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Benítez, un misterio de 45 años

La causa de la muerte del jugador uruguayo del Barça, ocurrida el 6 de abril de 1968, sigue siendo un enigma

El lateral azulgrana falleció la víspera del clásico liguero, dos días después que Luther King y uno antes que Jim Clark

SERGI LÓPEZ-EGEA
BARCELONA

Julio César Benítez era un muchachote fuerte, un pedazo de atleta, duro como una roca y uno de los animadores de la plantilla azulgrana que en la temporada 1967-1968 peleaba contra el Madrid y los 'contratiempos' por ganar la Liga. «¡Pasa la pelota, Eladio! Ya es nuestro el partido. Ganamos 2-0 y quedan cuatro minutos». Hace 45 años esa era, por la emoción, la única frase que podía pronunciar a los periodistas Eladio, un icono de la defensa culé y compañero de Benítez. Este, llegado en 1959 de Uruguay, fichado por el Valladolid y luego por el Zaragoza, recaló en el Barça en 1961 para convertirse al poco tiempo en uno de los jugadores más admirados en el Camp Nou. Hasta que el sábado 6 de abril de 1968 falleció en el Hospital de la Cruz Roja de Barcelona. Al día siguiente se disputaba un decisivo partido contra el Madrid, la última oportunidad azulgrana para ganar la Liga. El encuentro se aplazó 48 horas. «Jugamos muy afectados por la muerte de Benítez. Marqué de cabeza. Pero empatamos a uno y se fueron del Camp Nou con la Liga en el bolsillo», recuerda José Antonio Zaldúa.

Solo hay que imaginarse la escena para darse cuenta de la conmoción que supuso la muerte de Benítez. Todo el mundo pendiente del partido. Los futbolistas concentrados en el Hotel Rey Jaime I de Castelldefels. El Madrid, desplazado hasta Sant Andreu de Llavaneres. El sábado, los barcelonistas que compraron periódicos se sorprendieron con una noticia: «Benítez, gravísimo», tituló 'El Noticiero Universal'.

En aquellos tiempos, a diferencia de ahora, no había un ejército de periodistas siguiendo cada día los entrenamientos del Barça -«como máximo dos», afirma Zaldúa-. Las secciones de deportes de los diarios barceloneses hablaban por igual de hockey sobre patines, natación, mucho boxeo y hasta de pesca submarina. Por eso nadie se fijó en un detalle ocurrido en el entrenamiento del martes 2 de abril, cuando Benítez se dirigió al entrenador Salvador Artigas para explicarle que no se sentía bien. «Vete al médico», le dijo el técnico, y Benítez dejó la sesión. El doctor José Baxerías lo envió a guardar cama. Hoy semejante incidencia habría causado un revuelo mediático.

Por eso, hasta el sábado nadie prestó atención. También es cierto que Barcelona vivía conmocionada por el asesinato en Menfis del reverendo Martin Luther King (4 de abril de 1968) y emocionada por la negativa de Joan Manuel Serrat a cantar el 'La, la, la' en castellano en el Festival de Eurovisión, que se celebró horas después de morir Benítez con la victoria de la desconocida Massiel, que sustituyó al 'Noi del Poble Sec'.

Mejillones, sí; mejillones, no

El periodista Josep Maria Ducamp se encontró a Benítez «por casualidad» en la frontera de Andorra, «cuando los carabineros le ayudaban a colocar en el maletero del coche aquellos platos de Duralex que todos compraban en el Principado por aquella época». Benítez viajó a Andorra con un matrimonio amigo para pasar el fin de semana previo al clásico, puesto que la Liga se había parado, ya que el miércoles 3 de abril España, dirigida por Domingo Balmanya, jugaba en Wembley contra Inglaterra. «'Mira que urticaria me ha salido en el vientre'. Y se levantó la camisa. 'No sé si será de unos mejillones que comí'. Así me lo dijo Benítez en la frontera andorrana», cuenta Ducamp. El lateral estaba casado con una chica madrileña, Pilar Ruiz, que conoció en Zaragoza cuando jugaba a orillas del Ebro. La mujer negó hace unos meses al periodista Alfredo Relaño la versión de los mejillones contaminados, oficial en la época. «En Andorra no comimos mejillones».

La muerte por una lata de mejillones fue el argumento que corrió por Barcelona en 1968. ¿Cómo podía morir, así de repente, un atleta de 27 años? «Jovial, brusco, en momentos muy seco pero estimo a todas las personas», se describía el propio Benítez. 45 años después de su fallecimiento, la causa de su muerte sigue siendo un misterio. Incluso circuló la hipótesis de un envenenamiento.

«Ni envenenamiento, ni mejillones. Todos sabíamos que Benítez tenía el hígado muy mal. Con lo grandote y buena persona que era, no se cuidaba nada», explica Zaldúa. «Estaba sin defensas». Poco más les dijo el médico Baxerías a los jugadores del Barça al comunicarles el fallecimiento.

«La rapidez del cuadro ha impedido establecer la etiología de la muerte», rezó el parte médico. El viernes 26 de abril de 1968, una escueta nota en 'Tele/eXpres' decía: «Se desmiente que vaya a ser exhumado el cuerpo de Benítez para esclarecer la causa de su muerte. No habrá investigación». Los restos mortales del jugador reposaron en el nicho 5.098 del cementerio de Les Corts (desde donde se divisaba el Camp Nou) hasta hace cosa de un año, cuando un familiar los trasladó a otro destino.

La última frase

A las cuatro de la madrugada del sábado 6 de abril, Benítez, que el miércoles había experimentado una mejoría que hasta hizo pensar que jugaría el clásico, empeoró drásticamente, hasta el punto de que se llamó a un sacerdote para que le diera los últimos sacramentos. Benítez abrió los ojos y le dijo al cura: «Yo no he hecho nada, padre». Fue su última frase. Entró en coma. Fue conducido al hospital, a una habitación con bomba de oxígeno. Los directivos Sabaté, Baret, De la Rosa, Moreta, Casaus y Llaudet se desplazaron al centro, al igual que los exjugadores César, Vergés y Gracia.

A las cuatro de la tarde del sábado, murió. «Lo siento, lo siento muchísimo». Poco más pudo decir Gento, como portavoz madridista, cuando le comunicaron la noticia en Llavaneres. Toda la plantilla del Madrid acudió al sepelio. Di Stéfano envió una de las casi 100 coronas que rodearon el féretro instalado en el palco del Camp Nou. «Fue el sepelio de mayor fervor popular que se recuerda en Barcelona», se escribió. La imagen de su madre llorando ante la capilla ardiente partió el alma de los barcelonistas: «¡Ay, mi hijo! ¡Ay, mi amor! ¡Quisiste triunfar en España y a España se lo has dado todo!». Al día siguiente también murió en Alemania el campeón de F-1 Jim Clark al estrellar su bólido a 250 kilómetros por hora. Una semana dramática.

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