flor de piel en todo seguidor barcelonista. Una irritabilidad que se concreta de pronto en eczemas producidos, por ejemplo, por el caso Di Stéfano, por las declaraciones de Bernabéu sobre una supuesta Catalunya paradisíaca despoblada de catalanes (¿y repoblada por qué?)». El color blanco era (y es) lo único que alteraba a la grada. «En general, este es un público tolerante que no se ceba con el equipo visitante. Salvo una excepción, el Real Madrid. ¿Empecinamiento antimadrileño? Ni hablar. Es algo más profundo, que tampoco se circunscribe a una política actual y concreta sino que se remonta a una conciencia histórica de los males del centrismo. Desde que Fernández Florez dejara escrito que Catalunya es la única metropoli que desea independizarse de sus colonias, la frase ha tenido tiempo de llegar a la conciencia pública del resto de España».

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En esta línea hay que leer un par de las contundentes imágenes que  coronan un brillante y demoledor reportaje. La primera: un abuelo que se levanta en un Barça-Madrid gritando: 'Eso no es un equipo, eso es un Tercio!'. «Nos atreveríamos a decir que hay que eximirle de toda responsabilidad y que esta hay que colgarla sobre espaldas más anchas, las del Conde Duque de Olivares la primera», sentencia Montalbán.

La segunda, un milagro con el que metaforiza a un club y a un país. «Un buen día, en el transcurso de la final de Copa 1958, Barcelona-Madrid, cuando la victoria barcelonista se confirmaba, un joven sordomudo se levantó emocionado y gritó: 'Visca el Barça!'. No había hablado antes ni volvió a hablar después. Sospecho que los causantes fueron motivos que he dejado implícitos o explícitos en este reportaje. Motivos que también provocan el que un público tan sordomudo, tan voluntariamente sordomudo, grite de vez en cuando 'Barça, Barça, Barça!'».